miércoles, 29 de octubre de 2008

Silogismo Cortés*


SI sacrificar personas es inhumano
Y los aztecas sacrificaban personas,
ENTONCES, los aztecas eran inhumanos.
SI "PERSONA" Y "HUMANO" SON SINóNIMOS, los aztecas no sacrificaban personas
, puesto que eran inhumanos.
ERGO, los aztecas no eran inhumanos, ya que no sacrificaban personas.
DE ESA MANERA, los aztecas sí sacrificaban personas;
PERO sacrificar personas es inhumano.
Y los aztecas sacrificaban personas.
DE LO CUAL SE CONCLUYE QUE los aztecas no eran humanos.
PERO si no eran humanos, no sacrificaban personas.
Y PUESTO QUE no sacrificaban personas, no eran inhumanos.
SI NO ER
AN INHUMANOS, eran personas.
ASÍ ES QUE los aztecas hacían sacrificios humanos.
Y los sacrificios humanos son inhumanos.
Como los aztecas.

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* No confundir con amor cortés - courtly love.*
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* No confundir con Courtney Love.*
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* No confundir con la puta de la esquina.*
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* No confundir con Hernán Cortés.*
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* No confundir con amor cortés - courtly love.


lunes, 29 de septiembre de 2008

El fuego y los números

(De la columna de Nombre Apellido, revista Lenguas Vivas, edición número #)


Aunque no creo me lo hayan señalado, me imagino a los protagonistas de esta curiosidad envueltos en la inmensidad de una profunda selva (para ellos) infinita. Hablaré de los numerales, donde su lengua presenta un fenómeno de superlativo interés. Ya había escuchado de casos peculiares en la puesta en práctica de los números, casos en los que hay cuatro o cinco números y luego la palabra muchos; casos en donde cada adjetivo numeral es un nombre que se relaciona con ese número. Transcribo, ya que puede encontrarse curioso y aprovechando que lo tengo a mano, un ejemplo de tal proceder. Se trata de una pequeña población que yace a dos días pasando las montañas hacia Levante; éstos son sus números:

Uno: boca; dos: ojos; tres: agua (se refiere al ciclo del agua en sus tres estados: nubes, lluvia, ríos); cuatro: puma (el puma es para ellos, más que el mono, el más símil de los animales; que tenga cuatro patas es considerada [¿simbólicamente?] la única diferencia entre los dos cazadores); cinco: mano; seis: choza (para construirlas arman una estructura de seis ramas que luego revisten con hojas); el siete no existe; el ocho es araña, y luego dicen estrellas.


Pero acaso encuentren, como lo hago yo, un interés mayor en el dato que ahora nos trae aquí. Esto me lo contó un niño, alumbrado por las últimas brasas de un fuego que él mismo había fabulado. Daba la sensación de que nadie se lo había enseñado, más bien era como si lo estuviera leyendo en los troncos quemados. Así me dijo:

-Tienen una palabra que significa uno, luego una que significa dos, después sólo se quedan callados, el tres no se pronuncia (pues se sobrentiende), luego la palabra bastantes, hoy fosilizada y que significa cuatro. Las palabras para denominar los números entre cinco y diez son neologismos que no todos conocen. A veces usan los dedos de la mano izquierda (con la derecha no saben contar) asumiendo que al número marcado hay que sumarle los primeros cinco. Con los números grandes es distinto. Se juntan de noche y, siguiendo una ronda, cada uno va mostrando un número en el fuego. Lo hacen de puro placer y (me imagino que) lo que ven en el fuego son los árboles que los rodean, alumbrados por el fuego y por los números.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Esto lo hago a veces

Se afila el pánico del vacío y, en vez de poner algo nuevo, ex-pongo (...) algo viejo. Ojo, creo que algo más vigente está al caer:

Llegué a un descampado de carácter vasto, había una silla. Me es útil recordar, a estas alturas del relato, que había caminado por lo mayor de catorce semanas. Me senté. No creo que la circunstancia haya estado muy sobre mi piel y espalda, creo que pude entender la abstracción de los ángulos rectos, lo melódico de los bordes trabajados, el lujo de un austero diseño en las patas y el respaldo. No sólo pensé en las manos que rozaron la madera con el placer de no sentir una sola astilla, en la trayectoria de las tiras de paja materializadas en algún campo incierto; sino que tampoco me ausenté en exploraciones sobre el contraste entre la silla y el terreno incierto de la naturaleza, aquella era producto de ésta, pero estaba totalmente arrancada del paisaje, sin reconocerse. Sin embargo, ¿cómo había llegado ahí? Luego presentí que había estado equivocado al juzgar su manufactura tan ingenuamente. Había estado olvidando que estaba literalmente en el medio de la nada. No entraré en las facultades del terreno pero bastará asegurar que yo era el primer pensante en recorrer la zona. Claro, yo había visto una silla y, sin llenarme de infundada alegría y asumir la presencia de alguna persona en las cercanías –eso era imposible-, no había negado la posibilidad de que manos humanas hubieran obrado la silla. Pero ahora sí lo hacía. Observando la silla con mayor precisión, comencé a notar las raíces y rápidamente alcé la vista para entender que había sido un arbusto all along.

