domingo 8 de noviembre de 2009

La cámara también es descartable



Muy buena experiencia en solitaria comunión con la montaña irlandesa.

("Mi amado las montañas / Los valles solitarios nemorosos / las ínsulas extrañas / los rios sonorosos / el silbo de los aires amorosos." Como lo dijo San Juan de la Cruz)

Vean este buen video de Andy Goldworthy.

martes 27 de octubre de 2009

Walking


A labyrinth is a road;
Follow it till the end,
A straight autumn line.

-The Burren Way, Ballyvaughn, Ireland. 

viernes 16 de octubre de 2009

Otoño pide haiku

A un tiempo
vienen hojas, colores
de otoño



Es la lluvia
el círculo
la temporada



El cambio
hace pensar en lo inmóvil
de todo



Como las lluvias
del cielo caen
las hojas

domingo 27 de septiembre de 2009

Parche

¿Qué dicen, abro una sección de "mariconadas"?

The earth has many keys.
Where melody is not
Is the unknown peninsula.
Beauty is nature's fact.

But witness for her land,
And witness for her sea,
The cricket is her utmost
Of elegy to me.

Emily Dickinson, poema nro. 1775

viernes 25 de septiembre de 2009

Ovis canadensis


El labio superior curvado hacia dentro de este carnero de las Rocosas (arriba) señala el preludio del acoplamiento durante la época de celo en el Parque Nacional de Yellowstone.

sábado 12 de septiembre de 2009

Luz azul (lo que dice Wesley)

I


LYUDMILA

Había hecho lenguado al horno con papas. Cuando lo sacó del horno, se dio cuenta de que había encogido mucho, y que no alcanzaría para todos. Sin decidirlo conscientemente, servía el pescado en dos platos y las papas en los otros tres. Los repartía como esperando que nadie se diera cuenta de lo que había hecho. Los platos de pescado se los servía a Dmitri y a Stèpan. Durante la cena, todos miraban para abajo, menos Dmitri y Stèpan que se miraban a los ojos el uno al otro. Mientras comían el lenguado, sus cabezas se iban agrandando y agrandando. Luego estaban mirando un documental en la televisión sobre delfines. El documental retrataba un grupo de delfines del cual uno de los integrantes se había extraviado. En un momento, la madre se giraba para decirle algo a Dmitri y entonces se daba cuenta de que no estaba. Los demás tampoco estaban. En la televisión se veía una imagen fija de una familia comiendo. Luego la televisión ya no estaba, ella se encontraba nadando, en su conciencia era un delfín, pero si se miraba el cuerpo era un cuerpo humano normal, desnudo. El agua estaba muy fría y la hacía temblar. El sentimiento de perdición y desarraigo de su grupo de delfines era inmenso, finalmente despertó. Dmitri no estaba en la cama. Por un segundo sintió un profundo miedo, como si se hubiera extraviado de verdad y para siempre. Luego lo encontró de pie contra la ventana, mirando hacia afuera. La ventana estaba abierta y por ella entraba una brisa fría y el sonido del arroyo.



LA NIÑA

Era un día de verano en la playa. Tenía las manos totalmente llenas de arrugas, y entraba y salía del agua con una compañera de la escuela, jugando en la arena o saltando desde un pequeño muelle al agua. Constantemente reían, sin que sucediera nada gracioso. Cuando salían del agua rápidamente volvían a sentir el sol que las quemaba con fuerza y volvían corriendo al agua, salpicándose entre sí y riendo. En un momento jugaban a hacer la plancha, viendo quién aguantaba más tiempo sin comenzar a hundirse. Un rato después, ya no se hundían, permanecían haciendo la plancha por lo que parecía horas y horas. Luego su compañera ya no estaba, estaba ella sola que flotaba cada vez más lejos de la orilla, pero sin asustarse. Levantando apenas la cabeza, veía cómo las dunas de arena y el muelle eran cada vez más pequeñas, hasta que ya no se veían, y ella flotaba, feliz, mar adentro. Luego se ponía boca abajo, todavía flotando, y sin pensar en que no podía respirar, miraba hacia el fondo del mar, donde sucedían historias nítidas de peces que hablaban y sonreían, de caballitos de mar con montura y riendas, que eran montados por otros animales que también hablaban, sonreían, reían. Una melodía simple y alegre le venía a los oídos desde todas las direcciones. Lo que veía en el ambiente azul tenía la estética casi de un dibujo animado, pero sin que la fantasía la alejara de lo que sucedía, que era real. Todavía flotando en la superficie, empezaron a aparecer sirenas –hombres y mujeres- que vivían en castillos de oro y arena, ellos también tenían historias que ella presenciaba, y rápidamente comenzaba a identificar los distintos personajes. Aquél el príncipe, aquellos el rey y la reina, más allá los súbditos, un poco más gordos pero igualmente sonrientes y habladores. Entonces veía a la doncella, y en el proceso de examinarla, ella misma se convertía en la doncella, que nadaba y sonreía y hablaba con el resto, un pelo rubio y voluminoso suspendido en el agua ondulaba al compás de las corrientes marinas. Diferentes situaciones se sucedían una a otra en diferentes espacios del palacio y del reino, con diferentes tipos de peces sonrientes y carismáticos. Generalmente estaban más bien en el fondo del mar, y sobre él se erguían el palacio, los jardines, los campos. Corrían también ríos por el fondo del mar, con orillas pobladas de árboles, diferentes monos sonrientes y enternecedores cruzaban en dos patas los ríos, con las manos bien alto, saltando como al compás de unos tambores. Durante la noche se despertó levemente dos o tres veces, sorprendida por el sueño que no tenía precedentes en cuanto a nitidez, alegría y fantasía. Cuando se volvía a quedar dormida podía continuar el sinfín de episodios subacuáticos. Finalmente estaba el sol en la ventana llenando la habitación, mientras su madre la despertaba con cariño, acariciándole el pelo. Llena de amargura, se sentó en la cama y miró a su habitación y a su madre, con una infinita desazón y muy pocas ganas de vestirse y tomar el desayuno, antes de ir a la escuela.



DMITRI

Estaba sentado con su familia, en silencio. Uno de los chicos, o todos a la vez, de pronto hacía notar que se estaba inundando la cocina. Pero la comida seguía con tranquilidad. Se sentía el agua en los pies, la última en notarlo fue la niña, cuyos pies no llegaban al piso. Está linda, decía, y comenzaba a mover los pies hacia adelante y hacia atrás con placer. Mientras ella hacía esto, toda la cocina parecía hamacarse en ambas direcciones. Se fue llenando la cocina de agua gradualmente, de pronto la mesa estaba flotando, y mientras el agua subía, lo hacía también la mesa con la vajilla y la comida, pero ellos permanecían sentados, mirándose el uno al otro. Cuando el agua llegaba al techo, y entraba en contacto con los tubos de luz, un cortocircuito anticipaba la oscuridad absoluta. Pero la oscuridad iba clareando con una luz azul que finalmente dejaba ver en todas las direcciones. Lyudmila y los tres chicos eran ahora unos monstruos espeluznantes, con tentáculos y aletas y grandes dientes. Pero permanecían sentados en sus sillas, mirando al centro del círculo, como si allí hubiera un fuego. Había un silencio que de vez en cuando rompían ruidos lejanos de animales extraños. A cada rato se miraba las manos y constataba que él no era un monstruo de aquellos, y esto lo tranquilizaba. En un momento Stèpan se ponía de pie y cubría pausadamente la distancia entre los dos. De repente era patente que lo que se acercaba era un espejo, y entonces Dmitri se miraba y veía que, efectivamente, también era de esa especie asquerosa. Lo de mirarse las manos ya no funcionaba. Él también estaba compuesto de tentáculos y aletas y grandes dientes que sentía dentro de la boca. Comenzaba a comunicarse con su familia haciendo ruidos extremos y movimientos abstractos que él mismo no entendía al emitirlos. Pero de pronto entendía que estaba involucrado en una pelea que no tardó en volverse física. Lo último que recordó antes de despertar fue un miedo profundo, un intenso olor a putrefacción que veía y escuchaba, y unos dientes clavándose con fuerza en su vientre. Aterrado, miraba las vigas de madera en el techo, despertándose de a poco a la par que su ritmo cardíaco volvía a la normalidad.



SERGEI

Con lanzas cazaban peces y cangrejos en un río. Era más bien una laguna con forma de río y agua corriente, no era muy largo, de unos diez metros, con los límites bien marcados río y arriba y río abajo. Tampoco era demasiado ancho. Como una parcela de arroyo, muy prolija, con fronteras hacia dos llanuras de pasto seco, una arriba de la otra. Las orillas eran de una arena gruesa mezclada con piedras y caracoles. No había más de tres o cuatro peces y una cantidad similar de cangrejos, con lo cual rápidamente los habían cazado todos. Formaban un grupo de tres o a veces cuatro, incluyéndose a sí mismo. Estaban constantemente cantando a coro, pero eran canciones sin letra, melodías inconclusas, con algún que otro fonema inteligible entre sonidos extraños y poco humanos. Algunos tenían tatuajes vagos que no aludían a nada en concreto. Esto posiblemente era la causa, o quizá la consecuencia, de que se haya formado a la idea de que eran piratas, él también. Tras un grosero festín de carne cruda, comenzaban a caminar río arriba, pero mientras caminaban el límite del río seguía siempre a la misma distancia. De pronto la corriente se hacía más fuerte que ellos. Se dejaban llevar por la corriente, pero mirando hacia arriba y sin nunca dejar de cantar, finalmente desembocaban en una pequeña laguna de agua salada. Despertó y se encontró en su cama, mirando un cuadro de un barco antiguo, tipo carabela, que se encontraba colgado en la pared opuesta. No le parecía raro que estuviera ese cuadro ahí, más bien le daba la seguridad de que había despertado de un sueño y que estaba a salvo. No se daba cuenta de que todavía soñaba, de que ese cuadro de la carabela era una mezcla entre una fotografía que se encontraba en un aula de su antigua escuela y una modesta acuarela pintada por su abuelo y colgada en el comedor del mismo. Ante la seguridad de mirar el cuadro y todavía soñando, lograba volver a dormir. Se encontraba en un río muy similar al soñado anteriormente y, con ligeras variaciones, todo sucedía igual que antes. Cuando llegaba al depósito de agua salada, volvía a despertar, esta vez buscando el cuadro del barco. Como si el peligro hubiera sido mucho más grande, o el cuadro un objeto más confortador y garante, verlo allí colgado lo llenaba de tranquilidad. Esto sucedió varias veces al hilo, sin despertar realmente. Pero cada vez el cuadro era algo más importante y buscado al despertar, a la vez que el sentimiento de terror, que no sentía mientras la corriente lo llevaba río abajo hacia el agua salada, que sólo aparecía al "despertar" y buscar el cuadro, tenía también un efecto creciente de agobio. Finalmente, este pánico fue mayor que el bienestar brindado por la imagen del barco y despertó. La noche seguía totalmente cerrada, no debía ser más de la una de la mañana. Se quedó desvelado varias horas, pensando en lo que había contado su hermano, en su posible veracidad; un pensamiento lógico y un recorrido de los argumentos a favor y en contra era acompañado por imágenes pasajeras y muy visuales, de hombres-mono sumergidos en el agua, cazando peces con las manos, y también de él mismo nadando en la playa, manteniendo la respiración para bucear hacia el fondo en busca de caracoles y piedritas, saltando de altos acantilados a la inmensidad del mar, etc. En realidad, pensar que pudiera ser cierto lo llenaba de un placer secreto e indescriptible, mirando hacia el pasado o hacia el futuro (que en este caso parecían iguales) se imaginaba un mundo de poetas nadadores y cantores que sólo juntaban caracoles y piedritas para mostrárselas unos a otros. Comenzó a hacer un repaso de ciertos instintos humanos sobre el placer brindado por el agua, veía playas llenas de gente abstraída del tiempo y del mundo, feliz. Pensó en la tipología nostálgica del marinero. Examinó las posibilidades de una serie de poemas sobre el asunto. Algunos versos le vinieron a la mente mientras se volvía a quedar dormido, versos que en ese puente entre el sueño y la vigilia tomaban un cariz colorido y mágico.



II


Son los años sesenta, en ningún lugar. Una familia se encuentra sentada a la mesa, en una cocina amplia. La madre, con un delantal a cuadros, sirve los platos de comida; los vasos de jugo, agua, vino. En la mesa está el padre; una niña de unos ocho años; un joven de diecisiete o dieciocho. Hay también un lugar vacío, con la vajilla puesta. La ventana delata una noche despejada. Cuando están a punto de empezar a comer, entra el quinto integrante de la familia. Pide perdón rápidamente mientras ocupa su sitio y, sin pausa alguna, hilvana la disculpa con lo que será la conversación de la cena.


STÈPAN.- Tengo una noticia espeluznante.

LYUDMILA.- ¿Malas noticias? ¿No podríamos tener una cena placentera alguna vez.

STÈPAN.- No, no son malas noticias. Son muy buenas, muy raras y muy buenas. Encontraron el eslabón perdido.

SERGEI (Cínico).- ¿Eso qué es exactamente? ¿Un gorila que habla?

DMITRI.- Es un término que usan los medios de comunicación que se aprovechan de la ignorancia del consumidor cada vez que encuentran un nuevo homínido fósil.

