jueves, 3 de mayo de 2007

Carta a Miguel Ángel

Viena, marzo del 2004

Querido Miguel Ángel,

La verdad que no sé si vas a leer esta carta. Siempre tuve la duda de cuán real es escribirle una carta a una celebridad de la magnitud de la tuya. Lo natural es pensar que las cartas que te llegan diariamente son tantas que tenés habitaciones especiales en donde se va apilando la correspondencia de fanatismo, que vos a lo mejor alguna abrís o que te gustaría poder abrirlas todas. Claro que leer todas esas cartas en cajas desordenadas en la habitación de las cartas (supongo que la llamarás así) es imposible. Será que tenés gente que trabaja de eso. Gente que lee las cartas y hay una serie de pautas para clasificarlas entre cartas que se tiran, cartas que se guardan porque quizá en otro momento vendrán bien, cartas que a vos quizá te gustaría leer, otras que seguro que te van a interesar, y así. En tal caso no sé en qué sección de la jerarquía se encontrará la mía. Tampoco voy a decir que escribo con presión, como midiendo la cantidad de halagos y cosas interesantes, registros ingeniosos y algo de originalidad, para impresionar a tus mayordomos; no es así. Yo tengo algunas cosas para decirte y si lo leés o no lo leés, bueno la verdad que me da un poco igual. ¿O vas a negar que estás muerto? Estando muerto las probabilidades de que leas esto se reducen bastante. Según cómo lo mires, también. Qué se yo si cuando te morís agarrás y podés estar en todos los lugares en donde te nombran, escuchando todo lo que dicen de vos. Y podés leer todas las cartas que te escriben por más que éstas sean millones y las habitaciones de las cartas sean millones y vos igual podés leerlas todas e incluso contestarlas. Sin que se te pasen los días ni tengas que pensar en comer o de qué manera será mejor aprovechar a pleno tu corta vida.
Lo que pasa es que estoy sentado frente a una reproducción lastimosa de tu David. Supongo que te habrás dado cuenta de lo que pasó en el mundo con tu David. Creo que he visto más imágenes de tu David que de mi propio rostro. Tengo que confesar que yo no estaba demasiado impresionado al principio. Pero eso fue antes de estar cara a cara con la pieza real, en aquella gloriosa sala de la Galería de la Academia en Florencia. Poder apreciar la barbaridad de las proporciones, ser un espacio físico que comparte espacio físico con un objeto de mármol así. Es un objeto de mármol que a través de vos se manipuló de tal manera para que sea incómodamente parecido a un ser humano. Y me gusta poder estar planteado en una historia del arte que supuestamente fue evolucionando, tengo una mentalidad que arma su collage con un montón más de años, una mentalidad que entiende el Romanticismo, que vio un Basquiat. A la época en que viviste vos la llamamos Renacimiento, y a vos te tocó el italiano y está establecido que la hicieron muy bien. Unos bestias, vos y tus amigos. Pero claro, como persona moderna tengo que pensar que vos no entenderías el arte tal cual es hoy, que sos como un eslabón en el camino a un entendimiento más real de lo que es el arte. Que ustedes hicieron esa especie de “arte” para que nosotros podamos hacer arte de verdad. ¿Sabés lo que pienso yo? Yo creo que toda la historia del arte se encuentra en la piedra que sostiene tu David en la mano derecha, apoyada en el muslo. La verdad que nunca me había dado cuenta de que sostiene una piedra hasta que lo encontré en las tres dimensiones, haciendo lo que se puede hacer con un objeto de verdad y no con una fotografía. Dar la vuelta al David, mirando hacia arriba, fue como darme vuelta a mí mismo, esos trescientos sesenta grados característicos de un objeto y su vuelta. Sentí que David si quisiera podría ponerse unos pantalones y salir corriendo de esa sala llena de cámaras fotográficas y alarmas de seguridad, con nostalgia de aquellas épocas en la Plaza de la Señoría cuando sentía la lluvia y el sol sobre el cuerpo desnudo. Pero que no le interesa, que no le interesa moverse porque sabe que así está perfecto. Tus piezas son tus mejores aliados, Miguel Ángel, porque les gustó la posición en los que los pusiste, se sienten atractivos con esos pectorales y deducen el juego de tensiones y maravillas compositivas que vos entendiste demasiado bien. Lo de las tensiones es algo que también se pierde en las dos dimensiones. Hasta un niño podría mirar tu David y ver cómo esa mano derecha que sostiene la piedra, y no la zurda con la gomera, es tan claramente el centro de la obra. Porque compositivamente, todo el cuerpo y alma de tu David se arma alrededor de esa mano. La mano que sostiene la piedra es una mano hecha de piedra que sostiene una piedra hecha de piedra y no hay que saber nada más. Bueno, quizá haya que saber que a Goliat se lo mata con esa piedra pero no sé si eso es tan importante como saber que no hay otra cosa en tu David que esa mano. Las uñas que son de piedra, las líneas y nudillos de los dedos que también son de