jueves, 10 de julio de 2008

Diferentes locaciones

Praga-Berlín

Dresden

Berlín

Dresden

Barcelona

Costa amalfitana

Napoli

Berlín

Dresden

Dresden

Praga

Dresden

viernes, 6 de junio de 2008

Nota al pie (Título cambiado por "Anagnórisis o reconocimiento")

Esta historia le sucedió al narrador del lector implícito del autor real del suegro de mi prima. Al parecer estaba caminando por el nivel intradiegético de un centro comercial y se topó con el narratario de su hermana. Decidieron ir juntos a tomar un café al cronotopo del patio de comidas para participar en una conversación dialógica ya que hacía tiempo no tenían noticia el uno del otro. Daba la casualidad que allí trabajaba el lector real del autor implícito de un amigo suyo (lo había conocido en una fiesta apenas unos días antes) y estaba a punto de terminar su turno. Cuando el reloj dio las seis, marcando una prolepsis, éste colgó su delantal y fue a vestirse a la contratapa del libro. Tras un eterno retorno tomó un lugar en la trama central de la sala, con los otros dos personajes. Conversaron un rato de cosas triviales como unas mímesis muy lindas que estaban narradas muy cerca suyo; el cambio climático (el clímax estaba sufriendo una gran metamorfosis en las formas temporales); teléfonos celulares (uno de ellos había recién comprado uno con polifonía); etc. También hablaron de política y los tres lamentaron lo patético que era el realismo, las horribles historias que salían en las noticias a diario. Además, el lector real del autor implícito de su amigo (que no se llamaba Leo) se enteró de la muerte del autor (otro amigo en común, aunque en realidad no lo conocía mucho) y le pidió la información del entierro al que iba a intentar asistir.

Luego de una segunda prolepsis acabó saliendo el tema de la literatura y los dos hombres conocieron que compartían esa afición. El otro, el narratario de su hermana, no era un gran lector y pasó a ser un personaje secundario. La conversación les llevó por diversos mundos de ficciones verosímiles e inverosímiles, peripecias y anagnórisis, y en una nota al pie de página Leo (que no se llamaba Leo) le comentó que en el centro comercial había una muy buena librería. El héroe problemático le preguntó si se refería a la librería Yenny, en el nivel metadiegético, pero Leo le dijo que no, que esa librería era una basura, que hablaba de otra que se encontraba en el grado cero de la escritura. Luego de una desautomatización de las formas fijas, Leo dijo que debía irse a juglar al billar y tras pagar el cuento salieron los tres, en un paralelismo, del café. La elevada suma que tuvieron que pagar (era un número de tres figuras retóricas) les hizo comentar sobre los horrores de la inflación y, ahora sí, se despidieron cordialmente. Se fue a una tienda de ropa en busca de una camisa pero cuando se la puso en el trovador no le gustaba cómo le quedaba y optó por no comprar nada. Luego decidió echarle un vistazo a la librería que le había recomendado su nuevo amigo, en extrañamiento de nunca haberla visto. En vez de tomar el ascensor decidió bajar por la catarsis y, al pasar por una falacia en el nivel autodiegético recordó que debía comprar aspirinas y alegorías. Entró a la falacia e hizo sus recados, por la ventana se veía un magnífico atardecer en el horizonte de expectativas, había muchos edificios en obras y lamentó cómo la excesiva deconstrucción estaba arruinando el pasaje y el naturalismo. Después de esta digresión se encaminó a la librería. En un monólogo interior se preguntaba si Leo no sería homodiegético (lo había encontrado sumamente atractivo) y, en caso de serlo, si sería un lector pasivo o activo.