STÈPAN.- Lo cual no quita al hecho de que todavía hay serias cuestiones por resolver en cuanto a la evolución del hombre. Pero ya lo están resolviendo, escuchen; no se trata del descubrimiento de un fósil, si no que del sentido común. En la facultad están todos hablando de esto, surgió a partir de un estudio que publicó Wesley ayer.

SERGEI.- ¿Quién es Wesley?

DMITRI.- Es un paleontólogo inglés.

STÈPAN.- Los profesores son los primeros en postularlo y discutirlo en clase, y están preparando un seminario extraordinario y urgente. Resulta que el período de la sabana africana es falso.

SERGEI.- ¿Sabana africana?

DMITRI.- ¿Cómo va a ser falso? Torna la mirada hacia SERGEI. Los australopitecos fueron nuestros primeros antepasados que descendieron de los árboles y vivieron en las sabanas arboladas en el este de África hace unos 3 millones de años.

STÈPAN.- Pero es falso.

DMITRI.- ¡¿Cómo va a ser falso?!

STÈPAN.- Nuestros primeros antepasados que descendieron de los árboles tuvieron un período de adaptación en un ambiente semi-acuático en las aguas cálidas de la costa africana.

DMITRI.- ¿Qué estupidez estás diciendo? ¿Un hombre pescado?

STÈPAN.- Es verdad, un simio acuático, semi-marino, que habitaba las costas y lagunas poco profundas, cazando peces, cangrejos, etc. Bueno, todavía se está empezando a discutir, hay que investigar mucho, pero tiene muchísimo sentido, y explica todas las grandes diferencias entre el ser humano y los demás primates. Por ejemplo, la desnudez de la piel. No hay un solo mamífero terrestre que tenga la piel desnuda. En cambio, sí la tienen muchísimos mamíferos totalmente acuáticos como la ballena, el delfín, etc., o parcialmente acuáticos como el hipopótamo y el tapir.

DMITRI.- Perdimos el pelo porque estábamos directamente expuestos al sol, que además era cada vez más fuerte; el cambio de temperatura fue muy grande. También se habla de la disminución de la carga parasitaria por la selección sexual. Además, ¿cómo no va a haber otros mamíferos terrestres con la piel desnuda? ¿Y el elefante? ¿Y el rinoceronte? ¿Y el cerdo?

STÈPAN.- Todos esos animales vadean o buscan el lodo y el agua, y están empezando a descubrir que todos esos animales tienen antepasados acuáticos. Pero hay muchos argumentos más: Mirá el bipedismo.

SERGEI.- ¿Caminar sobre dos pies?

DMITRI.- En las sabanas el australopiteco empezó a necesitar tener las manos libres para cazar y correr rápido, para mirar por encima de los altos pastizales, para usar herramientas, etc. Además de la creciente molestia del sol en la espalda.

STÈPAN.- Pero la evolución es un proceso muy largo, y ponerse a caminar de repente sobre dos patas es imposible, no te aguantaría el cuerpo, el peso sobre las rodillas y la espina dorsal sería inaguantable, incluso los órganos y los pulmones estarían en serios problemas. El cuerpo necesitaría algún sostén transicional… como el agua. Pensalo, el único momento en que los monos caminan en dos patas es cuando vadean ríos.


Estas palabras dan pie a un silencio. La niña sólo escucha. A la madre parece molestarle más la tensión entre padre e hijo que los argumentos a favor o en contra de la teoría. SERGEI mira a su hermano, como encantado.


DMITRI (A la defensiva, algo eufórico).- ¡Pero, ¿dónde están los fósiles que lo prueben?!

STÈPAN.- Es sólo una cuestión de tiempo. Hay que tener en cuenta que el nivel del agua era entonces mucho menor, al derretirse una gran cantidad de hielo, el nivel del mar subió y estos fósiles tienen que estar enterrados en las profundidades del océano. Pero hay todavía bastantes más pruebas. La capa de grasa subcutánea que tenemos los humanos, no la tiene ningún otro primate. Ellos tienen la grasa almacenada adentro del cuerpo, sólo en los mamíferos acuáticos se registra una migración de la grasa hacia afuera y dispersada en una capa bajo la piel. En la ballena este proceso es completo, no hay nada de grasa adentro del cuerpo. Los humanos tenemos esta capa de grasa bajo la piel, y es por eso que tenemos la capacidad notable de volvernos totalmente obesos. Mirando a su hermana, sonriendo, como vos, gorda. Ella se ríe y lo mira con amor y admiración. Después está nuestra posibilidad fisiológica de hablar. ¿Por qué podemos hablar? Porque sabemos controlar nuestra respiración, ¿qué otros animales saben controlar la respiración? Las aves marinas y los mamíferos acuáticos.

DMITRI (Termina un vaso de vino y lo devuelve vacío a la mesa con un fuerte golpe que lleva tensión a todos los rostros).- ¡Eso es una falacia! fue nuestra necesidad de comunicarnos y el desarrollo de la complejidad del lenguaje lo que hizo que aprendamos, muy gradualmente, a controlar la respiración. No al revés.

STÈPAN.- Y parece que el fósforo proporcionado por la dieta de peces y crustáceos fue lo que optimizó el desarrollo de nuestra inteligencia. Te recuerdo que el segundo animal más inteligente del mundo es el delfín… Después está nuestra fisiología aerodinámica, ¿te imaginás un gorila tirándose al agua de cabeza sin salpicar, o nadando como lo hacemos nosotros? El poco pelo que tenemos también sigue este patrón aerodinámico. Hay muchas cosas más, como lo que llaman el mammarian diving reflex, reflejo por el cual el contacto con agua fría en nuestra cara causa una repentina ralentización del ritmo cardíaco, entre otros mecanismos que optimizan el oxígeno.

DMITRI.- ¡Eso es una reacción a la hipotermia, tarado!

STÈPAN.- Que no lo quieras aceptar no salva el hecho de que esto sea cierto. Es sólo una cuestión de tiempo e investigación. Vas a ver cómo dentro de unos años lo van a enseñar en las escuelas. La remerita esa de la evolución del hombre va a quedar obsoleta, como le sucedió al mapamundi anterior al descubrimiento de América. Va a cambiar el paradigma, la imaginería, la mitología. Parece que el artículo de Wesley habla sobre esto. Sobre los efectos culturales y sociales del descubrimiento, y también sobre científicos anticuados y reaccionarios, como vos, que no lo van a querer aceptar, que van a hacer todo lo posible por mantenerlo tabú, por apartarlo de la comunidad científica y desecharlo junto a los OVNIS y los Yeti. Pero es puro miedo.


El resto de la cena transcurre en silencio.



martes 8 de septiembre de 2009

Amuma

Mi abuela cuenta su prehistoria, "muy romántica y muy triste", que sucede entre Filipinas y el País Vasco en los primeros años del siglo XX.
Hay que subir el volumen.

Algunos datos:
Aita, Ama, y Amuma, son Papá, Mamá, y Abuela, respectivamente. Lekeitio es un pueblo de la provincia de Vizcaya, en Euskadi. Ormoc es una ciudad de la provincia de Leyte, en Filipinas.
Mi abuela nació en Manila en 1918. Vivió en una decena de lugares distintos en los países de Filipinas, España, Uruguay, Argentina, Estados Unidos. Habló castellano, tagalog y euskera de chica, castellano e inglés de grande. Tiene siete hijos, diecisiete nietos, nueve bisnietos.

Filmado en la ciudad de Donostia (San Sebastián) en agosto del 2009.


sábado 29 de agosto de 2009

Johnny's in the basement

"Here is a survey to see if you are mind-controlled at all.
If you have these symptoms, let me know.

The following symptoms are of the harassment typical of electronic mind weapon targets. I took this survey myself and found many of them to be happening to myself.:

1. You find that all of your family, friendship, and business relationships are going sour and you have done nothing to cause this.
2. You find that "accidental" blocking of you as you walk or drive about, by strangers, has increased dramatically and every day brings several "blocking" incidents. E.g., someone slips ahead of you at the bank machine or grocery checkout, or with cars in unexpected places in parking lots. This is part of what targets call "street theater". THIS IS ABOUT BLOCKING *FAR* MORE FREQUENT THAN THAT WHICH OCCURS IN NORMAL LIFE, NOT THE USUAL OCCASIONAL OCCURENCES.
3. Telephones frequently have static or tones or echoes; you have lots of "wrong number" calls
4. Street lights going out as you pass under them, walking or driving
5. Your watch and other batteries going dead often far too soon to be "natural" deaths
6. You find that you are coming suddenly awake at precisely the SAME TIME, middle of every night
7. Inescapable voice in your head and you are not mentally ill
8. Ringing in ears - may start/stop when switching on or off electronic devices
9. Fake telephone or clock ringing or fake knocking on your door
10. Fake, loud bird calls, outdoors, which follow you everywhere
11. Hot needles deep in your flesh, especially when trying to sleep (also called "stings")
12. Limbs jerking wildly, especially when trying to sleep
13. Extremely powerful itching which may start as small electrical shocks
14. Very fast heartbeat while relaxed (not having exercised recently)
15. Very high body heat, no fever, relaxed, cool surroundings
16. Vibration, large area of your body, or, nearby objects which should not vibrate normally
17. Forced awakening, can't go back to sleep, as if on high doses of caffeine
18. Vivid 3-D images while awake, eyes open or closed
19. Urges to go somewhere you don't need to or at times you would not go there
20. Neighbors can see thru walls, possibly by sounds from them which "follow" you
21. Repeated instances where it seems your mind is being read
22. Repeated evidence of break-ins, small scale thefts, and sabotage both at home and at work
23. Sudden "drop-you-in-your-tracks" fatigue at times you should not be tired"

http://www.greatdreams.com/mind_control.htm

A través de Voices Revealed, blog de Philip Garrido, un amigo de California.

lunes 17 de agosto de 2009

Bird

sábado 15 de agosto de 2009

Esto quémalo, Brod, ¿me oyes? Lo quemas.

Fork in the Road

“Father.”

“Yes, son.”

“I wanna kill you.

“Mother… I wanna… fuck you.”

The Doors

i.

Lo corro por la avenida, por el medio de la avenida, ya pasamos la encrucijada donde está la parada de subte y el teatro, lo acorralo en una esquina, cansados ambos de correr, lo sostengo contra una puerta metálica que hace unos ruidos totalmente desproporcionados cada vez que lo sacudo contra la puerta metálica. Le muestro mis pensamientos, le muestro un dolor como heredado, como una cicatriz tatuada. Él lo acepta, incluso cuando me obligaba a perseguirlo lo estaba aceptando. Intermitentemente soy él y soy yo. Algunas veces siento la puerta de metal en mi espalda mientras me sacude y me grita como telepáticamente, sólo se escucha el ruido de la puerta, después estoy de nuevo agarrándolo por las solapas del traje y llevándolo de adelante para atrás y el grito también es tácito, tampoco se escucha más que los ruidos metálicos que suenan en el piso y atrás mío también. En un momento lo miro directamente a los ojos y mientras lo veo caer al piso sé que no tiene ni una gota de sangre en el cuerpo, lo veo en sus ojos que se me quedan mirando mientras todo el cuerpo se deshace y queda suspendido de las solapas del traje y de mis puños cerrados. Y todavía se alterna mi conciencia entre las dos personas, pero en el momento que yo suelto lo que ahora es carne muerta colgando de un traje, se queda trabada la conciencia en él, caído en el piso, muerto, veo la calle y los faroles encendidos desde el piso, en la vereda, mientras la otra persona, que básicamente es mi hijo, se va caminando, haciéndose cada vez más chiquito. O yo soy su padre, no sé. Cuando él se va todavía no despierto, me quedo mirando el camino durante un rato y es en ese momento cuando me lleno de ese pánico que me hace despertar sudando.



ii.

Me despiertan los ruidos. A veces cuando me despierto y no me acuerdo del sueño siento que no pasó ni un segundo desde que me quedé dormido hasta ahora. Ahora lo siento así pero no tanto porque creo que soñé algo como una pelea. Los ruidos son Papá y Mamá que parece que se están peleando. Primero un poco bajito pero los escucho, y después es más que nada Mamá que le duele algo, cada vez le duele más y yo en mi cabeza voy probando diferentes imágenes pero ninguna funciona, a veces me imagino a Papá como estrangulándola pero tampoco es ese el ruido. Le duele mucho y cada vez le duele más fuerte, trato de pensar qué estará haciendo Papá y por qué no la ayuda, deben estar muy enojados. Tengo miedo pero no me animo tampoco a cerrar la puerta, me tapo hasta el pelo con las sábanas pero lo escucho igual. Cada vez más fuerte el dolor que no conozco, que no sé, como cuando lloro pero mucho más. Después para. Me imagino un charco de sangre en las sábanas blancas y no me puedo sacar esa imagen de la cabeza. Cuando pasa un rato en silencio pienso en ir a ver. No es como cuando voy a dormir a su cama porque no me animo a ir a dormir a su cama, pero quiero ver qué pasa. Voy despacio, camino el pasillo que parece más largo que lo normal, de las tres puertas me meto en la del medio, después otro pasillo muy largo, cuando llego a la cama están como peleando. No se dan cuenta de que estoy ahí. Están como haciendo lucha libre, agarrados uno al otro y dando vueltas en la cama, Papá no tiene ropa y Mamá solo tiene la parte de abajo del pijama de flores. Me da mucho miedo y me vuelvo a mi cuarto.


