martes, 18 de diciembre de 2007
lunes, 3 de diciembre de 2007
Volando con el interné (segunda entrega)
internet.
1. amb. Red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras u ordenadores mediante un protocolo especial de comunicación.
ORTOGR. Escr. t. con may. inicial.
Bueno al parecer vuelvo a dormir y cagar en una casa conectada con las demás casas y cabezas de personas. Internet es una palabra que... bueno... ya saben.
Acabo de encontrar un borrador para un post que la verdad no me acuerdo haberlo escrito. Por la fecha (seis de agosto) es de Buenos Aires. Mirá lo que dice:
Hoy recibí una carta del Vaticano. De un amigo italiano que es espía del Vaticano y estuvo acá en Barcelona en una misión haciéndose pasar por un alumno de letras de treinta y tres años haciendo un Erasmus (intercambio universitario internacional) en Barcelona. Estuvo como tres o cuatro meses viviendo en casa. Y después se volvió a Italia y ahora me mandó la carta esta. Lo gracioso es que la carta no me la mandó por correo normal sino por
En este momento no hay nadie en casa. Lo quise así para que no os asustarais. Como veréis soy magia, es mi espíritu el que escribe esta carta, mi espíritu que quedó en su casa.
Es realmente cojonudo ver cómo se aprietan solas las teclas de la máquina, alguna vez os lo mostraré.
Les escribo para comentaros que estoy bien, ya estoy de vuelta en el Vaticano. Me hicieron una fiesta de bienvenida que estuvo super guay.
Ahora me quieren enviar en otra misión pero yo les dije que me quiero quedar un rato aquí porque tengo ganas de follar con las monjas y tomar un poco de la sangre de Cristo. La bebida no “bendecida” es un rollo, no coloca niente.
Anoche tuve un sueño y estabais todos allí. Pero también estaban todos los del Vaticano y no sé, ese sentimiento extraño de que se unen dos mundos; uno piensa que todo va a explotar. Hablando de explosiones; un chisme.
Acá en el Vaticano están preparando una guerra mundial pero los cabrones juegan con los trucos de magia y los milagros así que van a hacer que todo el mundo cague fuego. Será una pasada.
Lo de los milagros es todo verdad y podemos hacer cualquier cosa que queramos lo cual es muy divertido. Como esta carta que los va a dejar flipando, o ni se lo van a creer.
Bueno, ahora sí que me largo, están pasando Friends por la tele. Ese programa a veces me recuerda a nuestra vida juntos en Barcelona. Todos muy amigos y muy guays viviendo juntos.
Nos veremos en el Último Día (ya falta poco)
besitos en la cola,
G.
PD: En realidad sé castellano, me hacía el que no para poder escuchar sus conversaciones. Y también para irritaros un poco. ¡Sopencos!
Se nota que vivió con un argentino por algunos errores en la conjugación de la segunda persona de plural (que corregí) y también por algunas palabras o expresiones. Ah y Miguel es mi compañero de piso, no soy yo... yo no me cojo a taxi-boys, posta.
Es gracioso que haya mencionado ese sueño porque justo anoche yo tuve un sueño larguísimo en el que también se me unían los mundos en una fiesta rarísima, en donde estaba toda la gente que conocía; de Buenos Aires, de acá y también familiares de Filipinas. Era como un festival, y era en todos lados, en un momento estaba en la casa de Benja, en otro en la de mi primo en Cebú, y todos se conocían entre ellos. Y era como un parque temático y las atracciones eran como pequeños sueños. Me acuerdo de uno que te metías en como un cuarto de madera bien chiquito y de repente se abría el piso y tratabas de agarrarte de las paredes y no podías y te caías y era divertido. En ese me metí varias veces. Era consciente de que las atracciones eran sueños de verdad, entonces cuando me metía ahí sabía que estaba soñando. Pero después salía y ya no lo podía saber más, era la vida real; el festival este con toda la gente que conocía. Fue muy largo, cuando me sonó el despertador para ir a clase me volví a dormir porque no me lo podía perder.
Estuve todo el día cantando
On my first day back, my first day back in town
My first day, first day back in town.
The clouds up above, they were hummin our song
hummin, hummin our song.
My biggest fear is if i let you go
You'll come and get me in my sleep.
My biggest fear is if i let you go
You'll come and get me in my sleep.
Come and get me.
I set my course, sail away from shore
Steady, steady as she goes.
A crash in the night, two worlds collide
and when two worlds collide, no one survives,
No one survives.
And the reddest of reds, bluest of blues
The saddest of songs i sing for you
And my biggest fear is if i let you go
You'll come and get me in my sleep.
Come and get me,
Come and get me in my sleep.
lunes, 26 de noviembre de 2007
chiste que me invertebré
PRIMER ACTO: (copete) Un artista de vanguardias se murió congelado esta mañana en el norte de Groenlandia.
SEGUNDO ACTO: (copate con el link) Alguien Grosso hizo ésto en el Polo Norte. No se murió pero seguro se cagó de frío. Al re pedo.
S. TERCERO A. Cto.: Un cavernícola de vanguardias se gasta todos los ahorros de la hipoteca en pinturas para dedicarse al arte rupestre. Su mujer lo caga a piñas y lo echa de la cueva. Muere congelado.