No recordaba que Leo le hubiera dicho que era una tienda de segunda mano y le pareció especialmente extraño no conocerla. Le encantaban las librerías de segunda mano e iba a menudo a ese centro comercial. Antes de entrar estuvo a punto de tropezar con un quiasmo y maldijo lo mal estructurada que estaba la obra. Empezó por la pila de cinco pesos, y le extrañó ver que no había un solo libro que no hubiera leído. Además, eran todas las mismas ediciones que él había manejado. Tras mirar y mirar, en la pila de diez pesos, en la de quince, en los estantes, no podía dejar de maravillarse por lo que estaba sucediendo. Eran todos los libros que había leído, cada una de las ediciones era idéntica y se encontraba en el mismo estado en el que él la había dejado al terminar. Reconoció manchas de café, arreglos con cinta scotch, dedicaciones, cada detalle era idéntico. Luego empezó a desafiar el lugar, buscando libros que había leído en bibliotecas ajenas en países lejanos, libros que había dado por perdidos o incluso destruidos, pero una y otra vez se maravillaba al encontrar el tomo. Tras una exhaustiva investigación terminó por decidir que, definitivamente, esa era su completa biblioteca personal; ni un libro más ni un libro menos. Hasta las novelas que le daba vergüenza haber leído estaba ahí, mientras que las que nunca había leído, pero cuando eran mencionadas decía que sí, no se encontraban por ninguna parte. De hecho, y esto fue lo que más le impactó, se encontró con el Ulises (el único libro que había dejado por la mitad), cortado al medio, justo en la página en la que se había rendido, años atrás.


y una elipsis y quiso cuestionar a alguien sobre el misterio pero no había nadie en el local y, al acercarse a una puerta tras la cual quizá encontraría a alguien, se topó con un volumen que jamás había visto. Era casi líquido en sus manos y no tardó en reconocer la trama. Se mareó muy rápido y, al desmayar, se imaginó al suelo, golpeándose la cabeza fuertemente contra el anacoluto.

viernes, 30 de mayo de 2008

Juicio por mala praxis odontológica O Mal juicio de praxis ontológica

Para la atención de Álvaro Roca Blando, abogado.

Le adjunto, como me pidió, la crónica de los sucesos referidos al caso de Nombre.

13/5/2007: Primera consulta.
El paciente me visita por una infección en la muela de juicio inferior derecha. Infección importante, radiografía (adjunta número 1), extracción. Operación llevada a cabo con normalidad.

14/6/2007: Segunda consulta.
Mismo paciente, mismo problema. Muela de juicio inferior derecha. Desconcierto por parte mía, revisión de primera radiografía, sin rastros de una segunda muela en crecimiento. Sugerencia de que visite otros profesionales. El paciente se niega. Le explico la anomalía del suceso, al paciente no le resulta extraño. Extracción exitosa. Insistencia en que visite otros médicos.

12/7/2007: Tercera consulta.
Segunda regeneración de muela de juicio inferior derecha. Imposible alarmar al paciente sobre la situación. Radiografía (adjunta número 2). Resistencia por parte del paciente a hacer radiografía por no haber hecho falta en la segunda consulta. Radiografía no revela paranormalidades. Extracción.

12/8/2007: Cuarta consulta.
El paciente me visita disgustado. Crítica a mi trabajo: “A ver si esta vez lo hacemos bien doctor, soy un tipo ocupado y no tengo tiempo de venir acá todo el tiempo.”
Examen de la zona problemática revela objeto no identificado en crecimiento. Algo de metal, posiblemente bronce. Radiografía (adjunta número 3). Nueva resistencia a radiografía por miedo a radiaciones y cáncer. Radiografía revela una llave pequeña creciendo en lugar de muela inferior derecha. Extracción por medios odontológicos corrientes.

9/9/2007: Quinta consulta.
Paciente enfurecido. Acusaciones varias: de no ser un verdadero dentista; de hipnotizarlo e implantarle los objetos con el fin de asegurar clientela permanente; etc. Amenaza de juicio por mala praxis. Exige ver a mi “supervisor”, impotencia al conocer la falta de un “supervisor”. Agresión. El paciente se calma cuando ofrezco servicio gratuito. Objeto extraído: hebilla de cinturón D&G.

17/9/2007: Sexta consulta.
Paciente exige números telefónicos de otros pacientes míos para comparar experiencias. Exigencias negadas, nuevamente se calma al ofrecer servicio gratuito. Objeto extraído: cinta de cassette (compilado de baladas de rock).

19/9/2007: Séptima consulta.
Cambio de actitud del paciente. Casi jovial. Comienza nuestra relación amistosa. Objeto extraído: libro de Franz Kafka.

Lapso comprendido entre 19/9/2007 y 24/11/2008:
Visitas regulares, incontables. Consistente actitud amistosa por parte del paciente. Numerosos objetos extraídos de diversa índole. Ejemplos: Tazas, bolígrafos, un micrófono, gafas de sol, un transformador 100-240V, un cabezal de ducha, sacapuntas, libros, broches para pelo, una tecla del símbolo “#” de una máquina de escribir, una pipa de madera, pedazos de maquinaria, bulones, etc., etc.

