1. Dirty Three - The Restless Waves
2. Josephine Foster - All I Wanted Was the Moon
3. Leonard Cohen - The Stranger Song
4. The Beach Boys - Don't Worry Baby
martes, 30 de abril de 2013
18 minutos de mi tiempo
Labels: Internet
Tres semanas después de escribir esto
El miércoles a las 17.00 pasé en el 65 por la calle Elcano al 2700 y me bajé del colectivo para sacar una foto.
Justo antes del túnel de Crámer (al Noreste), había una casa, rodeada de edificios. Tapando la casa había un cartel enorme (3m x 10m aprox.) de una empresa constructora anunciando la futura disponibilidad de departamentos de 1 y 2 ambientes en un edificio proyectado sobre ese terreno. En una franja vertical (1m x 3m), en el extremo izquierdo del cartel, hay una reproducción del plano digital del futuro edificio. El cartel tapaba la casa prácticamente en su totalidad, dejando ver sólo una parte del techo.
La mitad del cartel no es fija sino que está colocada sobre una estructura con vías que permite correr una parte y acceder al terreno. Es el portón de la obra. En el momento en que pasé (el miércoles), el portón/cartel estaba abierto unos metros, dejando al descubierto la pared de entrada de la casa. La puerta era de hierro, pintada color verde, y junto a ella había un azulejo con la dirección, Elcano 2762, que hacía juego con otros azulejos que decoraban la entrada. El conjunto era pintoresco. Sobre el cartel de la constructora, en la parte izquierda, también está escrita la dirección, Elcano 2762, en un tamaño mucho mayor. Ese día, la franja con la imagen del futuro edificio estaba entre el texto y la puerta original de la casa, y también tiene escrita la dirección en la fachada (Elcano 2762), que será de hormigón. Abierto de esa manera, tapando una parte de la mitad fija del cartel, la palabra "ambientes" se cortaba en la "b" y decía, en vez, "1 y 2 am". Abajo dice "Jacuzzi", junto a otros beneficios.
No pude sacar la foto porque me había quedado sin batería en la cámara. Esto lo sabía cuando me bajé del colectivo, pero me arriesgué a poder prenderla y sacar la foto rápidamente. La parada del colectivo estaba justo en frente y, mientras esperaba a que volviera a pasar, salieron dos trabajadores de la casa. Cerraron el portón, restableciendo las dos mitades del cartel, y se fueron.
Hoy (lunes 8 de abril de 2013) volví a pasar en el 65 y el portón estaba abierto en su totalidad, y se veía el terreno, lleno de escombros, porque la casa ya está demolida. Había un Peugeot 505 estacionado adentro de la obra.
Sobre las paredes de los edificios que rodeaban la casa, quedaron tatuados los distintos ambientes, con sus empapelados y azulejos. Estos edificios fueron construidos después de que la casa ya existiera.
jueves, 25 de abril de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
El diluvio nos encontró navegando
El diluvio nos encontró navegando
y el fantasma que estaba atado al mástil bajó todo mojado
y nos tocó la ventanilla del camarote
para pedirnos una taza de café.
Le dimos leche caliente y un huevo de pascuas
y lo cubrimos con una toalla que había que sostener con los muebles
para que no lo atravesara.
Había una gotera en el camarote
y el fantasma nos preguntó si eso era un problema
y nos habló de su muerte, que era triste.
Por suerte había dos de cada uno de nosotros,
No peligraba el universo, ni nada.
Al fantasma lo dejamos dormir en el pasillo,
eligió un lugar abajo de un crucifijo, y soñaba,
y se veían los sueños adentro de su cabeza.
Siguió lloviendo, las estrellas no volvieron a salir nunca más,
ni el sol, y el libro estaba mojado, y las goteras se multiplicaban.
Nuestro camarote, durante un tiempo,
fue muy deprimente, pero aprendiste a aburrirte, y se alejó.