¿Cómo se llama la obra? Dos noches con tu vieja (ya no es lo que era) No, mentira se llama así: Helarte por el arte.
este blog sufre lo mismo que sufren los precios de vivienda en Japón, Macaulay Culkin, la Real Academia Española, Occidente, y este blog de mierda.
Labels: humorística, Internet
lunes, 12 de noviembre de 2007
Cese, sede C. Rapidito para rompate the ice, (¿se escribe ice o eyes?)
CCC
o sé sé sé
o quizá seh seh seh
y sino tres cientos
primer ciento: El ciento por ciento. Hoy sentí que la tierra giraba al ciento por ciento.
Sinopsis: ocho amigos embriagados se pelean a muerte, música de fondo: CCCP (prodigiosa banda italiana. Escuchar.)
segundo ciento:
-¡Don Segundo, no consiento que me trate usted así!
-Calláte putita, ¿o me vas a decir que por dos cientos no me la chupás?
puntos suspensivos, quizá algún chiste de segunda sombra.
tercer ciento: Guión para peli de sci-fi recuperado entre los apuntes de la Poética de Aristóteles. Es el año tres cientos d.C., (CCC dC, eh... Números romanos, guys) la tierra es invadida por tres cientos niños-Jesús. Quieren leche de la teta de una virgen (jodido), galletas, y un poco de paz mundial. Trama paralela, un científico loco (protagonizado por Hugo Chávez), sospecha de una conspiración divina que se esconde detrás del número tres. Christus, Christus, Christus. Evidencias: Colón (protagonista del Peor Genocidio de la Historia de la Humanidad), tardó 33 días en llegar a América, el número pi empieza en 3, etc. Cantito popular en el interludio: Colón Colón (Colón) ¡Qué grande sos!
Labels: humorística, Prosa espontánea
miércoles, 8 de agosto de 2007
Cuando Sartre era chiquito no me odiaba tanto
Labels: Prosa espontánea
lunes, 4 de junio de 2007
Querido A.,
Querido Aitor;
Ahora me estoy muriendo de ese día. Ese día es como una enfermedad terminal, me muero de pena y de vergüenza por ese día, pena por haber derramado tu sangre, vergüenza por no acordarme quién soy. Mi cicatriz está en el lado derecho, ¿y la tuya? Intento banalmente y hasta el cansancio recordar quién era el de la cicatriz en el lado derecho. Pero entre el reflejo simétrico, la fiebre delirante y la euforia pasional, todo se ha entremezclado en una especie de nebulosa. Muy a mi pesar, Aitor, muy a mi pesar. Tengo pesadillas incluso cuando estoy despierto, o mi vida es un mal sueño. En un sueño el trazo es indefinido, la personalidad inconclusa, los hechos difusos. ¿Cómo llamar esto vigilia, si no consigo distinguir entre mí mismo y las demás personas? Pienso en cosas de la niñez, antes de aquel día, pero incluso entonces no desigualo. Confesaré que ni sé cuáles hechos son anteriores y cuáles posteriores; no faltan veces en las que sospecho que no sucedió una sola vez sino que muchas, algunas de verdad y otras soñadas. Incluso de momentos lo intuyo como un solo sueño que se repite, pero un sueño largo, continuado. Como si cuando dormimos entramos los dos juntos a aquel otro campo que es un laberinto de espejos; pero también una esfera de la realidad. O quizá sucedió en la placenta de nuestra madre, y es nuestra memoria la que lo repite y repite, dejándonos inseguros de por vida.
Ahora me estoy muriendo y es casi un alivio. Pero me asecha un miedo terrible porque quizá no acabe aquí, quizá la muerte sea un regreso eterno a ese lugar escalofriante en donde sólo existe el pánico y la cobardía, allí un acto de valentía no existe, la mera existencia involucra necesariamente el terror.
Ahora me estoy muriendo y hay una última sospecha y es que tú no existas, que haya sido yo sólo todo el rato, yo sólo que vivía reduplicándome en los espejos sin poder salir, y mutilándome de miedo, mutilándome frente al espejo queriendo crear una frontera más real entre mi reflejo y mi persona, queriendo que no sea todo igual, queriendo negar la simetría. Saber la verdad me llena los huesos de pánico y les dejo ese peso a nuestros hijos. Si es que tú realmente existes y tienes uno, al igual que cabe la posibilidad de que yo no tenga uno ni tampoco exista.