25/11/2008: Última consulta.
Nuevo cambio de actitud en el paciente debido al objeto extraído: su diario íntimo. Paciente enfurecido, euforia sentimental, agresión física. Advertencia de consecuente juicio por mala praxis.

Espero que la presente, junto con los documentos aportados anteriormente, sea de su ayuda en mi defensa.

Atte.,
Nombre

M.

domingo, 4 de mayo de 2008

Cielito lindo

Importante haber estado en un recital de Divididos o en su (imperdonable) defecto ver este video. No es para "ambientar" sino por un pedacito de información sin el cual no se entiende lo siguiente.

Retazos extraños de melancolía adolescente me vienen en forma de recital. ¿Quién y cómo me enseñó a moverme entre las pieles resbaladizas de otros como yo? ¿Hasta dónde llega un público que amistosamente busca mil muertes de purgación mientras sus gargantas color vino de cartón declaran a gritos sentencias de rock? Piernas afónicas que apenas aprendieron a saltar y lo hacen con alas que reflejan las luces de colores buscan un sudor que encandila cien veces, mil veces. El piso desaparece porque ya no está y los semidioses de la electricidad golpean las puertas de algo llamado no sé qué mientras más y más cosas desvanecen en una reflexión adolescente de pelo mojado por el humo rojo de las bengalas. El sin fin de banderas como baluartes que sondean el viento y buscan palabras difíciles de entender. La vida y la historia son releídas cuando los Divididos estrujan el Cielito lindo queriendo recordar algo. Ese lunar que tienes, ¿a qué nos hace acordar, a qué nos hace acordar? Se me acercan espíritus y mil almas muertas en el desconcierto y aúllo al lunar que traduce las bengalas a un idioma más perfecto, más alejado. La comodidad y la astucia de los acordes que todavía recrean la antigüedad van estableciendo en los escalofríos de la gente un agujero público pactado en lo tácito y en la tradición; se abre un lunar reflejando otro mientras la adolescencia se comprime para los costados. Aparece el piso pero todavía no está, está en otro lado y lo que está ahora es un lunar junto a la boca del tamaño del mundo. Algunas almas ávidas de protagonismo insisten en ser los cráteres de lunar, se quedan ahí esperando el temblor, el siglo veinte que espera y que espera a desatar su euforia, a mover el pelvis como lobos que se chocan y se esquivan sin saber por qué, mientras el lunar se expande y se expande con ambición de salir del paso, de elevarse del nivel del mar como un vapor sagrado. La añeja Catarsis se prefigura en una inexplicable sonrisa colectiva un momento antes de enfrentar el lunar al espejo que desatará una y otra vez un signo de presencia universal sabiendo que volverá a pasar mil veces y que los extasiados relámpagos de sudor tatuarán la noche, acaso sin saberlo, de su mismo color.

jueves, 1 de mayo de 2008

Lo de las sílabas es lo de menos, creo


Punta de metal en mi boca
¿Mate, qué dios
recorre mi cuerpo?


Alguien forjó
el martillo en mis manos.
El sol escucha.


El martillo
tiene hermosas curvas
que entiendo.


Antenas
que ya no sirven
recortan el cielo.