Esto te lo cuento para que entiendas lo que acabo de soñar. Estás tirada en la cama mirando al ventilador del techo y de alguna manera le estás restando importancia a lo que te estoy contando. En el sueño que tuve recién, era yo el que estaba jugando a la lucha con mi vieja, claro que en el sueño sabía que no era la lucha, y estamos dando unas vueltas en la cama igualitas a las que daban ellos esa noche. Pero lo más loco es que ella tiene puesta la misma parte de abajo del pijama, ¿entendés? El pijama ese de flores, treintipico años más tarde sueño un puente entre ese recuerdo y lo que está pasando ahora, acá en esta cama con vos. No sé si querés escuchar esto.



iii.

Sucede que ahora me estás buscando, entre las sábanas nupciales ayer colocadas, un gesto de madurez que siento casi infantil me roza la piel en la oscuridad, las sábanas también me acarician expresivas, como queriendo estar a la altura del momento. Primero tu barba en mis piernas, tus labios en mis pies, tus manos en mis muslos, tus manos en mi sexo, tus manos dándome placer, el dedo índice que sé que es índice, que sé que es tuyo. Un pequeño como eco entre las sábanas que van conociendo nuestro sudor. Pedro duerme en su cuna a pocos pasos, su cuerpecito lo siento en mis tetas llenas de leche, las que me estás masajeando, a las que sé que te vas a ir acercando poco a poco, tu barba está ahora en mi ombligo pronto va a estar apoyada básicamente en mi corazón que se quiere salir de donde lo tengo guardado. Estás a punto de hacer algo por primera vez pero sé que lo vas a hacer, incluso antes de que tus labios rodeen uno de mis pezones sé que lo vas a hacer. Antes de que me suceda ese sentimiento extraño entre cosquillas y dolor ya sé que va a suceder y que me vas a ir sacando la leche de a poco como con un tenedor, lo cual es un poco forzado, hasta yo me doy cuenta de eso. A pesar de que la persona que está escribiendo esto sea un hombre, a pesar de que ese hombre nunca haya tenido hijos, a pesar de la ficción, del sueño, de la oscuridad, de Pedro que de repente hace unos ruiditos como sospechando algo, así y todo puedo sentir esa fluidez natural que conozco, cuando mi cuerpo es una canilla, cuando mi cuerpo es vida, es comida, yo conozco esa sensación, y es la que tengo ahora entre el sexo y entre mi relación con vos y entre las sábanas y no es que esté pensando, cuando se tiene sexo no se puede pensar en nada, pero alguien lo piensa en mi lugar y alguien me pone estas palabras en el coco mientras también me masajeás el clítoris que después de tanto tiempo finalmente lo aprendiste a hacer bien. Creo que incluso sé lo que va a pasar después; te vas a quedar ahí tirado en la cama mirando cómo giran las tres hélices del ventilador y fumando y me vas a contar un par de sueños y me vas a preguntar si no entiendo lo que acaba de pasar y yo me voy a sentir como una tonta diciéndote que es natural, que es el camino de la vida y otras perogrulladas estúpidas y en el fondo lo que va a estar pasando es que te voy a estar entendiendo de esa extraña manera que sólo sucede cuando no entiendo nada de lo que estás diciendo; cuando no puedo entenderlo, sólo puedo escucharte hablar de tus sueños y de tu familia y de tu infancia. Y quizá –no sé, qué voy a saber yo sobre lo que les pasa a los hombres, especialmente vos que estás más mambeado, pero quizá– en el fondo vas a estar orgulloso, te vas a fumar ese cigarrillo como si debajo de la cama estuviera el cuerpo putrefacto y asesinado de tu viejo y arriba de la cama el cuerpo desnudo y cogido de su mujer, tu mamá. ¡Quién me mandó a casarme con un psicoanalista! Uno más loco quel otro. ¿Cómo era eso de Dios los cría…?


lunes 3 de agosto de 2009

Viaje de verano: Los kilómetros del tren

En primavera

PERSONAJE.- Vamos a llegar cerca de las tres.

NARRADOR.- El tren ya había arrancado. El ruido de los vagones sobre las vías no era demasiado fuerte pero, de una manera como histórica, seguía llegando al alma.
Cuando iban pasando unos alambrados con un fondo de praderas, PERSONAJE comenzó a recordar algo, una fuerza del pasado que se le venía encima como si la estuviera sintonizando en la radio. Los altos pinos le sugerían recuerdos específicos, nada era al azar. Lo sé porque me lo iba diciendo, me iba diciendo cosas como: “Cuando yo era joven vivía con una mujer. Esto te lo voy contando como lo veo en los pinos. Esto me sucedió a mí. Cuando yo era joven mi mujer era también joven. Vivíamos en un bosque de cedros y te digo que veo cada cedro, veo cada arbusto y las piedras. Corría el río lo bastante cerca como para sentirlo todo relativamente perfecto, más cerca hubiera ahogado el ruido del agua el canto de los pájaros. Yo no te puedo decir que esto me pasó a mí o esta ventana del tren con los tejados de color rojo y las sombras de las siete de la mañana estival. Pero sí te digo que el recuerdo me pertenece y que ahora sólo tengo ese recuerdo. Que me viene en forma de cuento al ver pasar ese puente de autopista y esos coches de colores. Te digo que el recuerdo es exacto. Puedo ver nuestra cabaña, que la construí no me acuerdo con la ayuda de quién. Me es imposible recordar la construcción de la cabaña porque ya está construida en este recuerdo y este recuerdo es lo único que me pertenece.”

PERSONAJE.- Todo ese maíz que va pasando es parte del recuerdo, o el recuerdo parte de esos campos, de esas hileras verdes deshilachadas con las regaderas automáticas en su horario matutino. Yo le iba a construir a mi mujer un mirador. Le iba a construir un mirador más alto que los árboles para que ella pudiera subir ahí y mirar por encima de los árboles; mirar hasta los horizontes donde sucedían los amaneceres y atardeceres que apenas percibíamos bajo las copas de frondosa arboleda. Y te digo que hacer este viaje es como ir a comprar la madera, es como hablar con el hombre de la ferretería y como tomar las diferentes medidas con el metro amarillo.
Ahora mismo estamos tomando el té en la cocina y escucho el cuchillo raspando contra las tostadas un poco quemadas, es un sonido que me lo sugiere el que tenemos acá bajo los pies, del tren, que también me sugiere el canto vespertino de los pájaros y la suave voz de mi mujer. Y aquella luz de primavera, rigurosamente filtrada casi al azar por los árboles de la tarde está acá y como tiñe los cipreses que vemos allá lejos como si no fuera temprano en la mañana de un día de verano. Nunca había tenido un recuerdo así.
Cuando yo empecé a construir el mirador ella me contó que estaba desarrollando las ideas para otra novela. Te digo que ahora mismo no te puedo decir ni los títulos de las novelas anteriores, pero me viene el recuerdo con la configuración de una concubina que ya escribió unas novelas etc. Viene todo junto. Me dijo que se iba a llamar Ojos de gato, patas de dragón, el título al principio me causaba un tipo de impresión, que es el que siento ahora mientras ella me da las primeras ideas de la novela, lo imaginaba como una olla grande de bruja hechicera y cómo los leños quemaban y dejaban grandes brasas sobre las cuales se apoyaba la olla. Y esa impresión me viene con el fuerte color de los jacintos que crecían libremente rodeados del olor de la nueva primavera, y no te puedo explicar cómo este verano y este aire acondicionado se van llenando de polen primaveral. Ella me hablaba de la novela mientras yo cortaba unas vigas de madera con una radial. Que es lo mismo que decirte que ella me hablaba de la novela mientras el tren para en este pueblo y el mundo se detiene y se sube esa mujer rubia con el pelo atado y la blusa color salmón.
Veo las vías quietas y veo sus labios moviéndose mientras estoy comiendo una manzana roja en un descanso y ella me dice:

ELLA.- Hay dos personajes, uno es un gato y el otro

PERSONAJE.- Un dragón.

ELLA.- Claro, hay un gato y un dragón. El texto va narrando la historia de uno y mientras tanto, en unas notas al pie, va narrando también la historia del otro, que constantemente ofrece la contracara del episodio narrado. El juego de dualismos se basa en los opósitos guerrero/poeta y nómade/ermitaño. Así, los escenarios de la novela son una cueva y el mundo. Cada animal sufre los procesos de convertirse en guerrero y en poeta, en cada uno de los escenarios. Por ejemplo, el texto va narrando cómo el dragón llega a la cueva y se va aislando del mundo y va profundizando el sentimiento bélico y la defensa de su cueva; mientras que las notas van desarrollando el camino del gato que, recorriendo el mundo, se transforma en un sensible poeta. Pero no voy a dar todas las combinaciones posibles, porque quiero que el texto se divida en dos partes. En la primera el texto principal es sobre el gato, y las notas al pie sobre el dragón, en la segunda el texto principal es sobre el dragón y las notas al pie sobre el gato. Creo que voy a hacer que en la primera mitad de la novela, el gato es un poeta ambulante y el dragón poeta ermitaño, y después en la segunda mitad, el dragón es guerrero conquistador y el gato es guerrero defensivo.


En verano

PERSONAJE.- Iba modificando la organización y corrigiendo las ideas y la novela iba tomando forma. Los girasoles apuntan hacia el tren y yo estoy empezando a terminar la estructura base sobre la cual voy a construir el mirador. Se abre un descampado lleno de árboles talados y yo veo los anillos de agua que deja el vaso con hielo donde sea que lo apoye, cada gota de condensación y el verano que esconde es una parte inamovible de este recuerdo y está todo escrito en las violetas que decoran el pórtico de esa finca. Cada tornillo y todos los clavos que voy poniendo están aclarados en el tren que pasa en la otra dirección mientras el ruido trabado del encuentro se repite en cada ventana hasta que se va y nos vamos.

NARRADOR.- Todo esto le sucedía a PERSONAJE, días como ese entraban y salían por su memoria completando el proceso y decía todo en voz alta, lo que ambos veíamos por la ventana y lo que él veía en lo que veía por la ventana. Él trabajaba en el mirador, para ella, y ella le hablaba sobre la novela que escribía. De hecho la iba escribiendo mientras se la contaba. Y él a su vez me lo contaba a mí que, en el asiento de enfrente y mirando por la misma ventana y consintiendo los mismos movimientos del tren (yo de espaldas y él de frente a nuestro destino), me maravillaba por la historia que no terminaba de creer verdadera.


En otoño

PERSONAJE.- Ella estaba trabajando mucho en el estilo de las narraciones. Porque acompañando los procesos de poetización y militarización, había una transición gradual del estilo que se iba poetizando y como resecando, respectivamente. Al éxtasis poético le correspondía un estilo barroco y sobrecargado; al militar uno clásico y austero.
Yo estaba haciendo una escalera caracol bastante curiosa, y no me faltaba mucho para terminarla. Esos troncos apilados tan prolijamente al costado de las vías tienen el mismo signo que un atardecer de otoño, cuando el trabajo no estaba tan importunado por el calor pero que cada día tenía menos horas de luz para llevarlo a cabo. Yo quería poner algunas maderas más antes de cerrar el día y ella me hablaba del momento en que se cruzan el gato y el dragón, en la mitad de la novela.

ELLA.- Cuando el gato llega a la cueva del dragón, ya ha sufrido un proceso completo de poetización, ya ha tenido su clímax romántico de absorción del mundo y necesita un lugar para aislarse. El dragón, en las notas al pie, ha estado viviendo en la cueva como guardián y protector, pero con el pasar de la narración, se va interesando por conceptos poéticos como el honor y la venganza, y también se va poetizando, culminando en el mismo episodio en el que culmina el sentimiento poético del gato. En el momento en que se encuentran, el gato se aísla en la cueva del dragón y el dragón sale a descubrir el mundo. Acá viene la transición a la guerra por parte de ambos, que también tiene su momento cumbre, en la visión de sus mundos respectivos y en el estilo de escritura, que luego desciende hasta que se vuelven a encontrar y termina la novela.
En otoño la luz cambiaba, los cedros se mantenían iguales pero los álamos que poblaban el litoral perdían las hojas que luego se desperdigaban por toda la zona, el viento las llevaba hasta la entrada de la cabaña y traían consigo un poco de luz que venía del lado del río como si fuera el final de un túnel, de una cueva.


En invierno

PERSONAJE.- Los campos de maíz son ahora mucho más extensos y las estructuras de las regaderas mucho más grandes y elaboradas. Al costado de las vías siempre acompañan los cables de electricidad que, entre poste y poste, descienden un poquito. Es uno de esos vientos fríos de invierno que se calan en los vagones del tren como si fueran huesos. Ese vallado de madera, más lejos que las vacas, desprende el olor del café con leche que ella me trae después del mediodía, en una bandeja que también tiene un cigarrillo y un encendedor.

ELLA.- Haciendo referencia a situaciones cronológicas e históricas específicas, la novela va trazando una disposición temporal. Mientras narra una historia va mostrando el paso del tiempo, pero en las notas al pie va mostrando otro distinto, de modo que al final se hace claro que uno va hacia adelante y el otro hacia atrás y que cuando termina la novela, empieza en marcha atrás de vuelta hasta el principio; y que toda la historia del dragón, primero en las notas al pie, y en la segunda mitad como narración principal, en realidad está contada al revés.