A veces me subía a la cucheta de arriba y te miraba desde ahí,
y a veces me subía también al mástil, y decía que era
el Rey de los Judíos, y vos te aburrías.
Todavía pienso que tendríamos que habernos reproducido,
supongo que no tenía mucho sentido, como decías vos,
pero ver el tiempo pasar de esa manera, toda esa lluvia,
me hacía pensar en eso, no sé.
Un mar que no pueda dividirse en dos me parece aburrido.
Lo que quería en el fondo era amor, pero estaba todo mojado.
Me subía a la cucheta del camarote y decía soy el rey del universo!
y no había nadie en el camarote, ni el barco, ni el mar.
Labels: poesía
domingo, 10 de marzo de 2013
Caja de muñecas
It perish, or endure —
Content, soever, it ornament
His absent character.
Emily Dickinson
But He — could reproduce the Sun —
At period of going down —
The Lingering — and the Stain — I mean —
Hedda Bergesen salió del mar anunciando que tenía hambre, y le indicó a su criado que trajera la comida. El criado de los Helmer se retiró también y volvieron al cabo de un rato con los bocadillos de calamares y el vino rosado. Nora no atendió a la conversación de la comida, efectuada en su mayor parte por Torvald y Tobias, y a la que Hedda de tanto en tanto aportaba unas breves palabras, secundando por lo general alguna sentencia u opinión de su marido. De vez en cuando Tobias decía algo gracioso y Nora participaba de la risa automáticamente, sin preocuparse por el sentido pero sin fingir o premeditarlo. Abstraída, mirando ora el mar, ora los pescadores, le sucedían unos pensamientos que, si bien no eran secuencias racionales de reflexión, tampoco la tenían enajenada o ausente por completo. Lo más parecido a un silogismo consciente que tuvo fue una vaga intuición (más inmediata que consecutiva) de que, así como ella podía reírse involuntariamente, sin saber lo que fue dicho, tampoco se había preocupado por el sentido de la mayoría de las decisiones de su vida, que éstas apenas podían llamarse "decisiones" en realidad, que sólo porque el mar da vida a los animales que los pescadores luego extraen de su seno, no significa que el mar decida dar vida a los animales, que éstos decidan vivir en él, o que los pescadores decidan hacer redes para juntarlos. Pensó en las cajitas musicales con la bailarina mecanizada que su padre solía traerle de regalo a la vuelta de sus viajes de negocios y, en el instante más consciente de su reflexión, vio un mundo conformado enteramente de autómatas, diseñados y operados por una fuerza oscura que se parecía más al mar que a los pescadores.
—Por cierto, Nora, —le comentó durante el camino—espero que no sea demasiado licencioso decirte que estás bellísima esta tarde. Claro que siempre estás muy bella, pero ese vestido realmente resalta tus facciones, sin perder por supuesto el tono decoroso de un día sagrado como éste.
Nora agradeció sus palabras rápidamente mientras llegaban al sitio. A pesar de la gran multitud, encontraron, como había augurado Tobias, un buen lugar entre las personas, donde podrían no sólo ver la procesión de cerca, y desde una leve pero privilegiada altura, sino también apreciar con agrado su emocionante recepción por parte de la población local, para quienes sin duda se trataba de un acto infinitamente sagrado y purgativo.
Labels: Cuentos
viernes, 8 de marzo de 2013
Hace mil años
Ese día dormimos en altamar
y tomamos whisky
y hablamos de amor libre.
Ustedes dos todavía estaban juntos
Pero todo se veía venir, y se notaba
lo que pensaba cada uno, lo que cada uno
quería
que pasara y no iba a pasar.
Un barco sólo vimos esa noche, era un
crucero
que dejaba una estela masiva
que sentimos
agitar nuestro barco
en un tintineo de los hielos bastante
tiempo después.
Sobre la mesa habían quedado las cartas
de un juego que no habíamos llegado a
jugar
porque no todos sabíamos las reglas y se
fue desvaneciendo
en la explicación y las rondas de prueba.