viernes, 28 de marzo de 2008

Extraño accidente fatal en la ruta

1 de marzo del 2008
Dos Peugeot 404 verdes con la misma patente chocan de frente, ambos conductores fallecidos.
El misterioso incidente ocurrió cerca del zoológico Temaikén, las autoridades todavía no dieron explicaciones. Testigos aseguran que los cadáveres eran muy parecidos y estaban vestidos igual. Fuerte disputa por el destino de un manuscrito encontrado en los baúles de ambos vehículos.
BUENOS AIRES.- El siniestro ocurrió ayer a las 16 horas, cuando dos Peugeot 404 del año 56 sufrieron colisión frontal a altas velocidades. Llamó la atención de los testigos que los coches fueran tan parecidos, la sorpresa llegó cuando se advirtió que las patentes también eran iguales. Careciendo de los resultados de la autopsia sólo se puede especular. El vehículo figura en el registro de automóviles de la provincia de Buenos Aires, el dueño y conductor fallecido es Patricio Sodenberg, natural de Tigre. El misterio incrementó al descubrir que la fecha de cumpleaños del hombre es el 29 de febrero de 1960 y que el accidente tuvo lugar ese mismo día de este año bisiesto.
Las conjeturas crecen y todavía escasea la información oficial, uno de los dos conductores debiera ser un “falso” Patricio Sodenburg, conduciendo un “falso” Peugeot. Declaraciones recientes de la vecina del fallecido afirman que era un hombre “solitario” que nunca recibía visitas y que escuchaba música clásica muy fuerte. De exactamente 48 años, vivía solo en la casa de sus padres desde los 20, cuando toda su familia naufragó y desapareció en una embarcación de la empresa Cacciola, con destino a Carmelo. Pudo mantenerse buscándose la vida con diferentes empleos que nunca duraban demasiado. “Vivía con fuertes dificultades económicas”, declaró la misma vecina. Entre los testigos del accidente, los que lo presenciaron con mayor cercanía cayeron desmayados al instante y permanecen vigilados en el hospital. “Yo no sé que vieron, pero debió ser impactante. Cuando yo me acerqué estaban sacando a los cuerpos y eran exactamente iguales. No me puedo olvidar del pulóver celeste y rojo que los dos conductores tenían puesto.” Se esperan ansiosos los resultados de la prueba de ADN ya que sólo entonces se dará con la identidad del falso conductor. Algunos periodistas de menor seriedad han intentado hallar la explicación dialogando con expertos en sucesos paranormales. Las conjeturas han llegado al límite cuando se sugirió que todo el accidente podría no ser más que una proyección mental materializada físicamente, producida por una psiquis fuertemente trabajada y/o un ingrediente milagroso. Esto es imposible de verificar aunque la biografía del fallecido daría pruebas de una vida enajenada, fácilmente clasificable como tendenciosamente suicida.
El hombre tiene una antecedente penal, hace 12 años la policía le tuvo que llamar la atención por los altos decibelios en los que escuchaba a Beethoven y terminaron deteniéndolo por rehusarse a bajar el volumen y a ponerse pantalones.
Según fuentes locales, ambos vehículos resultaron llevar los mismos contenidos tanto en la guantera como en el baúl. En las dos guanteras se encontraron cintas de Beethoven, los papeles del coche –rigurosamente iguales-, y dos riñoneras “hippies” con 12 gramos de marihuana, papelillos de fumar de la misma marca e incluso con la misma cantidad de “sedas” restantes. En el baúl se encontraron dos manuscritos idénticos que permanecen bajo custodia de la policía, aunque diversos grupos ya han comenzado a luchar judicialmente por hacerse con el texto. Si no se logra dilucidar una identidad diferente para uno de los dos conductores, las proporciones del caso aumentarán de manera rampante. El manuscrito podría tener altos valores científicos, religiosos, literarios, psicológicos, antropológicos, y los estudiosos de todos los campos no cesarán hasta conseguir acceso a él.
Se baraja la posibilidad de que sea una suerte de “performance” artística llevada a cabo por dos personas de consentimiento mutuo, y la escena de los blogs de Internet ya está llevando estas ideas hasta sus últimas consecuencias.
Las autoridades darán una rueda de prensa esta tarde donde se esperan aclararse algunas de las tensas dudas acerca del espectáculo borgeano sufrido ayer. Todos los interesados tienen grandes esperanzas de que el susodicho manuscrito, aparte de la prueba de ADN, pueda contestar algunas de las intrigantes preguntas que el suceso obliga plantearnos.

lunes, 24 de marzo de 2008

Su cabecita si dirige hacia adelante y hacia atrás como si las cosas tuvieran sentido. Repite ese movimiento, lo repite. Es un pájaro. Uno de los genéricos que están en tu jardín a esta hora, si tenés jardín, no vamos a decir palomas, a qué mentir. Uno podría decir todo lo que no soy yo es de plástico. Cómo serán las cosas adentro de una bolsa de tierra comprada, es oscura; casi negra. La fertilizaron o se fertilizó, excusa suficiente para entrar en el mercado. En la pileta una paleta. De esas chatas, de colores, básicamente azúcar. En algún momento hubo un principio, a la marca le pusieron Chupetoncito y ahora se intercambia por dinero. A veces el aire decide que una pileta va a consumir una de esas paletas y qué decisión tengo yo sobre eso. Se cayó al fondo de la pileta y al día siguiente sólo quedó el palito de plástico blanco, vacío como una caña de bambú. Plástico. Los colores se fueron deshaciendo, después era todo blanco, después nada. Hay un intento de escribir cosas adentro de una bolsa de tierra comprada, son bolsas de diez kilos, veinte kilos. ¿Cuántas cosas se encuentran ahí adentro? Las flores que van a crecer de ella, ¿están envueltas en ese plástico transparente, embotellado?
¿Hasta dónde puede uno irse, y hablo físicamente, escuchando pájaros cantar en diferentes planos, pasa un coche, pasan los años?