NARRADOR.- PERSONAJE dibujaba un ocho con el dedo en la ventana que veía pasar cosas verdes a mucha velocidad; un ocho horizontal, como un infinito. Me decía: “Imaginate la historia del gato como una onda que sube por acá y llega arriba, a la cresta de la onda, cuando culmina el proceso de poetización, después empieza a bajar, acá en el medio se cruza con el dragón y toma su cueva, la onda sigue bajando mientras el gato (que en la segunda mitad de la novela está acá abajo, en las notas al pie) se va oscureciendo como ermitaño y en vez de una visión poética de su retiro empieza a concebir una realidad mucho más violenta y la necesidad de cuidar su cueva de los peligros inminentes. Esto también llega a un punto máximo que es esta parte de abajo de la onda, que después empieza a subir de vuelta hasta llegar al final de la novela.” Con el dedo había dibujado una onda periódica completa, y ahora estaba dibujando otra igual pero inversa, como completando un ocho. “La otra mitad del ocho es la historia del dragón, que en las notas al pie también se va poetizando y llega al punto máximo en el valle de la onda, después empieza a subir, acá se encuentra con el gato,” marcaba como una cruz en el punto medio en el que se cruzaban las dos ondas, “y después sigue subiendo, ahora estamos en la segunda mitad de la novela cuya narración principal es la del dragón, mientras deambulando por el mundo se va enturbiando y una fuerza guerrera y violenta va creciendo en él. El punto máximo es la cresta de esta onda, después se va relajando hasta que llega al final.” Yo no entendía nada, pero lo había visto trazar en la ventana dos ondas completas, cada una la simetría exacta de la otra, sobre el fondo cambiante de parches de árboles de diferentes texturas y campos con diversa siembra. “El tiempo de narración, en el sentido cronológico, es correcto en el caso del gato, que es esta onda de acá, pero está invertido en el caso del dragón. El primer episodio del dragón es en realidad el último, el segundo es el penúltimo, etc. Entonces la línea de tiempo de la novela es así.” Recorría con el dedo la onda del gato y cuando llegaba al final empezaba de vuelta hacia atrás por la onda del dragón, trazando un ocho. Esto lo hizo varias veces. A veces el tren pasaba por pequeños valles donde la línea de los árboles se acercaba y sólo se veían manchas verdes en movimiento, en toda la ventana.


En primavera

PERSONAJE.- Cuando estaba terminando el invierno me empecé a apurar porque lo quería tener todo listo para el día de la primavera. No me faltaba mucho, algunos últimos detalles y aplicar el barniz. Ella también se acercaba al final de su trabajo; estaba básicamente corrigiendo el manuscrito. Ese tren de mercancía, con manchas de óxido, frenado dos vías más allá, pronto empieza a desprender olor a barniz, el mismo barniz que se me pegotea en las manos y en el puño del pincel, en tanto que ella me dice lo poco que le falta. Mientras se seca el barniz leemos la novela juntos, aunque yo ya me la sé de memoria y la podría recitar ahora mismo si hiciera un examen minucioso de esas nubes y de ese gallinero cercado en donde parecen flotar las plumas blancas.
Un día nos despertamos y ya no olía a barniz, y ese día era exactamente el equinoccio de primavera, esas cosas se sabían, incluso sin calendario, y yo, descalzo, la levanté descalza del piso y la llevé caminando por el pasto que ya empezaba a tener jacintos otra vez y no le dije nada pero tenía los ojos cerrados, el manuscrito en sus manos, y la subí ahí arriba y cada escalón era un grado menos de sombra proyectada en su cuello hasta que ya estábamos arriba mirando para todos lados entre besos entre caricias.
Muchos días nos quedamos arriba, descender no parecía tener sentido, las necesidades corporales como el sueño y el hambre habían en cierto sentido desaparecido y cada día tenía un amanecer y un atardecer y veíamos cada sombra cambiar en cada hoja de cada árbol; durante la noche sentíamos cómo el sol recorría el otro lado del mundo, lo sentíamos en los pies en las manos. A veces, como ahora mismo, el cielo se iba llenando de nubes que concluían en lluvias que nos mojaban, el ruido de las gotas por todo el bosque y por nuestros cuerpos lo escucho en la acequia aquella bordeada de piedras, esa, a la izquierda de esos campos, creo que son de soja.

OTRO NARRADOR DISTINTO.- Después estuvieron un rato sin hablar, cada uno mirando su propio paisaje en la ventana. De un momento a otro PERSONAJE miró a NARRADOR y era la cara de hablar y le dijo “Después descendimos juntos, casi flotando, y nos metimos en la cama a dormir, como este momento en el que los campos se convierten en arrabales en calles en autopistas en mercados en oficinas en túneles en la estación.” Miró su reloj y dijo: “las tres y cuarto, más o menos lo que predije.” Se levantó un poco más tarde que los demás, ahí NARRADOR se dio cuenta que no llevaba equipaje. Su mirada se le fue antes de que se dejaran de mirar, después se fue él, entre los otros pasajeros. NARRADOR se quería bajar también, era el final del recorrido, por algo había cubierto el trayecto, pero en lugar de hacerlo se quedó sentado en su lugar que ya no miraba hacia atrás sino que miraba hacia adelante; y a los minutos el tren comenzó en ruidos que culminaron en un pitido fuerte y consistente que emprendió la vuelta a casa. Cada uno de los pasajeros había sido sustituido por todo lo que había en el mundo que no fuera sí mismo. NARRADOR apreció el fenómeno con especial claridad mirando al hombre que ocupaba el asiento de PERSONAJE, ahora de espaldas al otro extremo de la historia que estaba, de alguna manera, empezando.

sábado 25 de julio de 2009

Más cuaderno


jueves 9 de julio de 2009

Las Kellies en Electric Barcelona

jueves 2 de julio de 2009

Deus ex machina


Se me ocurren dos explicaciones. Una es que la excavadora está plantando la semillita del edificio, lo cual pone fin a la erradísima concepción que tenemos sobre la manera en que se construyen los edificios y la vida. La otra es que la excavadora, de la familia de las Cat, está entrenada para remover la tierra después de hacer sus necesidades, lo cual me llena de conmiseración trágica.
En todo caso, el hombre es sólo una parte de la máquina, como Krang, el monstruo rosa de las tortugas ninja, el dibujito animado.

Originally uploaded by mikelmikelmikel

miércoles 1 de julio de 2009

Las que limpian

myspace.com/laskellies

viernes 26 de junio de 2009

Cuaderno

Yo hago lo que me pidan. Te juro. Y si me lo pide un lector del blog, tomo mate con azúcar, o té de transición, o tostadas con plan quinquenal. Cataratas envasado al vacío, lo que haga falta. Y si tú quieres una manzana, te daría la de mi barrio. (pam, pam)

No pude subir algunos dibujos que me gustan porque mi escáner, que es muy inteligente, me los corta por donde se le da la gana, y es imposible razonar con esa cosa.












jueves 25 de junio de 2009

Y de repente, scaner

lunes 22 de junio de 2009

Remera de Johnny Cash

Canción: Daddy Sang Bass (escrita por Carl Perkins en 1969)


viernes 19 de junio de 2009

¿Cómo lo saben?


¿Por qué los demás pueden y yo no?

martes 16 de junio de 2009

Más poesía en el mar

(Lo cual es una lástima para mis pacientes lectores porque mi pluma versificada apesta más que la otra)


¿Cuánto tiempo está dibujado
en la roca?
Las sombras del árbol
agregan al dibujo
un punto en la marea
entre la luz y el viento
hacen el diseño
de reflejos y fantasmas
que también se ve
en el fondo del mar
que está acá
que es piedras y arena
que son piedras chiquitas
como los pétalos amarillos
que salen de la roca
los piñones de los árboles
no se distinguen
en las sombras
en la roca
que va hacia arriba
que salió del mar
hace mucho tiempo
hace tanto
menos tiempo
que los árboles
que salen de costado
en la roca
cuarenta y cinco grados
más o menos
también hay tierra
en la roca
de donde salen los árboles
pero es más arriba
a unos cinco metros
del agua
más o menos

Una gaviota
atrapó algo
se lo lleva en el pico
debe estar contenta
como sus crías
ya no está más
se fue a su nido
cuando esté muerta
seguirá estando

La roca tiene puntas
que hacen líneas triángulos formas
un arbusto nace
en la roca
recorta el mar y el cielo
en un sólo momento
en cualquier momento
suceden todas las cosas
el ruido del mar
ablanda las cosas
suaviza las piedras
las hojas duras del pino
las agujas de pino
secas
reposan en los bordes
horizontales de la roca
terreno de hormigas
bastante grandes

lunes 15 de junio de 2009

Fin de semana en Tossa de Mar, Girona

El horizonte
que es la única línea recta
en la naturaleza
va hacia los dos costados
y después se esconde
entre unas ramas
la tierra
y mi hamaca
que es más que nada violeta
pero que también tiene
amarillo
celeste
rojo
blanco
y rosa.


video


-
más material:
magia parcial y prefiguración en la ida
foto de ocho segundos

jueves 11 de junio de 2009

Son muy cancheros

hacé claqué para agrandarte:



lunes 8 de junio de 2009

Haiku en el jardín botánico

Se me acerca
con el ala torcida
esa paloma.


Una paloma,
el ruido de las hojas
y otra paloma.


En el pasto
unas cintas azules.
El jardín botánico.


De repente
un cuervo se va volando.
Dos palomas.


No alucino
el verde brillo
en el viento.


Cuatro palomas.
Luego de un arbusto,
tres palomas.


Otro cuervo
ha vuelto
el mismo cuervo.


El jardín botánico
es un mosquito
es un perro.


La corteza
del árbol que veo.
El acto de escribir.


Si fuera diestro
tendría en la izquierda
el palito que tengo.


Papel de aluminio.
El cuervo todavía
en la rama.


Es imaginable
la línea recta o cualquier cosa
mirando ese pino.

viernes 5 de junio de 2009

El Palacio de Versailles

Primer trabajito con el Premiere, se hace un poco largo por su repetición y monotonía, pero al final pasa algo. Matan a Bill.

Canción: "Red Right Hand" del álbum Let Love In del enorme Nick Cave.


video


¿Alguien me puede decir cómo hago para poner un video que después se pueda ver en pantalla completa?


jueves 4 de junio de 2009

But on the elevator, no 13th floor


Bajo, medio y alto. En tres lugares diferentes.

viernes 8 de mayo de 2009

Contar hasta diez mintiendo

1.
Tomorrow,

“Full of sound and fury”… ¿eso no es de Macbeth? Preguntó Pau, con la carta en la mano. Pau estaba en un sillón y Martín en el otro, justo en frente. Martín daba tragos muy largos, los de Pau eran más cortos pero menos pausados.


2.
and tomorrow,

, contestó Martín, por eso te digo que el título de Faulkner tiene que ser una referencia a Shakespeare. De hecho, ―esto se me acaba de ocurrir ahora― en el monólogo dice “’It is a tale told by an idiot”, y la primera parte de la novela está narrada desde el punto de vista de un retrasado mental. Pau no dijo nada y apoyó el vaso en la mesa, con fuerza.


3.
and tomorrow.

Volvió a doblar la carta y se la metió en el bolsillo. Apagaron las luces, era el final de la obra. El público aplaudió enloquecido. Era la última función y los aplausos iban dirigidos más que nada a Pau. Desde el principio lo habían alabado mucho más a él. Que el actor catalán esto, que el actor catalán lo otro. Martín no pudo dejar de sentir algún remordimiento por haber elegido a ese actor, quería a alguien bueno, pero no alguien que le quitara el protagonismo, que lo dejara al margen como lo había hecho Pau. El hecho de que la relación se hubiera arruinado le molestaba un poco menos. En la fiesta de Quentin esa noche, cuando se quedaron solos, no pudo evitar sentirse incómodo.


4.
Tomorrow,

La primera sonrisa fue la de Pau y era falsa. La música quizá agregaba a la incomodidad, y ambos miraban alrededor como buscando una sugerencia para la conversación. Pau, con una mano en el bolsillo, sujetó la carta. Estuvo a punto de sacar el tema, pero entendió que era absurdo.

5.
and tomorrow,

Martín dejó el vaso sobre la mesa y se acercó a Pau. Se acomodó a su lado y le puso una mano en el hombro. Pau hizo un gran esfuerzo por no mostrar una reacción negativa, y Martín empezó a acariciarle el pelo. Después se besaron. Pau lo veía necesario, como un último sacrificio. Al cabo de un rato, Pau fingió una incomodidad en la camisa y se separó de Martín. Lo miró a los ojos y lo que le quería decir era que en realidad no era su culpa. También le quería decir que no hacía falta hablar del tema. Pero sabía que era inútil, que Martín algún comentario iba a hacer, aunque fuera mentira, aunque fuera una crueldad, aunque se arrepintiera luego. Martín volvió a hablar del libro. Ya vas a ver cuando lo leas, te va a encantar. Leé el prólogo, que es cortito. Te aclara un par de cosas. Por ejemplo, que el nombre de Quentin se usa para dos personajes diferentes, y de distinto sexo: el tío y la sobrina. Pau pensaba más que nada en la carta. No entendía por qué le estaba hablando de esto ahora. Pero al menos era mejor que hablar de lo otro.


6.
and tomorrow.

Martín quería hablar de la obra, pero no sabía muy bien qué decir. Sabía que ésta era la última noche que iban a tener juntos, y algún comentario quería hacer. Aunque fuera mentira. No sabés lo contento que estoy de haberte elegido para la obra, Pau. Aunque fuera una crueldad. El acento gallego les volvió loco. Aunque se arrepintiera luego.