Casi toda la noche no fumamos hasta que
encontramos
un paquete viejísimo de esos habanos
finitos
y tomamos whisky y fumamos habanos
viejos.
Y cuando alguien habló de no sé qué
constelación
salimos a la cubierta, y yo
dejé apoyado en el cenicero un
habano
que se cayó, y ahí fue que se hizo
esa quemadura.
Fue hace mil años.
En el medio de la noche cuando dormíamos,
me acuerdo
vos te despertaste gritando Sueño !
y después me jurabas que habías
gritado Fuego !
que se quemaba tu casa y que
gritabas Fuego !
pero yo no estaba durmiendo
y te escuché claramente
gritando Sueño !
y vos no me creías.
Labels: poesía
miércoles, 27 de febrero de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
viernes, 15 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
Annan Thai
--Todo el norte de España es increíble, es todo verde, no se puede creer el cambio viniendo d... --las palabras de Stuart se perdieron en su camino a la cocina, de donde volvió con el teléfono inalámbrico y el menú del restaurant tailandés. Estaban en el balcón del departamento de Stuart, cerca del centro de la ciudad, en un día particularmente cálido para esa zona. La resolución de pedir comida había coincidido con el fin de la cerveza y ahora, en cuatro sillas bastante pegadas, cada uno vaciaba a su ritmo el último vaso. Era domingo, y a Kayleigh le pareció que la única diferencia entre esa experiencia y el concepto abstracto "domingo" era el detalle insignificante de que ellos estaban viviendo físicamente ese día mientras que el concepto abstracto era inaccesible. Ya totalmente instalada en una somnolencia alcohólica que las siluetas de los edificios y los ruidos del tráfico acompañaban con cierta aprobación panteísta, se giró hacia el lado de Stuart cuando éste volvió a su asiento. Estaba a su izquierda, en la silla que tenía sólo las patas delanteras en el balcón, mientras que las dos traseras estaban adentro.
--¿Habrá restaurantes tailandeses ahí abajo? --preguntó Kayleigh.
--No digas "ahí abajo", el sur no está más abajo.
--Bueno, lo que sea, en España. ¿Habrá? --su voz fluctuó sutilmente, y levantó la vista para mirarlo. Stuart dejó el teléfono sobre su regazo para acariciarla.
--Debe ser el tipo de cosas que de repente extrañás un montón, --continuó Kayleigh, volviendo a fijar la mirada en las vías de las puertas corredizas, que pasaban por abajo de la silla de Stuart, --que de repente, después de aguantarte la tristeza y la soledad semanas y semanas, de repente querés pedir comida tailandesa un domingo y no hay y te largás a llorar desconsoladamente y te querés morir de la soledad y la distancia, --mientras decía esto, la mano de Stuart le pasaba por toda la cara, con un poco de fuerza.
--¿Pedimos varias cosas y compartimos? --dijo Stuart al fin. --¿Dos pad thai, un curry verde, y un arroz salteado? --no recibió una respuesta oficial, pero tampoco la esperó. Ya estaba marcando el número. El restaurant estaba justo en frente y se veía desde el balcón.
--¡Ay, se escucha el teléfono del restaurant sonando! --exclamó Sabrina, inclinándose sobre las rejas del balcón para mirar el restaurant. Sabrina estaba a la izquierda de Stuart, en una pequeña reposera de acero y tela, más cerca del piso que los otros tres.
Kayleigh ya conocía el fenómeno del timbre del teléfono de Annan, y también se había emocionado la primera vez. Miró el restaurant. Era un lugar chico, casi en la esquina, con una marquesina iluminada en rojo que decía "Annan Thai", y de cuyo interior salía una luz casi amarilla que se reflejaba en la delgada corriente de agua que muy lentamente fluía por la calle hacia una cloaca cercana.