Ya sabrás que nunca te quise,
Leandro
La carta me dejó en un estado de desequilibrio que acariciaba el enloquecimiento. ¿Cómo reaccionar ante semejante testimonio? Pude averiguar que mi tío ya era muerto, y le envié la carta a mi primo, dentro de otra en la que le aclaraba lo sucedido. Pero me cuesta mucho encontrarle un final a esta historia. Cómo declarar, en un solo texto, la presencia de muchos otros textos. Cómo decirle al lector que mi tío era a la vez muerto y vivo, presente y ausente, histórico y ficticio; cómo dibujar un tío que es a la vez mi padre, dos gemelos que existen en simetría, uno el reflejo del otro, cada uno necesario para la existencia del hermano. Me gusta lo de las cicatrices porque le da el peso suficiente para que caiga a tierra. Una cicatriz que se lleva en el rostro de por vida, marca de existencia, de momentos vividos, las cicatrices son únicas. Pero si dos personas tienen la misma cicatriz, y se la hicieron en el mismo lugar, al mismo momento, ¿no son entonces la misma persona? ¿No se anima uno a pensar que es tan sólo el reflejo del otro? ¿Es tan inconcebible que uno se excluya del mundo real, para ponerse del otro lado del espejo? El personaje crea su propio mundo que es el que se mira con el nuestro en los espejos. Entonces se recluye imaginando que la barrera entre su mundo y el nuestro es la misma que existe entre el sueño y la vigilia, deja pasar su muerte con ansias de entenderlo mejor detrás de esa barrera; deja una carta para demostrar que estuvo. ¿Pero entonces qué?
Un saludo incierto,
A.
Le mando un saludo que son todos los saludos,
L.
El cuento permanece, pues, inconcluso. Esa prisión.
Firma,
M. A.
Labels: Cuentos
jueves, 3 de mayo de 2007
Carta a Miguel Ángel
Querido Miguel Ángel,
La verdad que no sé si vas a leer esta carta. Siempre tuve la duda de cuán real es escribirle una carta a una celebridad de la magnitud de la tuya. Lo natural es pensar que las cartas que te llegan diariamente son tantas que tenés habitaciones especiales en donde se va apilando la correspondencia de fanatismo, que vos a lo mejor alguna abrís o que te gustaría poder abrirlas todas. Claro que leer todas esas cartas en cajas desordenadas en la habitación de las cartas (supongo que la llamarás así) es imposible. Será que tenés gente que trabaja de eso. Gente que lee las cartas y hay una serie de pautas para clasificarlas entre cartas que se tiran, cartas que se guardan porque quizá en otro momento vendrán bien, cartas que a vos quizá te gustaría leer, otras que seguro que te van a interesar, y así. En tal caso no sé en qué sección de la jerarquía se encontrará la mía. Tampoco voy a decir que escribo con presión, como midiendo la cantidad de halagos y cosas interesantes, registros ingeniosos y algo de originalidad, para impresionar a tus mayordomos; no es así. Yo tengo algunas cosas para decirte y si lo leés o no lo leés, bueno la verdad que me da un poco igual. ¿O vas a negar que estás muerto? Estando muerto las probabilidades de que leas esto se reducen bastante. Según cómo lo mires, también. Qué se yo si cuando te morís agarrás y podés estar en todos los lugares en donde te nombran, escuchando todo lo que dicen de vos. Y podés leer todas las cartas que te escriben por más que éstas sean millones y las habitaciones de las cartas sean millones y vos igual podés leerlas todas e incluso contestarlas. Sin que se te pasen los días ni tengas que pensar en comer o de qué manera será mejor aprovechar a pleno tu corta vida.
Lo que pasa es que estoy sentado frente a una reproducción lastimosa de tu David. Supongo que te habrás dado cuenta de lo que pasó en el mundo con tu David. Creo que he visto más imágenes de tu David que de mi propio rostro. Tengo que confesar que yo no estaba demasiado impresionado al principio. Pero eso fue antes de estar cara a cara con la pieza real, en aquella gloriosa sala de la Galería de la Academia en Florencia. Poder apreciar la barbaridad de las proporciones, ser un espacio físico que comparte espacio físico con un objeto de mármol así. Es un objeto de mármol que a través de vos se manipuló de tal manera para que sea incómodamente parecido a un ser humano. Y me gusta poder estar planteado en una historia del arte que supuestamente fue evolucionando, tengo una mentalidad que arma su collage con un montón más de años, una mentalidad que entiende el Romanticismo, que vio un Basquiat. A la época en que viviste vos la llamamos Renacimiento, y a vos te tocó el italiano y está establecido que la hicieron muy bien. Unos bestias, vos y tus amigos. Pero claro, como persona moderna tengo que pensar que vos no entenderías el arte tal cual es hoy, que sos como un eslabón en el camino a un entendimiento más real de lo que es el arte. Que ustedes hicieron esa especie de “arte” para que nosotros podamos hacer arte de verdad. ¿Sabés lo que pienso yo? Yo creo que toda la historia del arte se encuentra en la piedra que sostiene tu David en la mano derecha, apoyada en el muslo. La verdad que nunca me había dado cuenta de que sostiene una piedra hasta que lo encontré en las tres dimensiones, haciendo lo que se puede hacer con un objeto de verdad y no con una fotografía. Dar la vuelta al David, mirando hacia arriba, fue como darme vuelta a mí mismo, esos trescientos sesenta grados característicos de un objeto y su vuelta. Sentí que David si quisiera podría ponerse unos pantalones y salir corriendo de esa sala llena de cámaras fotográficas y alarmas de seguridad, con nostalgia de aquellas épocas en la Plaza de la Señoría cuando sentía la lluvia y el sol sobre el cuerpo desnudo. Pero que no le interesa, que no le interesa moverse porque sabe que así