7.
Tomorrow,

Pau lo odió profundamente. Se apartó con brusquedad, todavía sin decir las cosas, pero empezó a mostrar más honestidad en los movimientos. Sacó la carta del bolsillo. ¿Me la mostrás? Le preguntó Martín, y en seguida se arrepintió. Pau contestó con otra pregunta, ¿por qué? Si sabía perfectamente lo que decía, ¿por qué la quería ver?


8.
and tomorrow,

No sé, quiero ver qué te dijo. Ya lo sabés, Martín. Bueno, quiero saber cómo te lo dijo. ¿Qué importa? La música era cada vez más odiosa. De golpe, Pau sabía que no iba a aguantar más. Dejó la carta sobre la mesa, se terminó el trago y enfiló para la puerta. En el camino agarró su cartera, sacó el libro de Faulkner y lo dejó en la mesa de entrada. Hasta mañana, mintió. No volvió la vista, pero se imaginaba perfectamente a Martín agarrando la carta como un desesperado, mientras le decía Paula… Paula…
Justo estaba acabando la canción y el ruido de los tacones la siguió hasta el ascensor.


9.
and tomorrow.

Pau le dio la carta. Martín la agarró y la miró sin prestarle atención. Después de todo, la había escrito él mismo para la obra. Recordaba haberla escrito, haber escrito en la vida real una carta que decía exactamente lo que supuestamente decía la carta en la obra. Sabía que no hacía falta, que para el público era lo mismo, pero le gustaba la idea. Esto es teatro, había pensado. Creo que podríamos seguir trabajando juntos, le dijo. Se levantó. Mañana te llamo, mintió, mañana a la mañana. Antes de irse, se acordó de que Pau tenía su libro, pero no se animó a pedírselo. Saludó a Quentin y se fue caminando a la parada de colectivo.


10.
Tomorrow,

Y eso fue todo. La única vez que se vieron, en una fiesta, Pau y Martín no se hablaron. La pregunta es si realmente habían hablado alguna vez. Yo creo que habían entendido que eran incompatibles, que llevaban caminos muy distintos; caminos que sólo falsamente se habían juntado en algún momento. Pero ahora que estaban más separados que nunca, ahora que habían entendido lo poco que habían compartido, estaban viviendo su primera y única correspondencia, su primera y única simetría. Quizá este hecho los una para siempre.

domingo 26 de abril de 2009

22@2

video

sábado 25 de abril de 2009

22@

Bueno. Este no es el video que quería poner originalmente, es uno mucho más corto, en baja calidad, quería ver si lo podía subir. Por lo que veo no se puede agrandar la imagen ni nada.

video

miércoles 22 de abril de 2009

22 @bril - Día de la tierra

Hoy me pasó algo gracioso. Estaba en clase con mis alumnos (ocho-nueve años). En el capítulo actual estamos trabajando el clima, palabras como sunny, windy, rainy, cloudy, etc. Puse el cassette, y simulaba un weatherman que iba diciendo cómo estaba el clima en los diferentes países de Europa y en Marruecos (son muy políticamente correctos). Cuando tocaba decir el tiempo en España, era soleado, y un alumno dijo, apuntando a la ventana, ¡sí, es verdad! Efectivamente, a esa hora estaba muy soleado. Pero lo gracioso vino después, cuando el señor terminó de decir el tiempo y, a modo de cierre, decía algo tipo And that's the weather for today, Wednesday, April the twenty... Un fade out hizo que sólo se pudiera entender hasta ese punto. Yo, honestamente, estaba un poco distraído y no tuve tiempo de darme cuenta porque una chica -que siempre me cayó muy bien- gritó second! completando la frase; Wednesday, April the 22nd. Volvimos atrás para ver si con el volumen muy alto llegábamos a dilucidar exactamente qué día decía pero fue imposible, no se entendía más que twenty. Yo me exalté bastante, algunos chicos compartían el efusivo entusiasmo y a otros medio que les parecía algo normal. Yo aproveché para contarles que el veintidós es un número mágico y que si de ahora en más le prestaban atención lo iban a comprobar.

Yo este año cumplí veintidós. Los cumplí en Berlín. El día de mi cumpleaños, que este año cayó en Domingo de Ramos, fui con Jose a Mauer Park y compré unas fotos viejas. Un par de días más tarde se las mostré a un amigo de Jose y había una que tenía cosas escritas atrás, estaba fechada, del año 66. Él hizo la cuenta y dijo que había sido hace 44 años. La foto q
ue había comprado el día de mi cumpleaños era del 66, 44 años antes de que yo cumpliera 22. Algunos días más pasaron y decidí escribir esa conversación atrás de la foto. Cuando saqué la foto de mi cuaderno me di cuenta que tenía un sello de numeración y era el 504. A eso le agregué un 09 y unos puntitos y me quedó 5.04.09. Domingo de Ramos.

Mi letra en realidad no es tan mala, es que estaba viajando en tren:



Estoy tratando de subir un video pero está tardando siglos y meses, ¿eso es normal? Es parte del recorrido que hago todos los días en el colectivo que me lleva a trabajar. Hace tiempo que lo vengo queriendo ir a registrar y hoy finalmente lo hice. Es un simulacro del recorrido del colectivo, pero en bici, que termina en el mural que se ve más abajo, que fotografié con la misma miniDV. El Disticte 22@ es el plan de reforma urbanística más grande de Barcelona creo que desde la formación del Eixample (en castellano Ensanche) en torno al 1900 que, bajo las nuevas necesidades industriales, unió todos los municipios -de tipología básicamente medieval- que hoy son la ciudad de Barcelona. Es un proyecto de 180 millones de euros que hace unos años está transformando drásticamente el barrio en el que vivo. Poblenou era la zona industrial más grande de Catalunya en aquellos años dorados de la burguesía catalana. Ahora está dando paso a otro tipo de burguesía, a otro tipo de ciudad. The Times They Are a-Changin'.


Ya que estamos tan fotográficos -esto está quedando larguísimo-: En mi cumpleaños nos sacamos fotos en un fotomatón, después yo junté esas fotos, con otras de las que compré en el mercado, más la tarjeta del lugar al que fuimos a comer. El cuaderno de la izquierda es el mío y el de la derecha el de Jose.

martes 21 de abril de 2009

BOSQUE VERDE Limpia Cristales con Amoníaco













viernes 17 de abril de 2009

Laberinto de Horta (el pueblo ha hablado)

Por demanda popular y considerando la total falta de producción:




Y dentro del mismo viaje de negocios, en sintonía con otra voz del pueblo, momentos felices con estas dos mitades de una simétrica unidad física:

Los árboles se llaman Christian y Martín y son físicos.


En estos saturados tiempos en los que vivimos, sobrecargados de información deshidratado-anglófono-instantánea, un post sin un link está destinado a fracasar rotundamente. No como en la época de nuestros abuelos, esos sí que eran tiempos. Y ni hablar de mi bisabuelo que tiene 140 años y lo llamo y viene y te caga a piñas sin cometer un sólo anglicismo. Él jamás sintió esta presión social por poner links en sus posts.

Pero yo sí: Estas fotos fueron sacadas con una Minolta de 35mm bastante parecida a ésta, en el Parque del laberinto de Horta, que si tienen ojos y saben leer podrán ver acá o en Wikipedia que es el parque más antiguo que se conserva en la ciudad, con un jardín neoclásico del siglo XVIII y un jardín romántico del siglo XIX.


Es un buen viaje de negocios para hacer en Barcelona cuando te cansaste de negociar con Gaudí, más que nada porque está muerto. En el mismo recorrido podés visitar esta escultura de Oldenburg:



Fin del recorrido accesible. (Lo demás es porno gay, nada apto para personas de palito sentadas encima de un semicírculo).

Ah no al final no llegaste al final, esto siempre pasa, te faltaba esto:

O, en su defecto, esto:
("Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura?")

A ver si cerramos el trato de una vez:
Una firmita acá, acá, y acá, por favor. ¿Qué pasa, te sorprende ver la palabra acá del mismo color que las demás?

lunes 23 de marzo de 2009

Velódromo de Horta


Bicycle races are coming your way
So forget all your duties, oh yeah!
Fat bottomed girls
They'll be riding today
So look out for those beauties, oh yeah!

viernes 27 de febrero de 2009

Pagar para ver esto

"...Joseph Addison ha observado que el alma humana, cuando sueña, desembarazada del cuerpo, es a la vez el teatro, los actores y el auditorio. Podemos agregar que es también el autor de la fábula que está viendo."

J.L.B., Prólogo a Libro de sueños (1976)


Me dijo que había un problema en la primera frase. Volví al principio y la repetí en un tono más desgraciado y mirando hacia el techo.
-No, no, usted no entiende, el problema no está en cómo pronuncia usted la frase, sino en la frase en sí.
Le clavé una mirada en lo que yo calculaba era su pecho, pero estaba muy encandilado por la iluminación.
-Sé lo que piensa, que el guión no lo escribió usted. Se lo confirmo: lo hice yo. Además de dirigir, también escribo.
-¿Puede bajar un poco la iluminación, por favor? No veo nada.
-Esto es un teatro, los teatros se iluminan.
-Es sólo un casting.
-No entiende usted nada, ¿verdad?

Empecé a interpretar otra parte del guión, pero me interrumpió.
-No me parece nada verosímil que un cartero hable de esa manera. Esto es teatro, ¿no le parece indispensable adecuar el discurso a las condiciones verbales de cada personaje en específico? Aquí no hay narradores, es la vida real.
La luz era blanca y me empujaba hacia atrás.

-Estoy empezando a perder la paciencia, ¿dónde aprendió usted a actuar?
-Aquí mismo.
-¿Quiere usted decir en esta ciudad?
-Quiero decir en este escenario.
-El de la vida, ¿verdad?
-No comprendo.

Volví a hacer la parte del cartero pero cambiando algunas palabras, dándole un toque más coloquial.
-Ese no es el guión. ¿Me está diciendo cómo debo escribir? Ya le he dicho que el problema no está en cómo interpeta usted al cartero o con qué palabras, sino en el cartero en sí.
-Sólo soy un actor, señor.
-Lo mismo digo.
-¿No es usted el director? ¿O el guionista?
-Sabe lo que quise decir. Que usted es sólo un actor.

Por unos susurros me di cuenta que el director tenía un acompañante. Uno de los dos me preguntó si había preparado también el tercer acto.
-Todo el guión, señor.
-¿Puede recitar el monólogo de las avestruces, por favor?
Me sentí afortunado porque Helena había dicho que el monólogo de las avestruces me salía tal cual.

-¿Pero de dónde saca usted esta.... esta...- Iba subiendo la voz pero no terminaba la oración.
-¿Mierda?
-¿Sí, esta mierda, de dónde la saca usted? ¿Qué tiene que ver unas avestruces con la trama de esta obra? Ni se lo planteó, ¿verdad?
Miré a la voz, miré al centro de la voz, creía estar volviéndome ciego.

-Dígame, ¿recuerda usted el famoso monólogo de La vida es sueño?
-¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción... ¿eso?
-¿No le parece que tiene algo que ver con esta situación?
Yo sudaba por todo el cuerpo, la luz era cada vez más fuerte y calentaba la sala como una caldera.
-Sólo soy un actor, señor, no abarco tales sutilezas.
-¿Quién le enseñó a hablar así? Digo que si no cree que está soñando.
Me acerqué al telón y lo agarré con las manos, examinando la textura de la tela.

Pasado un rato le dije:
-No, no creo estar soñando.
Había ruido de butacas pero la gente no hablaba.
Perdiendo la confianza interpreté la secuencia muda, con rencor.
-¿Estamos en los años veinte? ¿Me ve usted en blanco y negro?
-La verdad que no veo nada, señor.
-En todo caso esta escena no tiene ni pies ni cabeza. Si pretende que se adecúe con naturalidad a la escena anterior está en serios problemas; y si es un homenaje al cine mudo hay que replantearlo.