--Hola, ¿Annan? Hola, cómo estás, es Stuart, sí. Jaja, todos los domingos, sí. ¿Te pido algo? Dos pad thai, ¿qué? Sí, con Kayleigh y dos amigos más. Sí. Tengo más amigos, Annan. Jaja, sí. A Sabrina la conocés. Sí. No, jaja. Ehm, hacé uno picante y el otro no. Sí. Un curry verde, sí, y un arroz salteado, ese que me gusta a mí, ¿cómo era? Sí, ese. Impronunciable, Annan, ¡impronunciable! Bueno, y unas cervezas, grandes. Dos. Sí. Dale. Media hora, OK. ¿Te asomás a la calle cuando esté listo? Estamos en el balcón, sí. Sí, hoy está lindo, se puede estar en el balcón tranquilamente. Bueno. Genial. OK. Chau Annan, chau. Gracias. Ehm, kob kun krab, eso, sí.
A Stuart todavía le quedaba cerveza y Kayleigh le sacó el vaso de las manos.
--Fumemos cigarrillos, --dijo después de tomar, y sacó cuatro del paquete que estaba apoyado en el piso.
--¿Qué es eso que le dijiste? --preguntó Kelly, desde la esquina más oscura del balcón. Habían estado ahí desde antes del atardecer, y Kayleigh no se había dado cuenta de lo oscuro que estaba hasta ahora.
--Wow, Kelly, no te veo nada, --dijo ella. --Tomá un cigarrillo. Kob kun krab, significa muchas gracias, pero sólo si lo dice un varón. Si lo dice una mujer es kob kun kaa, el krab cambia por kaa. Pero esas dos palabras son de cortesía solamente, cada sexo tiene una. Si decís kob kun solamente, ya significa "gracias", pero sos un maleducado.
--Ah, rarísimo, --contestó él, --¿y cómo saben eso?
--Annan.
--¿Piden mucho?
--Stuart pide todos los domingos. Es un personaje, Annan. Y tiene unos hijos también muy divertidos. Y Mae, la esposa, es una divina, tiene todo el amor.
--Yo quiero bajar a buscar la comida, así los conozco, --dijo entonces Kelly.
--Yo también pensaba bajar, vamos vos y yo, --contestó Kayleigh.
Stuart se levantó y Kayleigh lo vio acercarse al equipo de música. Pero después se movió al piano eléctrico y, sin sentarse, empezó a tocar casualmente, de espaldas al balcón. Kayleigh sabía lo que tocaba y cerró los ojos. Tuvo miedo de empezar a llorar. Tan vagamente como se había ido acercando Stuart a la melodía, ésta se dejó desarmar y desaparecer. Stuart ya estaba poniendo un disco.
Sabrina fue la primera en notarlo a Annan en la vereda, haciéndoles señas. Su exclamación rompió un silencio y restituyó a los amigos de sus respectivas ausencias.
--¡Ahí baja Kayleigh, Annan, gracias! --gritó Stuart --¡Kob kun krab!
Kayleigh juntó la plata y agarró las llaves y bajaron. Sabrina y Stuart se miraron. Stuart se hundió en la silla y suspiró. Había prendido un cigarrillo un poco antes de que Annan saliera a la calle. Se levantó para apagarlo y se sentó en la silla que había estado ocupando Kayleigh. Se apoyó en la barandilla y miró cómo salían Kayleigh y Kelly del edificio, cruzaban la calle, entraban al restaurant. Kayleigh esperó hasta el último momento para girarse, sabiendo que él estaría mirando. Apenas lo percibía entre las sombras, pero sabía perfectamente que él la veía bien iluminada, justo donde se mezclaba el rojo de la marquesina con el amarillo del restaurant, sin moverse, mirando para arriba, pensando estas cosas, pensando en él.
Sabrina también la estaba mirando. Después se cambió de asiento, acercándose a Stuart.
--Qué linda es. ¿La vas a extrañar?