está perfecto. Tus piezas son tus mejores aliados, Miguel Ángel, porque les gustó la posición en los que los pusiste, se sienten atractivos con esos pectorales y deducen el juego de tensiones y maravillas compositivas que vos entendiste demasiado bien. Lo de las tensiones es algo que también se pierde en las dos dimensiones. Hasta un niño podría mirar tu David y ver cómo esa mano derecha que sostiene la piedra, y no la zurda con la gomera, es tan claramente el centro de la obra. Porque compositivamente, todo el cuerpo y alma de tu David se arma alrededor de esa mano. La mano que sostiene la piedra es una mano hecha de piedra que sostiene una piedra hecha de piedra y no hay que saber nada más. Bueno, quizá haya que saber que a Goliat se lo mata con esa piedra pero no sé si eso es tan importante como saber que no hay otra cosa en tu David que esa mano. Las uñas que son de piedra, las líneas y nudillos de los dedos que también son de piedra. Pero yo estoy mirando una reproducción de treinta centímetros que ahora que lo miro por atrás ni siquiera tiene la piedra en la mano. Es más, la mano está tan descuidada y tan poco detallada que parece un garbanzo deforme y hasta tiene marcas del molde porque está hecho con un molde y es tan miserable. Me causa gracia cómo vemos esto y decimos que es el David. Me impresiona que veamos la similitud y entendamos que es una copia de tu David, y que no pensemos que es algún otro objeto diferente. Y ahora recuerdo aquella conversación que tuviste con Leonardo, fue una de las pocas charlas sinceras, amistosas y libres de prejuicios que tuviste con ese otro gran hombre. Vos hacía poco habías terminado la Capilla Sixtina y habías creado tal conmoción, tal alboroto, tal magnitud, que él te tuvo que decir que estuviste mal. Él te dijo que no deberías haber hecho algo tan perfecto, que no deberías haber pintado la anatomía humana tan precisamente porque ahora sólo queda descender. Superarlo es imposible, se ha hecho cumbre y sólo queda la barranca abajo. La gente ya había comenzado a hacer grotescas imitaciones, pinturas de personas con veinte o treinta pectorales y unos tríceps que podrían asaltar un banco. Vos entendiste muy bien lo que dijo pero no estarías de acuerdo. Me olvido si se lo dijiste o no, pero lo pensaste seguro. Vos al arte lo entendías mejor que él. Claro que en otras áreas él te superaba espaciosamente. Vos sabías que no existe tal cosa como hacer cumbre, y el tiempo te dio la razón. Hemos seguido escalando, hemos seguido dándole vueltas y vueltas a la cuestión. Espero que se refleje aquí que mi posición es ambigua. Yo no creo que tu arte por ser anterior a ahora sea peor, o sea más básico, o más simple, o más aburrido, sos realmente un magnífico artista; pero tampoco creo que viene al caso un David tan nefasto acá en el lobby del hotel. Y los miles que hay por el mundo. Y las fotografías. ¿Sabías que en frente de la Gallería de la Academia venden pins en donde todo el redondel lo abarcan los genitales de tu David? ¿Qué pensás de eso?
Pero yo te respeto mucho más por otra cosa. Lo que hace que te considere un contemporáneo mío, lo que hace que te hable con este registro descuidado y sincero, lo que hace que yo sepa que tu mente artista está en el mismo lugar que mi mente artista o la da Andy Warhol es la serie de los Prisioneros. Aquellas geniales piezas que no tuvieron la suerte o la desdicha de globalizarse con la expansión de otras obras tuyas. Sólo tuve la suerte o la desdicha de conocer a cuatro, los que están en la Galería de la Academia. Esas obras tuvieron el honor de que muchos piensen que son esculturas sin terminar, aquella rusticidad y aquellos espacios de bloque sin trabajar. Son hombres que luchan por liberarse de la piedra tanto en la esfera artística como en la esfera humana. Es magnífico presenciar esa lucha, hace casi quinientos años vos agarraste y te pusiste a sacarle pedacitos a un bloque de mármol, y mientras tallabas eras lo que se ha llamado siempre artista, y con esta mentalidad te pusiste a simular un cuerpo humano que todavía no se ha salido totalmente del bloque de mármol. No se ha cerrado el círculo de creación artística, falta un rostro, falta cerrar la espalda, falta terminar los pies. Entonces, vos retratás a unas personas que están atrapadas en bloques de mármol, y mientras retratás unas esculturas sin terminar de unas personas que están atrapadas en un bloque de mármol. Y así alargás por el otro lado el intento de cerrar el círculo de creación. Es un juego extremadamente ambicioso para una persona de tu época, Miguel Ángel, y esto es quizá lo central de esta carta. Quiero con vos anular el pasar del tiempo, la denominación de generaciones, hablar de Renacimiento, hablar de Expresionismo, me aburre tanto; entiendo que la línea temporal es progresiva pero no veo la necesidad de que la línea se trace hacia arriba, generamos una verticalidad que me aburre, porque la línea se puede trazar en horizontal y que entonces no sea tan difícil caminar al siglo pasado. ¿Para qué pensar que hiciste el David en otro momento cuando el David está acá ahora, en el lobby del hotel? ¿No estuvo el David acá por cinco siglos, eso no equivale a siempre? La creación artística en realidad nunca cierra el círculo, siempre es un intento de creación, una aproximación a algo allá en el horizonte que es muy bello y que llamamos arte. Siempre estamos retratando a gente aprisionada, porque de alguna manera el arte es una liberación para cuyo alcance siempre nos quedamos cortos. Estamos siempre a punto de agarrarlo, siempre a punto de tocar a los dioses como nos hiciste ver mirando para el techo en algún lugar del Vaticano.