El público aplaudió animadísimo, se escuchaban bravos, chiflidos y otros sonidos laudatorios. Pero el director los cortó en seco.
-¡¿Cómo le aplauden a esta... a esta... ¡Sinvergüenzas!
Después le susurró algo a su compañero que terminaba con “uno que sepa actuar”.


lunes 9 de febrero de 2009

Deslindando sosias

Esta historia empieza por el principio. Solo que sólo después de escribirla me di cuenta de que esta historia empezaría así, por el principio. El principio de esta historia está en un hotel viejo (aunque renovado) en los campos de Colonia Suiza, es decir, uruguaya. El hotel, el hotel Nirvana, aquel lugar abstracto que empezó siendo en mi cabeza y en boca de los que lo pronunciaban una socarronería New Age (ya que una socarronería grunge era inconcebible dadas las circunstancias), terminó siendo un lugar, y más viejo que Chuck Berry. En la recepción, espaciosa, hay mesitas centradas por sofás. En uno de ellos leo. Hace poco recibí un pedido de libros que me trajo mi hermana de Estados Unidos. Muchos títulos interesantísimos, de Bashō (The Narrow Road to the Deep North and Other Travel Sketches), de Faulkner, de Max Beerbohm. Pero tenía curiosidad por uno de Carver (What We Talk About When We Talk About Love). Fue el que traje a leer a los sofás de la recepción donde me rodea un amplio repertorio de familiares míos. Mi padre me pregunta qué leo y yo hago ese gesto de mostrar directamente la portada, ese gesto que no es un gesto sino más bien una cita o, al menos, palabras. Me dice ah, ese libro es mío. No, le digo, me lo trajo Katixa de Estados Unidos, le digo. Resulta que él tiene el mismo libro, que yo nunca vi o noté. Hasta ahí no pasa nada. Digamos que hasta ahí no es el principio de esta historia. Incluso el principio de esta historia podría ser hace como un año cuando Mateo dibujó una relación entre un cuento mío y el estilo de Carver. Yo no sabía quién era. Al buscarlo por internet, me topé con el blog de un escritor de ciencia ficción que también se llama Carver y por mucho tiempo creí que era el que me había dicho Mateo. Este es el primer doble de la historia, o uno de ellos; de esta historia que sin embargo no empieza por acá sino por el principio ya referido. Después no me acuerdo cómo fue que deslindé a los sosias. (I’m not Mr. Lebowski, you’re Mr. Lebowski). Ahí le pedí el libro a mi hermana. El libro que leo en el principio de esta historia. El primer cuento que leo, el penúltimo de la colección, es el que le da título al libro. No lo disfruto mucho y entiendo que no es ese tipo de colecciones, como cuando uno entra a la casa de alguien y están contando chistes de sobremesa. Uno intenta reírse de la misma forma que los convitados pero sabe que le falta la mesa, le falta el banquete, le faltan los chistes anteriores, una serie de miradas o una forma de mirar, por más que pueda escuchar un chiste entero en su supuesta unidad. Para sacar esta conclusión quizá me ayuda una reseña citada en la contraportada que habla de un cumulative effect. Me parece que para apreciarlo mejor habría que leer todos los cuentos, más o menos rápido, en el orden en que están presentados. Después empiezo por el primero pero solamente leo hasta Mr. Coffee and Mr. Fixit, los primeros tres cuentos leo. Cuando termino de leer ese no me acuerdo qué otra cosa me voy a hacer en el contexto de viaje familiar. Panfamiliar, digamos. Desde mi abuela ―cuyo nonagésimo aniversario es motivo de la reunión― hasta sus bisnietos, éstos a su vez desde la altura de los picaportes hasta la panza de mi prima. Seguimos. Este viaje, como muchas cosas, duró poco, y no tardé en salir en avión de Montevideo a Madrid y después Barcelona. En Barajas había una infinidad de problemas con Iberia, que ya llevaba varios días y de la cual no había tenido noticia alguna. Sólo después de volver a Barcelona me enteré por la prensa que era una huelga encubierta de los pilotos de la compañía. Mi departamento de Barcelona estaba sin luz desde el día antes de viajar a Buenos Aires y después Uruguay. El mismo domingo que llegaba iba a viajar en tren a Terrassa para buscar a Amadís, el gato blanco. Pero cuando llegué al andén estaba distraído y me subí al primer tren que pasaba y que evidentemente no era el mío. Intentando leer El banquete y quizá pensando en por qué había decidido llevar ese libro, llegué hasta arriba de un monte, destino a las tierras catalanas de Vic, donde un compañero de la facultad vive y tiene un huerto. La estación en la que me bajé era al aire libre, rodeado de árboles, con vistas algo cenitales, atardecía bastante. Podía oler el huerto de mi compañero. Esperando el otro tren me puse a escribir haiku. Aclaro que seguramente fallaría si intentara explicar qué era lo que sentía, que es lo que siento cuando me pongo a escribir haiku; aunque quizá esta misma aclaración explique, o ejemplifique, por qué fallo en explicar qué era lo que sentía, que es lo que siento cuando me pongo a escribir haiku.


Con un tren equivocado
me encuentro más lejos
Atardecen las vías


Hoy crucé un océano
Nubes atemporales
pegadas a mi ventana


Austral y septentrional
pienso en la Cruz del Sur
las estrellas y el avión


Crucé las vías
para retroceder mis pasos
Oscurece ahora


Al siguiente atardecer también estaba escribiendo haiku en casa, donde por la ventana afortunadamente también atardece bastante.


Son las mismas nubes
que vimos cambiar en el tejado
cuando fue verano


Sin electricidad
por mi casa entran y salen
las nubes y el viento frío


Atardece
Cuando desaparezca el blanco de las nubes
lo hará también el blanco de las paredes


Al atardecer siguiente también estaba escribiendo en casa, aunque no haiku. Estaba escribiendo la historia como la conocía en aquel momento. Que en realidad no podía considerarse una historia, y mucho menos ésta. Era un cuadro de sentimientos, un pasaje y un paisaje anecdótico y mío. En realidad ni sabía bien por qué lo estaba escribiendo, hasta ese punto no era gran cosa. Pero ahora sé.

Lo estaba escribiendo en mi cuaderno con la tinta negra de una lapicera de dibujo, usé primero la luz del sol y después la de las velas. Escribí varias hojas sobre la llegada al aeropuerto de Madrid y paré, pensando en que seguiría narrando esas interioridades después, pero nunca lo hice. Quería continuar en ese estilo la historia de esas cosas que me habían sucedido en ese espacio de pocos días y que me parecían más o menos significativas. Iba a continuar hablando de la llegada a mi casa y a su precariedad, del paso repentino del verano al invierno, de la prolongada tentativa de viajar a Terrassa con los haiku consecuentes, y los otros haiku en la soledad de mi casa sin luz y de la ciudad vacía de contenido donde mis amigos extraviados brillaban por su ausencia en otros lugares, en sus pueblos con sus familias en los primeros días de un enero azul (en el sentido de los grifos y cuyo contrapunto es el rojo). Pero nunca lo hice.

Cuando llegué a Barajas, viniendo de Montevideo, desembarqué todavía bastante dormido. No sé exactamente cuándo me terminé de dar cuenta del problema.

Había mucha gente alrededor de un mostrador de Iberia. Todos tenían mala cara. Cuando pasaba por seguridad tuve un desacuerdo raro con la situación que terminé asociando a la última vez que pasé por ahí, camino a Buenos Aires.

En un momento vi un diario sobre una mesa y en la primera plana opinaban sobre los problemas de Iberia en Barajas. Iberia, Barajas.

Pedí un cigarrillo en la zona de fumadores y un francés me convidó un Nevada uruguayo. Hace muy pocos días me enteré que estoy en el registro de Uruguay y puedo conseguir la nacionalidad. Uruguayo, ¿y vos? Uruguayo. Tendría tres pasaportes, ninguno de ellos argentino.

Los franceses intercambiaban anécdotas con una madrileña a la que además de estar tres días sin viajar se le había pinchado una rueda en el taxi, camino al aeropuerto.
Quería llorar. En vez de tirar la colilla por el tubo asignado, lo apagó contra el suelo con una de sus botas de cuero rojo.

Entré a la revistería del aeropuerto, en los diarios estaba lo de Israel y lo de Barajas. Iberia, Barajas. No levanté ninguno.

En la
National Geographic había fotos de mineros creo que sudafricanos en minas de oro. Además de estar logradas estéticamente —nada raro para esa revista― en el momento me parecía que tenían algo de trágico y de poético. Encuentro curioso que ahora me pueda distanciar tanto de este sentimiento, casi ridiculizarlo, tan poco tiempo después.

Unas fotos cenitales me hicieron pensar en cuando sobrevolaba la selva del Amazonas, unas horas antes. Lo bueno de salir de día es sobrevolar la selva del Amazonas.

También había libros. Miré algunos títulos de los que estaban en exposición y cuando los miraba sentía que ya había visto esos libros, no eran obvios pero tenían demasiado sentido, como si una parte de la máquina reconociera a otra palpando sus propios vacíos.

Caminando hacia el final de la nave con las diferentes puertas (o
gates), mirando la arquitectura pensé en una foto de mis abuelos que vi recientemente; sobre la misma foto estaba escrito por mano de mi abuelo, “Llegada a Madrid, 19 [imaginate] 61”. Mi tío había comentado En esa época Barajas era un galpón. Pero la foto no era el original de laboratorio (aunque éste lo vi en más de una ocasión) sino una impresión digital facilitada por la Alba Empresa en un conjunto de impresiones digitales facilitadas, a modo de álbum, por esa blanca manzana blanca del ahora, de este momento.

Llegué cerca del final, no había casi nadie, apareció un guardia y me pidió que por favor salga de “la zona”.
―¿De
esta zona?
―Sí, por favor salga de la zona.

Yo me lo quedé mirando pensando
esto es un galpón, pero a la vez también entendía de qué zona me hablaba. Había varios obstáculos de limpieza ordenados en una línea que más o menos rebanaba el angosto galpón, como cuando perforan una línea punteada en un papel para facilitar su escisión. En un carrito había una pila de los soportes de las cintas separadoras, fieles representantes del concepto aeropuerto. Estaban acostados uno arriba del otro pero no terminaban de perder su dignidad. Cuando el hombre dijo esta zona miró de costado, casi imperceptiblemente, a la barrera de objetos y el carrito de los soportes que se preparaba a disponer; como para verificar que todavía estuvieran ahí o que la premisa todavía tuviera sentido. O quizá esto no lo hizo.

Mirando por la ventana veía pasar autobuses del aeropuerto, con pasajeros o sin ellos, pero siempre sin asientos, siempre vacíos. Pensé en la vez que, no mucho ha, me fui de Berlín. Todavía no amanecía el diciembre y en vez de acarrearnos en los autobuses hicimos a pie los trescientos metros hasta el avión. El aire frío y oscuro tenía un sabor fuera de lo común que espero, no sé en qué situación tendrá que ser, volver a degustar.

En un momento filmé a unos hombres cargando grandes baúles de aluminio con un pequeño vehículo cúbico. En otro momento saqué una foto sobrecargada de información de reflejo de color; en un reflejo salía retratado yo mismo. Sonaba música arrimada privadamente a mis oídos. Privilegio de la Alba Empresa, por más que mi ejemplar sea de la opcional “contracorriente” negra. Detrás hay dos versos (el máximo permitido) grabados con un láser en el caparazón especular (gratis si se compra en el sitio de internet):

People moving everyday but
you know they move so slow.

En el avión me di cuenta de que el aparato estaba dañado en la pantalla, unas líneas negras atraviesan la ilusión de cuarzo líquido. Parece que no fue suficiente la doble funda protectora de tela que materialicé para la ocasión.

Cuando se cumplieron las horas de retraso, palabra que otra gente estaba empezando a asociar con condena, me subí al avión que me llevaría a Barcelona.

Do you know where they’re going?
Do you know why they go?

Me senté en la ventana, tuve que pedirle paso a una pareja. El hombre, asiento pasillo, leía El País y agredía oralmente a Iberia mientras leía las noticias que lo retrataban. La mujer, en el medio, leía un libro.

Look into your book of rules
And tell me what you see.

Me asomé al contenido, por curiosidad. No tenía ningún título en el encabezamiento. Miré las palabras. Una de ellas era Wesson. Escondido en la franja central del libro, que no lograba ver, debía de decir Smith &. Luego vi que decía algo como Creo que compraré… y luego Pero nunca lo hice.

Me pareció muy familiar. Abajo destacaba para mi vista el nombre de Melody. Yo había leído eso, aunque en inglés, unos pocos días antes. Era Raymond Carver.

Am I all that different
Are you just the same as me?

Pensé en decirle algo. En un momento volvió a la página anterior para revisar la información, era la primera página de uno de los cuentos.

Creo que estaba traducido “El señor café y el señor arreglatodo”.
Mr. Coffee and Mr. Fixit. El acierto del título en inglés justifica la mediocridad del título en castellano.

La mujer volvió a retroceder la lectura en esa misma hoja varias veces, unas cinco o seis. El otro proseguía con su blasfemia.

Waiting for 1989
We don’t want no more war.

Anunciaron un retraso por unos pasajeros que no llegaron de Nueva York, debían retirar sus valijas. Eran dos valijas rojas, muy parecidas. Lo sé porque los vi por la ventana abriendo los baúles de metal, los hombres tenían papeles endurecidos por esos clipboards de profesión que más bien hacían pensar que cualquiera podría hacer ese trabajo.

Me vino a la mente una avioneta de hélice que tomamos de Cerdeña a Nápoles en la que, viajando en uno de esos autobuses huecos, vimos a un señor de aspecto (en aquel momento) indescriptible y que terminó siendo el piloto de la avioneta.

Al desembarcar en Barcelona mi vecino perdió la paciencia, ¡en el último tramo!, con un pelado bajito. Se gritaron. Bastante. Cuando el pelado bajito le dio la espalda luego de una frase hiriente, el otro lo siguió por el pasillo del avión, haciendo como que le quería pegar pero que apenas lograba abstenerse. La mujer no hablaba pero se esforzaba en hacer las muecas de preocupación que la situación exigiera, aunque no parecía saber exactamente cuáles eran. Como había dos autobuses enfilados para hacer el fútil recorrido hacia la civilización, aprovecharon para ponerlos en autobuses diferentes, mientras una azafata sostenía un auricular avisando a la seguridad
por las dudas. A mí me tocó con la pareja que conocía mejor, todos estábamos demasiado conscientes, de la pareja, de la llegada a Barcelona, de los demás. Un silencio como antiguo acompasaba el unísono de las cabezas sobre cuerpos de pie que consentían los movimientos del autobús sin asientos. En realidad, el aire no terminaba de decidir si estábamos yendo a matar o morir a una arena romana o a la ciudad de Barcelona.