--Obvio que la voy a extrañar, me voy a morir sin ella, --Sabrina lo estaba acariciando.
--Ya sé que no te conozco tanto como ella, Stuart, --el disco que había puesto Stuart dejó de sonar --pero ojalá con el tiempo puedas compartir conmigo tanto como con ella. Ya sé la conexión que tienen, pero yo también te quiero mucho.
--Sí, no, obvio. Yo también te quiero Sabrina, --se acercó y se besaron un rato. Cuando pararon, Stuart agarró el teléfono y marcó un número. Sonó el teléfono del restaurant.
--Annan, ey, hola. ¿Estás ahí con Kayleigh? --Por la mirada de Annan, Kayleigh supo que era Stuart.
--Hola Stuart, --dijo Kayleigh al teléfono.
--Kayleigh. ¿Salís a la calle?
--No puedo, es fijo el teléfono.
--Tiene uno inalámbrico también. Pedíselo.
--Ay no le voy a pedir eso, Stuart.
--Pasámelo, yo se lo pido, --y un segundo después --¿Annan, tenés el inalámbrico que te regalé? ¿Está enchufado? Genial, ¿se lo cambiás a Kayleigh? Quiero que salga a la calle. Gracias.
Kayleigh se dio cuenta de que el inalámbrico de Annan era el mismo que tenía Stuart.
--Kayleigh, --dijo Stuart cuando salió a la calle, pero ella no contestó, otra vez tenía miedo de llorar, --Kayleigh, ¿me ves vos?
--La silueta solamente.
--Yo te veo tan linda de acá arriba... Te voy a extrañar tanto. --Stuart estaba inclinado sobre la barandilla, con la barba hincada en la pequeña cavidad que se formaba entre los dedos índice y pulgar al apoyar el puño cerrado. Con la otra mano sostenía el teléfono.
--¿Podés verla a Mae desde ahí?
--No, ¿está adentro?
--Sí, está ahí parada, sin hacer nada, mirando. Pero tiene todo el amor, esa mujer tiene todo el amor del mundo. ¡Y no sonríe! Me encanta que la persona que tiene todo el amor del mundo no sonría.
--No te hagas la sentimental, Kay, me tocaba a mí. Te estaba diciendo que te iba a extrañar y todo eso. Incluso, mirá lo que te digo, quizá te pedía perdón por alguna cosa u otra.
--¿Está Sabrina ahí? --dijo Kayleigh, tratando de distinguirla entre las sombras.
--Sí, ¿por?
--No, nada, porque no la veo, está en la parte oscura.
--No, --Stuart se irguió en la silla, --está acá al lado mío. Levantá la mano, Sabrina.
--Ah, sí.
Por un tiempo no hablaron, Kayleigh miró el balcón de Stuart y se lo imaginó como un mínimo compartimento dentro de un compartimento mayor que a su vez era una subdivisión de otros compartimentos más grandes y que todos estos compartimentos estaban en perpetuo movimiento.
--¿Stuart, me tocás esa canción?
--Bueno, dale. --Kayleigh reconoció su manera de levantarse y vio cómo se iluminaba entrando al departamento y después desaparecía, Stuart. Miró el agua junto a la alcantarilla y se preguntó con cierto éxtasis de dónde habría venido esa agua. Stuart empezó a tocar. Al cabo de unos compases, Kayleigh se dio cuenta de que se escuchaba la música por el balcón.
--Cortó el teléfono, --dijo Sabrina sin dejar de mirarla, --se lo guardó en el bolsillo del abrigo.
Stuart subió el volumen de la música.
--¿Está bailando? --preguntó Stuart, casi gritando.
--Sí, --contestó, sin alzar tanto la voz como él. Se agachó a buscar su cartera en el piso, de la cual sacó una cámara de fotos. Pero no la usó, ni llegó a prenderla. La guardó de nuevo en la cartera y se metió adentro del departamento.
Labels: Cuentos