Esta carta se ha transformado en un halago muy grotesco, esas últimas líneas no tienen pies ni cabeza y es frustrante porque lo que intento es justamente lo contrario. Intento decirte que yo estoy en el mismo plano que vos, Miguel Ángel. Sos un clásico, sí, pero eso no implica que no podamos mirarnos a los ojos en esta esfera artística que es de todos por igual, y que yo no te pueda decir lo miserable que es encontrar esta reproducción de tu David acá en el lobby del hotel. A este David no lo puedo mirar a los ojos en la esfera artística, y me da mucha pena de que exista, de que tu David tenga estos imitadores dando vueltas por el mundo, y que sentamos una frialdad tan lejana a lo que pudiste haber querido decir, a lo que significó para vos la creación artística.
Florencia, febrero del 2007
Continúo esta carta tras una larga interrupción. Luego de escribir esas últimas dos palabras, creación y artística, dejé la lapicera sobre el cuaderno y guardé las cosas. Te diré que no pensaba enviarla, me notaba fallando en la intención primera, y la verdad que dejé de pensar en el tema bastante rápido. Pero ahora, como bien verás en la fecha, tres años más tarde, me encuentro continuando el escrito que no sé por qué razón estaba entre mis cosas cuando me vine a Florencia. En una segunda lectura (con toda certeza, es la primera vez que releo esta carta, y ni siquiera escribiéndola volvía a leer lo que ya estaba escrito) no me parece tan mala como recordaba. Quizá sea exagerado el descuido del tono y registro, y esa última parte de tocar los dioses es indudablemente una cursilería grotesca y barata. Pero entiendo que las ideas que intentaba transmitir caben dentro de lo más o menos interesante. Ahora decido continuarla y te diré por qué. Todavía juzgaría que la carta no merece ser enviada de no ser por algo que me está pasando ahora. Estoy actualmente frente al David real, el tuyo. Estoy sentado en uno de los bancos de la esquina, en un día con pocos visitantes en el museo. Pero mirando a David, he notado un cambio repentino en su mirada, en su postura. Es muy sutil, no voy hiperbolizar esa mínima transformación en un movimiento del pie o un rascarse la espalda, hasta un guiñar de ojo sería excesivo. Un minúsculo movimiento, apenas perceptible, y seguramente no para todos. Pero yo lo he visto. David se ha movido. No podría centralizar todo el movimiento en un solo lugar del cuerpo, siquiera una zona. De pies a cabeza, cada centímetro de cutis empedrado se ha desplazado quizá microscópicamente, un sutilísimo escalofrío de cuerpo entero.
Sin embargo, estoy cerca de creer que éste ha sido un cambio trágico. Lo miro a los ojos a David pero ya no lo reconozco, la gente lo mira lo más normal pero yo lo estoy mirando a los ojos y él tampoco me reconoce a mí. Y no sé, Miguel Ángel, no sé si me estoy volviendo loco pero tu David es otro. Niego ahora el uso anterior del verbo desplazar porque no creo que se hayan desplazado las partículas sino que se han transformado. David ha sufrido una metamorfosis algo inexplicable que sólo puede indicar que algo muy extraño ha pasado. Intercambio miradas con David pero no es David, nuestra mirada no pasa por la esfera artística, no hay tal intercambio. Y he sufrido un morboso deja vú, porque siento exactamente lo mismo que he sentido cuando estaba frente a la reproducción de tu David en el lobby del hotel. Lo miro a David y no está el mundo artístico entre medio porque algo ha pasado. Ha habido alguna especie de metamorfosis conceptual porque David ya no es. Es una imitación. Estoy ahora muy seguro de esto, Miguel Ángel, David finalmente ha decido moverse, ha saltado al abismo de lo no artístico, se ha ido de esa zona, quizá para no volver. Y ahora estoy mirando con mucho cuidado la mano que sostiene la piedra y creo que puedo distinguir unas marcas como de un molde, cada vez lo distingo más. Es casi grotesco, y dándole la vuelta veo que la piedra sostenida en aquella mano ha desvanecido, como que no se distingue realmente si está empuñando o no algún objeto, y la reminiscencia al garbanzo nefasto del David anterior es espeluznante y la verdad que sólo puedo discernir un hecho claro de todo esto. Y es que David mismo se ha mezclado entre los impostores de sí mismo, ya no queda un original del David, por lo menos no aquí en la Galería de la Academia. Quizá en el lobby de aquel hotel se encuentra la pieza real, o en algún otro lugar igual de hiriente. Es muy triste lo que ha pasado porque entiendo que el cambio fue real. El equilibrio ya no es exacto, los bíceps no denotan lo que deberían y ni hablar de la expresión facial que ya no dice nada, es una expresión en blanco y sólo es cuestión de tiempo hasta que vuelva a ser un burdo bloque de mármol exhibido en este museo, conectado a un sistema de alarmas de seguridad. Se han conseguido infiltrar, Miguel Ángel, han conseguido burlar al sistema entero porque ahí está la reproducción, la farsa, y la gente lo mira lo más contento mientras ojean la guía de Florence para ver si dice de algún lugar en donde sirvan rica pasta porque esto de ver museos todo el día drena el cuerpo y qué linda escultura que hizo Michaelangelow. Pero eso no es tuyo, no están tus marcas, tus huellas, no está la firma de tu estaca y al final es tan simple. Es tan simple como una victoria de lo no artístico sobre lo artístico que es lo que se ve por todos lados y espero que leas esta carta porque quizá puedas hacer algo al respecto o al menos enterarte de este episodio tan triste.