Al día siguiente retomé, no sin alguna culpa por la mayor urgencia que exigían los exámenes que se acercaban, la lectura de los cuentos de Carver. Estaba en la mesa de madera junto a la ventana, la misma en donde había escrito los haiku y la prosa posterior. El libro quedó sobre la mesa. Un rato después decidí sacar de mi valija los libros que me había traído mi hermana. Eran unos ocho, más algunos más que había levantado de casa. Pero el resultado fue este: entre los libros estaba el de Carver (What We Talk About When We Talk About Love). Primero lo miré. Lo miré, después levanté la vista y me asomé sobre la mesa y miré el otro. Miré los dos, primero uno y después el otro y también los dos juntos. El recuerdo de la conversación con mi padre primero no estaba pero de repente estaba. Así que ahora se entiende por qué esta historia empezó sin empezar por el principio y terminó empezando por el principio. Los libros son iguales, aunque cuando puestos a comparación resaltan las hojas los años amarillos del tomo (me veo forzado a deducir, aunque quizá no debería) de mi padre. Serán diferentes reimpresiones de la misma edición del 89, o quizá la más antigua no lo sea. Vintage Books Edition, June 1989. Eso está grabado en los dos libros, en el de las hojas blancas también, por más que lo haya comprado nuevo por internet (por Amazon). De ahí la tesis de la reimpresión. Lo que es definitivamente incontestable es cuál ejemplar leí en el hotel y luego en casa (si es que fue el mismo) y cuál saqué de la valija con los demás libros; cuando los junté creía que eran iguales y sólo tras mezclarlos noté las diferencias de edad, deslindando sosias. En el de las hojas blancas estampé con tinta azul, en un acto conscientemente impulsivo, el sello de mi Ex-libris. Mi Ex-libris es otro regalo de mi hermana y dice

From The Library Of
Mikel Aboitiz


Todo esto sucedió. Y me estuvo dando vueltas desde entonces, hace exactamente un mes. La historia la conté bastantes veces, a mi familia y, a medida que llegaban mis amigos de sus pueblos, a ellos también. Esto me dio la oportunidad de ensayar la historia, de probar diferentes maneras de contarla. La conté con diferentes combinaciones del orden de los hechos, quizá buscando una. Alguna vez intercalé la anécdota de un compañero de clase que se enteró que dos gemelas, también compañeras, lo eran (y no una sola persona) cuando las terminó viendo juntas un día. A otros les expliqué la historia de Luca Prodan y su canción No tan distintos, escrita a más tardar en el 87 y que parece hablar de la caída del muro del 89. Sólo ahora, después de este tiempo, después de los días y las noches de invierno, de los exámenes, de poder leer tranquilamente todos los cuentos de Carver, puedo reconstruir la historia, puedo detectar el principio de ella y su fin:

viernes 16 de enero de 2009

Plano secuencia

Quiero presentar un video. Yo no soy un gran navegante de la red y muy pocas veces fue el destino de este blog hacer notar uno u otro hecho cultural accesible por internet. Prefiero mirar el blog de Franky. Pero a veces veo cosas que me gustan. Y a veces veo cosas que me gustan mucho.

El video éste del honking fail me gusta mucho.

Me gusta cómo empieza, con los skaters mediocres filmando los truquitos. A mí me dijeron mirá esto y no sabía qué le iba a pasar, quizá al de negro, no sabía. Después se escucha un auto frenar de golpe y los dos miran para un lado, algo pasa, rápidamente gira la cámara.

Me encanta cómo al principio no te das cuenta que la vieja está dormida, pero junto con el bocinazo por su movimiento brusco lo entendés de golpe. Que el auto sea descapotable linda con la perfección, los anteojos negros son sublimes e incluso que sea un Mercedes es casi demasiado.

No hace falta aclarar que mis alcances cinematográficos son bastante limitados, este comentario es evidencia, pero a mí el video este me pararece hecho con guión y dirección. El ángulo de la cámara permite una simpática visión de perfil, las señales de tráfico hasta parecen puestas a un modesto efecto estético y fotográfico. La del peatón cruzando el paso de cebra además habla el idioma de las ideas. La cámara filma unos skaters, gira sobre su propio eje, y te muestra esto. Hasta la mala calidad de la imagen hubiera sido aceptable y significativo en un cortometraje escrito y puesto en escena.

El simple hecho de que alguien esté dormido en la calle, se inmute cuando un auto está a punto de atropellarlo, que otra persona lo grabe… está bueno. Parece que sólo va a seguir caminando pero el golpe que le da con el bolso, exactamente coincidente con el airbag (parte de la ontología del airbag), volvés a pensar que esto alguien lo está grabando. Por eso lo estás viendo. Y no es sólo la documentación de la situación; tiene narrador.

Se vuelve a retratar a los skaters, de otra manera, con su risa, le agrega complicidad y un circulito. Volvés a pensar estos chicos hicieron y se hicieron “arte” por “casualidad”. Es como cuando Paul Auster hace ficciones de situaciones increíbles formadas por el azar y la casualidad, pero sin el Paul Auster y sin las ficciones. Pero lo demás lo tiene. Especialmente el narrador...y el recurso del manuscrito encontrado; la situación que se le presenta al narrador que no se hace cargo -falsamente o no- de su causa pero que es forzado a vivir sus consecuencias o por lo menos a formar parte de ellas.

Zoom In al conductor buenmozo, a su desconcierto, se quita las gafas, la vieja sigue caminando, en dirección a la cámara, con toda la tranquilidad del mundo, le vemos mejor la cara y los rasgos; el conductor buenmozo abre la puerta del auto y termina la secuencia. Menos de cuarenta segundos en total.

El final es exitoso y abierto, pero más abierto es pensar qué tendría la vieja en el bolso o qué significa ver esto y que alguien lo haya grabado.