Mis saludos más cordiales,
P.
jueves, 12 de abril de 2007
lunes, 9 de abril de 2007
Carta a Hernán
Estoy ahora en Lisboa. No sé si todavía te encuentras en Sevilla o ya te has marchado. Si te has movido a tu próximo paradero, espero que Hernán me haga el favor de reenviar esta correspondencia a la dirección adecuada. Antes de atacar el contenido vertebral de estos párrafos quiero disculparme por despachar la carta sin dirección de remitente, no dudo que entiendas perfectamente por qué me manejo de esta manera pero todavía creo correcto pedir perdón por ello.
Es curioso cómo nuestra vida ha sido una constante repetición de variables fijas, una recitación perenne del mismo abecedario, de los mismos diez números; subir una escalera, saltar al abismo, subir la misma escalar, saltar al mismo abismo. Porque nos repetimos Hernán, tú lo sabes muy bien. No negarás que ya te he mandado esta carta, la misma, desde dieciocho o cuarenta (he perdido la cuenta) lugares diferentes, siempre declarando que estoy en Lisboa, o en Oporto, o en Nueva York, o en Ohio, o en el D. F., o en Moscú; siempre cuestionando si seguirás en Sevilla, o en Cádiz, o en Girona, o en Toulouse, o en Casablanca, o en Jerusalén, o en el Cairo; siempre con la esperanza de que de no ser así Hernán pueda ser tan amable de enviar la carta a la dirección adecuada; siempre disculpándome por no facilitar una dirección postal, siempre tomando por sentado que tú entiendes las razones de tal precaución. Sí, tú sabes bien qué voy a decir ahora, lo sabes tan bien. Antes observé lo de la circular repetición de constantes, y tú sabías que lo haría; luego repetí los pasos rutinarios con los que desenvuelvo esta carta, siempre igual, siempre la misma carta, y eso también lo sabías ya. Y sabes qué es lo próximo. Voy a decir que estoy harto de huir, tan harto. Porque lo estoy, Hernán, estoy empachado de esta dulzura falsaria. Sí, fue dulce al principio, esta especie de juego que tenemos. Cuando tú estás en A, yo estoy en B, escribiendo la carta número 1. Luego me muevo a C, tú te mueves a B, y desde C te escribo la carta número 2. Claro que siempre están Hernán y Hernán, ellos también están participando. Yo lo sigo a Hernán, cuando yo estoy en B él está en C, y si me muevo a C el ya estará, indudablemente, en D. Y luego está Hernán, como de una manera paralela. Si nosotros nos movemos de A a B y de B a C, Hernán se mueve de A2 a B2, y de B2 a C2. A Hernán no lo vemos pero está ahí, mirando el tablero de juego, recibiendo y reenviando las cartas. Pero para todo esto recurro a la conjetura, no sé a ciencia cierta si tú te mueves o te quedas quieto. Si has estado todo este tiempo en Barcelona, sin moverte, recibiendo las cartas que reenvía Hernán. Sería como una inversión de los roles. Tú serías Hernán y Hernán serías tú, cuando antes era claramente al revés.
No disfruto, Hernán. Estoy muy lejos de disfrutar. Al principio, éramos muy jóvenes, me excitaba el misterio del juego. Me creía todo eso de caminar, de andar, de estar en movimiento. Fui tan ingenuo, me tardó tantos años entender que no me estoy desplazando. Estoy quieto, Hernán. El mundo se mueve debajo mío pero es tan fútil. Y de alguna manera extraño esos años ilusionados, cuando yo todavía tenía la esperanza de encontrar a Hernán. De que Hernán estaría allí, en la estación de Atocha, o en el aeropuerto de Heathrow, o en Ezeiza o Charles de Gaule, esperándome. Que me preguntaría qué tal el viaje, por qué tardé tanto. Yo le explicaría que pensaba que me estaría esperando en Berlín, no en Frankfurt, y en Katmandú, no en Berlín, y en Nueva Delhi, no en Katmandú, y en Estambul, no en Sydney, y en Lima, no en Sydney, y en Sydney, no en Manila. Sólo ahora creo que Hernán ni siquiera existe. Sólo ahora puedo decir que estoy persiguiendo a un Hernán dibujado en cartón, un Hernán que se quedó en Barcelona. Hernán estuvo siempre en Barcelona, y yo lo busqué en todos lados menos en su casa, que alguna vez fue la mía, y la tuya también. Todos hemos vivido ahí, Hernán, tú, Hernán, yo, etc. Pero no, seguro que Hernán no está ahí, en el tercero derecha sin ascensor de aquella torrecita Babélica del Raval. Seguro que me he fijado, y no lo encontré por ninguna parte. Siempre me fijo, todavía tengo llaves, sabes, y cada cinco minutos estoy abriendo la puerta, subiendo las escaleras; soy tan repetitivo. Abro la puerta, y me recuerda a tantas otras veces que abrí esa puerta, que subí esas escaleras. Abro la puerto y Hernán no está, tú a veces estás pero no me ves. No me dejo ver, porque no quiero verte, Hernán. Si algo habrás entendido en estos treinta años es que no quiero verte.
Cuando huyes tanto olvidas de qué huías, pero cada vez las cosas importan menos, ¿sabes? Ahora lo hago por rutina, porque es más fácil que quedarme en un lugar, dejar que me encuentres, que nos volvamos a unir. Eso sería rendirme, sería negar absolutamente a Hernán, decir abiertamente que no existe y que no voy a seguir buscándolo. Sería dejar de escribirte la misma carta, y si no escribo esta carta no sé qué hacer. Tú pensarías, al dejar de recibirla, que estoy muerto en algún rincón del mundo, y seguramente saldrías a buscarme. Saldrías de tu casa, sin siquiera llamar a tu jefe, sin siquiera apagar el horno o cerrar la puerta. Caminarías por la calle del Carme con ofuscada adrenalina, para coger el metro en Liceu y luego el primer tren que salga desde la estación de Sants. El primer tren y a cualquier lado. Porque piensas que quizá yo estoy en cualquier lado, quizá te estoy esperando en algún lugar. En el puerto, a las orillas de alguna costa, o en la estación de tren, o en la sección de Llegadas del aeropuerto. Sé que dejarías todo por mí, y quizá es eso lo que me aburre tanto. Hernán no dejaría nada por mí, ¿sabes? Eso es lo que me gusta de él. Él huye de mí para que yo lo encuentre. ¿Entiendes la diferencia? Yo no quiero que me encuentres, por eso huyo. Y huyo porque tú me quieres encontrar. Yo lo quiero encontrar a Hernán pero mientras huyo de ti -y no quiero que pienses que te uso como pretexto, tú eres tan importante para mí como Hernán-. Quizá si fueras más como Hernán, dejarías de buscarme, de perseguirme. Entonces a lo mejor dejaría de seguir los pasos de Hernán y haría la marcha atrás, para encontrarte a ti, para decirte que dejemos de huir, que Barcelona era el lugar perfecto, que el piso del Raval no era tan malo después de todo. Pero tú no puedes hacer eso, ambos lo sabemos. Tú estarás siempre persiguiéndome. Y es tan frustrante. Porque en algún punto te entiendo. Después de todo yo también estoy buscando a Hernán, de una cuidad a otra, de esa a otra distinta y así.
Siempre me he preguntado, y esto tú lo sabes, si Hernán lee estas cartas que te escribo antes de reenviarlas a la dirección correcta. Porque Hernán es el que menos conozco de todos vosotros, sé que si tú fueras Hernán abrirías la carta sin dudarlo. Sin siquiera pensar que no te incumbe, que la carta no está escrita para ti, que tu nombre no sale en el sobre. Sé que si Hernán fuera Hernán no se animaría a abrirla, y no por miedo a obrar de mala manera, sólo porque no le interesaría. Hernán es una persona que respeta sin límites la privacidad de los demás. Hernán cogería la carta y la llevaría de nuevo a los correos para reenviarla adonde estés tú, sin siquiera preguntarse qué podría decir ni llevarla a la luz para ver si la transparencia delata alguna pista. Pero con Hernán, ese hombre misterioso, no puedo hacer tales afirmaciones. Quizá lo estás leyendo, Hernán. Quizá anhelas con tal fervor que esta carta esté escrita para ti, que sea tu nombre el que se encuentra en el sobre, con mi caligrafía de fugitivo. O a lo mejor realmente piensas que es para ti. Que al final siempre fueron para ti estas cartas. Y las esperas ansioso a diario, jugando a adivinar de dónde te escribiré esta vez. Y las cartas llegan y tú las abres y las lees. Siempre la misma carta pero a ti no te importa, con saber que estoy aquí afuera escribiéndote constantemente te basta. Sin tratar de reinventar las situaciones o de contarte algo nuevo. Pero no te molesta eso. Lo que es más, te gusta. Te encanta saber exactamente qué diré y qué esconderé. Y te imaginas que tú eres Hernán. Que a ti te estoy siguiendo por el mundo. Yo siempre un paso atrás en el tablero, mientras tú estás ahí en Barcelona yo estoy buscándote por todos lados. Entonces eres tú el que se queda quieto en un lugar mientras el mundo se mueve por debajo. Porque entiendes que la ilusión de movimiento es lo mismo que el movimiento, y que la ilusión de ser Hernán, de que yo te esté buscando, es lo mismo que ser Hernán. Y que la ilusión de ser Hernán, de que yo esté huyendo de ti, escribiéndote cartas desde mil lugares diferentes, bueno, sabes que es lo mismo. Es algo que me gusta mucho de ti, que entiendes ese tipo de cosas. Entiendes que esta carta es una ilusión. No como Hernán. Hernán cree que me está buscando, que cada vez falta menos, y cree que todo es real, que quizá en el próximo destino estaré yo, con un cartel que diga “Hernán” en grandes letras negras; porque la gente que espera a otra gente en los aeropuertos es tanta que Hernán cree que yo tomaría tales precauciones para reducir las posibilidades de un desencuentro.