jueves 6 de noviembre de 2008

Ora la pluma, ora la espada

Sentado en un banco de piedra, escribo lo que Usted lee. Tengo lo siguiente en mente: Dentro de una cantidad determinada de tiempo, la civilización llega a un punto tal en el que ya no se profesan –ni se recuerdan– las armas. Pienso que quizá para hacerlo más interesante podría introducir algún personaje y reducir el espacio del narrador mediante diálogos. Quizá algún compañero de la facultad. Usted me mira con cara de nada y yo le sonrío, pero no a Usted sino a un amigo que acaba de salir de una clase y camina en mi dirección. La casualidad de que él se me acerque en la realidad justo cuando pensaba introducir un personaje en el relato que estoy escribiendo me hace cosquillas. Mi amigo me cuenta sobre un nuevo trabajo que tiene de redactor de cultura para un periódico. Busco un café y te sigo contando. Yo no dije eso. Lo dijo mi amigo, que ya no está. Yo sigo de redactor para Usted. Cuando se acercó mi amigo detuve la música que estaba escuchando y ya no la volví a reanudar. Ahora escucho los ruidos de fondo. Uno de ellos es un profesor dando clase. La estructura del título es de Caballerías, pero inmediatamente transporta el texto a otro nivel y, así, se transporta a sí mismo a otro nivel. No es un caballero, (recuerden que lo armó caballero un ventero para deshacerse de él), no sabemos muy bien por qué lo de ingenioso (término complejo por posibles connotaciones; nos ubica y a la vez desubica en el contexto), su nombre rima con estricote, pipote, y bobote y, por último, es natural de un lugar –tan cercano, física y conceptualmente, al lector como lejanos son Gaula o Boecia– famoso por sus quesos viejos y el carácter basto de su parla castellana. Tal es el poder de la desautomatización. Ahora sabe Usted por qué no me gusta escribir en la facultad. Demasiadas digresiones, demasiados libros abiertos, gente que pasa que conozco, como Usted o como mi amigo; pasa uno de los del sindicato de estudiantes pidiendo firmas; muy poco literario. A mí lo que me interesa es narrar la historia ésta. Dentro de una cantidad determinada de tiempo, la civilización… Dentro de una cantidad determinada de tiempo, la civilización será un mero desdoblamiento ideologizado de las noticias que salen en los periódicos. ¿Entiendes? Mi amigo sostiene las hojas grises en la mano y me mira con una furia ironizada que comprendo sutilmente. Será al revés, ¿entiendes? Quizá ya haya sucedido y no nos hayamos dado cuenta; pero en el futuro será tan diáfano como el agua. Nosotros seremos la interpretación de los diarios. Los diarios serán la realidad y nosotros seremos los encargados de tergiversarlos ideológicamente y viviremos así. Se le escapa una sonrisa. No a mi amigo, sino a Usted. Mi amigo está tan serio como Amadís de Gaula. Pero no cree lo que dice; no creo que lo crea. Al menos yo no creo lo que dice. La literatura era profundamente alegórica, como mínimo desde sus orígenes bíblicos. Cervantes emprende un proceso de desalegorización literaria al introducir la realidad en la literatura. Somete todas las formas literarias anteriores a la prueba de la realidad; introduce el tiempo y el espacio, conceptos que necesariamente rompen consigo mismos en el proceso, el texto asume la lucha de tiempo y espacio. Desde el momento en que todos los géneros literarios aparecen en el Quijote, nos vemos obligados a estudiarlos. ¿Cómo los trata? ¿Qué persigue? Si confiamos en el prólogo cervantino, el autor tenía como fin acabar con las formas literarias vigentes, formas que habían sufrido una decadencia certera, tanto moral como (y tanto más importante) literaria. Es menester apreciar la capacidad del autor de acabar con el mismo género literario en el que la obra, formal y estructuralmente, se inscribe perfectamente. Cervantes no necesita recurrir a la destrucción física de los libros que deseaba finar, como lo intentaba la Iglesia, con muy escasos resultados. Él tenía una herramienta muchísimo más efectiva: su pluma. Es para la sección cultural, quieren que escriba reseñas muy personales (palabras exactas) de libros contemporáneos. Pero ¿qué significa contemporáneo si el tiempo es circular y todos los libros ya fueron escritos? Creo que la primera va a ser sobre El asno de oro de Apuleyo. Ahora mismo el tiempo y el espacio de todo el universo coinciden con el cambio de clase, o ¿cómo vas a explicar toda la gente que está saliendo de clase y llenando el patio con sus pisadas y humo de tabaco? Mi amigo es el tipo de cínicos que a cada rato dice alguna cosa sobre el tabaco. Ahora, por ejemplo, estoy fumando y no puedo evitar pensar en todas las veces que alguien utilizó esas palabras para referirse a una situación totalmente adversa a la que sugieren las palabras. Todos estos estudiantes entre clases, ¿están fumando o no? A mí lo que me interesa es la gente que no está fumando y que aún así tiene la posibilidad de decir “estoy fumando”, o de decir esto no es un estricote, pipote. Intento hablar pero me calla con un dedo y sigue. Me interesa la gente que puede usar la palabra estricote sin saber lo que significa realmente o que puede grabar un poema caballeresco en la corteza de un árbol; no existe el caballero y por ende no existe el poema ni el árbol, por más que los pudieran hallar enteros y que se pudiesen leer después que a él allí le hallaron. Me interesa saber que el cambio de clase me corresponde y que tengo la opción de irme a clase ahora mismo. Nos saluda a mí y a Usted y se retira en silencio, sin darme tiempo de réplica. Poco a poco la gente se va yendo, el claustro cobra una personalidad más sigilosa, íntima, y después de una cantidad determinada de tiempo la civilización llega a un punto tal en el que ya no se profesan –ni se recuerdan– las armas. Me distraigo con la voz de una profesora. Todas las crónicas de Indias, desde la primera hasta la última, se rigen bajo el providencialismo. La conquista es designio de Dios, Colón fue elegido por Dios para llevar a cabo la conquista. Los cronistas toman como señal el hecho de que Colón haya tardado exactamente treinta y tres días en llegar a América y no falta quien le encuentre alguna etimología divina al apellido del viajero. El Inca Garcilaso de la Vega alega que los incas tenían una fe cristiana latente que pudo brotar con la llegada de los españoles. Guaman Poma de Ayala, en cambio, afirma que había cristianismo en los Andes previo al imperio Inca, pero que los incas destruyeron todas las pruebas. Ante el hecho del descubrimiento de un nuevo continente, los cronistas vuelven sobre la Biblia ya que era imposible que Dios se haya olvidado de una porción tan grande del universo. Así, se llega al extremo de decir que Salomón estuvo en América y que sus referidas islas míticas de Ofir y Tarsis eran La Española (actual Santo Domingo) y el Perú, respectivamente. Y no sucede sólo con la Biblia sino con todos los clásicos. El nuevo continente les sirve para confirmar la antigüedad. Francisco López de Gómara (confesor de Cortés) razona que la Atlántida platónica es en realidad México, basándose en el hecho de que atl en su lengua significa agua. Usted se encuentra dentro de la civilización precisamente en este contexto histórico. Usted ha olvidado totalmente las armas. Usted vive en un mundo en el que la agresión física es obsoleta, jamás un padre le levantó el puño a su hijo, ni un país invadió a otro, ni un niño le tiró piedras a un gato. Me distraigo con la voz de una profesora. A la par que un declive absoluto de las armas, la civilización es protagonista y testigo de un proceso de perfeccionamiento de la palabra, tanto oral como escrita, sin precedentes. Aquí es donde la cuestión se pone jugosa. Inimaginable es para nosotros el grado de especificidad y matiz que se logra, el auténtico auge del poder de la palabra. Pero no es inimaginable para Usted, ya que Usted se encuentra en la civilización precisamente en este contexto histórico. Para Usted esta es una mera descripción anacrónica y vaga de su situación actual. Pero Usted es precipitado y no se da cuenta que el tiempo irá pasando, y el tiempo de narración, y el tiempo histórico; Usted podrá conocer su futuro. A Bartolomé de las Casas le hablaban los indios sobre dos diluvios, el que hubo y el que vendrá. El diluvio es un mito universal, con lo cual cabe pensar que históricamente hubiera habido un diluvio pangeográfico dentro de las proximidades temporales del recuerdo remoto de un pueblo, cualquiera sea su origen. En el Popol Vuh conviven tres tiempos; el lineal, el más simple para nuestra cognitiva, pero también el simultáneo y el circular. Con la quema de Utatlan, evidentemente de mano española, viene el éxodo de sus habitantes; uno de ellos tiene aprendido de memoria el Popol Vuh (que, como les he dicho antes, significa palabra de la comunidad). Aprovecha la grafía cristiana para transcribir la obra desde su quiché oral (lengua que nunca había conocido más que el jeroglífico, hoy indescifrable) a una escritura fonética. El Popol Vuh cuenta el pasado del pueblo quiché, el presente del pueblo quiché y, también, cuenta el futuro del pueblo quiché. Por el pasillo se vislumbra a contraluz la silueta in crescendo de una compañera que se acerca paulatinamente a mi banco. Usted está leyendo en voz alta de un tomo grande, con hojas finas y letras muy pequeñas: Onze días a la par que un año deberá vuestra merced tomar el camino de Septentrión, ora a caballo, ora al ritmo de los vuestros hinojos, puesto que con toda seguredad deberá complir una tercia parte caminando por peligros riscos y medrosos pasajes, para alcanzar el pago que aquí refiero. Procure de haberse de muchos bastimentos y no se detener por cosa alguna, sobro todo en encontrando bárbaros de aquellos, que no todos son dispuestos al designio de Dios que muchos dellos son caníbales y de mucho les valen cristianos corazones para sus ritos y hechizerías. No le hará de poca falta una lengua que hable en cristiano que mediante él podrá vuestra merced defenderse de las tribus peligrosas y luego en llegando a su destino le servirá para aprehender y delectarse con los muchos y muy fabulosos fenómenos de la manera de hablar de estas criaturas de Dios, que ningún peligro le causarán a vuestra merced puesto que ya están bien enseñados en las gracias y maneras de Dios y del buen cristiano. Sírvale a vuestra merced el ejemplo antes dado por ésta mi pluma; aquella sobre el tipo de verbo por ellos usado que, en lugar de dar seña de la acción llevada a cabo, paresce referirse de todo lo contrario. Esto es, en diciendo solamente una palabra, espresan todas las acciones que no fueron sucedidas en aquel momento. Es una señora mucho mayor que yo, con la cual suelo tener charlas muy divertidas, sobre todo por sus altos niveles de apasionamiento que, a menudo, son sumamente contagiosos. Le da fuego a un porro que traía armado y comienza a contarme una idea que se le ocurrió anoche. Es así en plan futurista, ¿vale? Se me ocurrió tras una reflexión sobre el movimiento feminista que, por suerte, he visto crecer tanto estos últimos años. (Recuerda que yo me crié con El Caudillo). Dentro de una cantidad determinada de tiempo, la civilización llega a un punto tal, ¿justo esas palabras vas a usar? interrumpo. Usted no me lo va a creer. Mucha casualidad. Pero ella me mira con cara de indescifrada y decido contarle la coincidencia después. Entonces, llega a un punto tal en el que el sexismo es enteramente cosa del pasado, además de la total carencia de violencia física de cualquier tipo. La diplomacia es absoluta, todo se resuelve mediante discursos, debates, sindicatos, reuniones, ofertas, contraofertas, etc. Nadie sabe lo que es un puño cerrado, nadie lo que significa linchar, nadie lo que una violación. Ya sé lo que va a decir Usted pero prefiero calle por ahora. Que a mí las casualidades me gustan mucho. Esto implica que el uso de la palabra evoluciona de una manera inaudita, fácil es explicarle a un niño las raíces cuadradas a los tres años, la física cuántica se da en primaria. Todo esto no porque la gente sea más inteligente, sino porque todo está mucho mejor explicado. El concepto de paradoja binominal es de una simpleza rayana con lo grotesco y se opta por entretener el coco con una especie de mezcla entre la paradoja y el silogismo en la que se presentan series de ocho cláusulas, cada una deducida de la anterior, y se forman contradicciones tridimensionales que, a la vez, se van anulando cada vez que se pronuncia la próxima cláusula, hasta el momento en el que, por una estructura “circular” se vuelve, forzosamente, al principio. Esto me lo voy inventando con la marcha asique no le busques sentido. Lo importante es lo siguiente: le da una última pitada al porro y me lo pasa. Yo fumo un poco y se lo paso a Usted. Lo importante es lo siguiente: Ya sé sobre qué va a ser mi primera reseña, me dice mi amigo desde atrás. Mi amigo, al que no había escuchado llegar, es solamente una voz, está justo atrás mío y yo decido dejarlo así. Siento que me están dictando un relato. Lo voy a hacer sobre un libro que se ha escrito dentro de diez años. Contemporáneo ni contemporáneo. ¿Qué es contemporáneo? Algo escrito hace diez años, lo consideran contemporáneo, ¿no? ¿Entonces por qué no algo escrito dentro de diez años? La distancia hacia el presente es la misma, si fueras a dibujar una línea de tiempo –a escala– ocuparía la misma cantidad de cuadraditos para un lado que para otro ¿O contemporáneo, que existe en el mismo tiempo, es solamente lo que está pasando ahora mismo? Está decidido, voy a reseñar, de manera personalísima (es decir, la voy a destrozar), una obra escrita dentro de diez años. Del paraninfo sale una melodía coral acompañada de un órgano de viento que, agregada a la arquitectura nostálgica del edificio, da un aire anacrónico que me permite plantearles a mis amigos que quizá estemos en el pasado. Se ríen de mi pretenciosa simpleza. Mi amigo se retira en silencio, sin que yo me entere. Nunca se terminó de sentir cómodo con la otra (siendo totalmente sincero, creo que tampoco se terminó de sentir cómodo con Usted). La otra reanuda su explicación. Lo importante es lo siguiente: ante la total inactividad de la violencia, la mujer (como colectivo) gana un poder extraordinario ante el hombre. Cuando acudir a la violencia es inconcebible, la mujer se muestra exponencialmente superior. Entonces pasa esto: uno de los gatos que anda siempre por mi facultad. El que la falta un ojo. Tiene un solo ojo y con el que no tiene me mira como sabiendo algo, como si viéndome a mí mirase en realidad un espacio vacío ocupado por los años. Entonces pasa esto: La mujer comienza a esclavizar al hombre. Siempre mediante la palabra, lo manipula de tal manera que resucitan palabras como violencia, agresión e incluso linchamiento. Todo por la vía oral, por supuesto. Así, el hombre se convierte en un objeto sumiso, predispuesto y vulnerable a las violaciones dialécticas del sexo opresor. ¿Qué te parece? Quizá al final un hombre, ante la profunda frustración diaria, le termina pegando un golpe a su mujer y así despierta revolucionariamente una herramienta humana tan caída en desuso. Quizá el primer golpe se lo da un hombre a sí mismo, entre lágrimas catárticas de indignación y recién el segundo paso es el ataque a la otredad, comenzando un efecto bola de nieve; siempre se dijo que las modas se repiten. Recién ahora decido contarle a ella mi idea. Pero ya no parece tan raro que los dos hayamos pensado algo tan parecido, ni siquiera que haya empezado usando las mismas palabras, y las mismas que usó mi amigo para introducir tan diversa materia. Todo parece tener sentido. La mía es muy parecida, pero sin el moralismo sexista (se ríe), y un poco más violenta. En la mía la agresión dialéctica se vuelve una herramienta tanto o más efectiva que la física. Un hombre puede matar a otro hiriendo mucho sus sentimientos. A través de altoparlantes se destruyen pueblos enteros. Los suicidios a veces son accidentales, producidos por una profunda reflexión auto flagelante. Pero creo que me la copié de vos a la idea, le admito. Al principio no me daba cuenta. En este punto Usted se gira y comienza a contarnos una muy increíble casualidad (pero en un momento se detiene y me pregunta ¿estás escribiendo todo lo que voy diciendo?) Eso ponlo entre paréntesis.

miércoles 29 de octubre de 2008

Silogismo Cortés*


SI sacrificar personas es inhumano
Y los aztecas sacrificaban personas,
ENTONCES, los aztecas eran inhumanos.
SI "PERSONA" Y "HUMANO" SON SINóNIMOS, los aztecas no sacrificaban personas
, puesto que eran inhumanos.
ERGO, los aztecas no eran inhumanos, ya que no sacrificaban personas.
DE ESA MANERA, los aztecas sí sacrificaban personas;
PERO sacrificar personas es inhumano.
Y los aztecas sacrificaban personas.
DE LO CUAL SE CONCLUYE QUE los aztecas no eran humanos.
PERO si no eran humanos, no sacrificaban personas.
Y PUESTO QUE no sacrificaban personas, no eran inhumanos.
SI NO ER
AN INHUMANOS, eran personas.
ASÍ ES QUE los aztecas hacían sacrificios humanos.
Y los sacrificios humanos son inhumanos.
Como los aztecas.

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* No confundir con amor cortés - courtly love.*
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* No confundir con Courtney Love.*
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* No confundir con la puta de la esquina.*
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* No confundir con Hernán Cortés.*
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* No confundir con amor cortés - courtly love.


lunes 29 de septiembre de 2008

El fuego y los números

(De la columna de Nombre Apellido, revista Lenguas Vivas, edición número #)


Aunque no creo me lo hayan señalado, me imagino a los protagonistas de esta curiosidad envueltos en la inmensidad de una profunda selva (para ellos) infinita. Hablaré de los numerales, donde su lengua presenta un fenómeno de superlativo interés. Ya había escuchado de casos peculiares en la puesta en práctica de los números, casos en los que hay cuatro o cinco números y luego la palabra muchos; casos en donde cada adjetivo numeral es un nombre que se relaciona con ese número. Transcribo, ya que puede encontrarse curioso y aprovechando que lo tengo a mano, un ejemplo de tal proceder. Se trata de una pequeña población que yace a dos días pasando las montañas hacia Levante; éstos son sus números:

Uno: boca; dos: ojos; tres: agua (se refiere al ciclo del agua en sus tres estados: nubes, lluvia, ríos); cuatro: puma (el puma es para ellos, más que el mono, el más símil de los animales; que tenga cuatro patas es considerada [¿simbólicamente?] la única diferencia entre los dos cazadores); cinco: mano; seis: choza (para construirlas arman una estructura de seis ramas que luego revisten con hojas); el siete no existe; el ocho es araña, y luego dicen estrellas.


Pero acaso encuentren, como lo hago yo, un interés mayor en el dato que ahora nos trae aquí. Esto me lo contó un niño, alumbrado por las últimas brasas de un fuego que él mismo había fabulado. Daba la sensación de que nadie se lo había enseñado, más bien era como si lo estuviera leyendo en los troncos quemados. Así me dijo:

-Tienen una palabra que significa uno, luego una que significa dos, después sólo se quedan callados, el tres no se pronuncia (pues se sobrentiende), luego la palabra bastantes, hoy fosilizada y que significa cuatro. Las palabras para denominar los números entre cinco y diez son neologismos que no todos conocen. A veces usan los dedos de la mano izquierda (con la derecha no saben contar) asumiendo que al número marcado hay que sumarle los primeros cinco. Con los números grandes es distinto. Se juntan de noche y, siguiendo una ronda, cada uno va mostrando un número en el fuego. Lo hacen de puro placer y (me imagino que) lo que ven en el fuego son los árboles que los rodean, alumbrados por el fuego y por los números.

domingo 14 de septiembre de 2008

Esto lo hago a veces

Se afila el pánico del vacío y, en vez de poner algo nuevo, ex-pongo (...) algo viejo. Ojo, creo que algo más vigente está al caer:

Llegué a un descampado de carácter vasto, había una silla. Me es útil recordar, a estas alturas del relato, que había caminado por lo mayor de catorce semanas. Me senté. No creo que la circunstancia haya estado muy sobre mi piel y espalda, creo que pude entender la abstracción de los ángulos rectos, lo melódico de los bordes trabajados, el lujo de un austero diseño en las patas y el respaldo. No sólo pensé en las manos que rozaron la madera con el placer de no sentir una sola astilla, en la trayectoria de las tiras de paja materializadas en algún campo incierto; sino que tampoco me ausenté en exploraciones sobre el contraste entre la silla y el terreno incierto de la naturaleza, aquella era producto de ésta, pero estaba totalmente arrancada del paisaje, sin reconocerse. Sin embargo, ¿cómo había llegado ahí? Luego presentí que había estado equivocado al juzgar su manufactura tan ingenuamente. Había estado olvidando que estaba literalmente en el medio de la nada. No entraré en las facultades del terreno pero bastará asegurar que yo era el primer pensante en recorrer la zona. Claro, yo había visto una silla y, sin llenarme de infundada alegría y asumir la presencia de alguna persona en las cercanías –eso era imposible-, no había negado la posibilidad de que manos humanas hubieran obrado la silla. Pero ahora sí lo hacía. Observando la silla con mayor precisión, comencé a notar las raíces y rápidamente alcé la vista para entender que había sido un arbusto all along.

jueves 10 de julio de 2008

Diferentes locaciones

Praga-Berlín

Dresden

Berlín

Dresden

Barcelona

Costa amalfitana

Napoli

Berlín

Dresden

Dresden

Praga

Dresden