Pero, ¿sabes qué? Yo no creo que lo estés leyendo, Hernán. Creo que eres más como Hernán, y que entiendes perfectamente que esta carta no es para ti. Sabes que lo único que tienes que hacer es llevarla a los correos y enviársela a Hernán. No te importa lo que dice aquí dentro, y además sabes que siempre dice lo mismo. Eres un hombre muy inteligente, Hernán, y supiste desde el primer día que esta carta es siempre la misma. Pero sabes que tienes el deber de reenviarla y lo haces siempre. La verdad es que te respeto mucho, Hernán, e incluso muchas veces quise que seas tú al que yo estoy buscando. O que seas tú el que me busca a mí. Si fueras tú el que me busca a mí, por lo menos habría algo de magia en el juego, porque Hernán es tan aburrido, tan predecible. Sí, es tan predecible y estúpido que huir de él es absurdamente fácil. Lo único que tengo que hacer es escribir estas cartas, y él automáticamente piensa que estoy huyendo, que él me está buscando, que yo lo estoy buscando a Hernán. Parecería que es la única persona que no ha crecido, que no ha aprendido nada de todo esto. Él espera estas cartas pensando que esta vez será diferente, por más que siempre le digo al principio de la carta que es la misma de siempre, la misma carta en el mismo sobre, con las mismas palabras y el mismo olor. Pero él sigue pensando que las cosas son reales, que el tiempo hace cambiar las cosas, que cuando uno se mueve de Santiago de Chile a Montevideo realmente se está moviendo. Pero tú y yo sabemos que es toda una farsa. Que yo estoy aquí en Barcelona escribiéndole a Hernán estas cartas, esperando que tú me hagas el favor de reenviarlas al lugar correcto. Pero ni tú sabes cuál es el lugar correcto, y si lo sabes es siempre el mismo. Es el tercero derecha de un edificio sin ascensor que tiene lo mismo de grande que de pequeño, y ese edificio se encuentra en Ámsterdam y en San Francisco y en Toronto y en Laos y en Kingston y al final por más que digan que el mundo es muy grande sabes que encontrar a una persona es tan simple como girar la cabeza para algún lado, tan simple como eso. Encontrar una persona es tan simple pero sin embargo estoy huyendo hace tanto tiempo que no entiendo porque no me encuentran ya, antes de que me encuentren pero muerto como un perro muerto en alguna esquina sucia, me morí en camino a los correos para enviar esa última carta, la que inevitablemente será diferente a las demás, sólo por ser la última; la carta en la que finalmente escribí la dirección de remitente, porque me cansé de huir y porque Hernán no existe, a Hernán me lo imaginé desde un principio sólo como pretexto para mantenerme en movimiento, quería anular esa rutina Barcelonesa sin saber que todo es rutina y que al fin y al cabo las rutinas son todas iguales, que esta carta es la misma carta de siempre, que lo mismo da Buenos Aires que Sudáfrica, Marrakesh que Auckland, Nepal que Madrid, A que B, 1 que 2, Yo que tú, Hernán que yo, Hernán que Hernán, Hernán que tú, Hernán que Hernán, Hernán que Hernán.
Te mando el mismo abrazo de siempre,
Hernán
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lunes, 2 de abril de 2007
Seis cosas que me parecen interesantes y una traducción castellano-latina que me parece graciosa
2. Sinuoso: por más que tenga sólo dos eses parece que tenga mil o un millón. Los caminos sinuosos recorren las curvas de la palabra misma, y así cualquiera entiende lo que significa.
3. La sílaba "ma" para crear las palabras de la maternidad: aparte de la Coca-Cola es de lo más internacional que existe. Claro, la nasal /m/ y la vocal /a/, que está justo entre medio de las anteriores y las posteriores (muy poco profesional esa descripción), son los sonidos que menos esfuerzo involucran y que primero nos salen. El paso entre eso y lo otro, no sé. Nos metemos dentro de un circulito en el que lo primero que decimos es ma y lo primero que queremos decir es mamá, según nuestras madres, por supuesto.
4. Oriente y Occidente: dos participios latinos que significan nacer y morir, claro que refiriéndose al sol. Somos más paganos de lo que pensamos y aún sabiendo que la tierra gira alrededor del sol usamos mecanimos mentales de hipálage. Está claro que los que nacen y mueren somos nosotros.
5. Humano significa hecho de tierra.
6. Tenemos unas palabras gloriosas como humor, paradoja, ontología, dicotomía, analogía. Palabras abstractas para situaciones reales que supuestamente de abstractas no pueden tener nada. Realmente nos movemos en un terreno mental. Le ponemos nombre a los autos a la vez que le ponemos nombre a la velocidad, la tecnología, a la practicidad. Le ponemos nombre a las autopistas a la vez que al tráfico, le ponemos nombre a los atascos de tráfico a la vez que a la ironía.
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