piedra. Pero yo estoy mirando una reproducción de treinta centímetros que ahora que lo miro por atrás ni siquiera tiene la piedra en la mano. Es más, la mano está tan descuidada y tan poco detallada que parece un garbanzo deforme y hasta tiene marcas del molde porque está hecho con un molde y es tan miserable. Me causa gracia cómo vemos esto y decimos que es el David. Me impresiona que veamos la similitud y entendamos que es una copia de tu David, y que no pensemos que es algún otro objeto diferente. Y ahora recuerdo aquella conversación que tuviste con Leonardo, fue una de las pocas charlas sinceras, amistosas y libres de prejuicios que tuviste con ese otro gran hombre. Vos hacía poco habías terminado la Capilla Sixtina y habías creado tal conmoción, tal alboroto, tal magnitud, que él te tuvo que decir que estuviste mal. Él te dijo que no deberías haber hecho algo tan perfecto, que no deberías haber pintado la anatomía humana tan precisamente porque ahora sólo queda descender. Superarlo es imposible, se ha hecho cumbre y sólo queda la barranca abajo. La gente ya había comenzado a hacer grotescas imitaciones, pinturas de personas con veinte o treinta pectorales y unos tríceps que podrían asaltar un banco. Vos entendiste muy bien lo que dijo pero no estarías de acuerdo. Me olvido si se lo dijiste o no, pero lo pensaste seguro. Vos al arte lo entendías mejor que él. Claro que en otras áreas él te superaba espaciosamente. Vos sabías que no existe tal cosa como hacer cumbre, y el tiempo te dio la razón. Hemos seguido escalando, hemos seguido dándole vueltas y vueltas a la cuestión. Espero que se refleje aquí que mi posición es ambigua. Yo no creo que tu arte por ser anterior a ahora sea peor, o sea más básico, o más simple, o más aburrido, sos realmente un magnífico artista; pero tampoco creo que viene al caso un David tan nefasto acá en el lobby del hotel. Y los miles que hay por el mundo. Y las fotografías. ¿Sabías que en frente de la Gallería de la Academia venden pins en donde todo el redondel lo abarcan los genitales de tu David? ¿Qué pensás de eso?
Pero yo te respeto mucho más por otra cosa. Lo que hace que te considere un contemporáneo mío, lo que hace que te hable con este registro descuidado y sincero, lo que hace que yo sepa que tu mente artista está en el mismo lugar que mi mente artista o la da Andy Warhol es la serie de los Prisioneros. Aquellas geniales piezas que no tuvieron la suerte o la desdicha de globalizarse con la expansión de otras obras tuyas. Sólo tuve la suerte o la desdicha de conocer a cuatro, los que están en la Galería de la Academia. Esas obras tuvieron el honor de que muchos piensen que son esculturas sin terminar, aquella rusticidad y aquellos espacios de bloque sin trabajar. Son hombres que luchan por liberarse de la piedra tanto en la esfera artística como en la esfera humana. Es magnífico presenciar esa lucha, hace casi quinientos años vos agarraste y te pusiste a sacarle pedacitos a un bloque de mármol, y mientras tallabas eras lo que se ha llamado siempre artista, y con esta mentalidad te pusiste a simular un cuerpo humano que todavía no se ha salido totalmente del bloque de mármol. No se ha cerrado el círculo de creación artística, falta un rostro, falta cerrar la espalda, falta terminar los pies. Entonces, vos retratás a unas personas que están atrapadas en bloques de mármol, y mientras retratás unas esculturas sin terminar de unas personas que están atrapadas en un bloque de mármol. Y así alargás por el otro lado el intento de cerrar el círculo de creación. Es un juego extremadamente ambicioso para una persona de tu época, Miguel Ángel, y esto es quizá lo central de esta carta. Quiero con vos anular el pasar del tiempo, la denominación de generaciones, hablar de Renacimiento, hablar de Expresionismo, me aburre tanto; entiendo que la línea temporal es progresiva pero no veo la necesidad de que la línea se trace hacia arriba, generamos una verticalidad que me aburre, porque la línea se puede trazar en horizontal y que entonces no sea tan difícil caminar al siglo pasado. ¿Para qué pensar que hiciste el David en otro momento cuando el David está acá ahora, en el lobby del hotel? ¿No estuvo el David acá por cinco siglos, eso no equivale a siempre? La creación artística en realidad nunca cierra el círculo, siempre es un intento de creación, una aproximación a algo allá en el horizonte que es muy bello y que llamamos arte. Siempre estamos retratando a gente aprisionada, porque de alguna manera el arte es una liberación para cuyo alcance siempre nos quedamos cortos. Estamos siempre a punto de agarrarlo, siempre a punto de tocar a los dioses como nos hiciste ver mirando para el techo en algún lugar del Vaticano.
Esta carta se ha transformado en un halago muy grotesco, esas últimas líneas no tienen pies ni cabeza y es frustrante porque lo que intento es justamente lo contrario. Intento decirte que yo estoy en el mismo plano que vos, Miguel Ángel. Sos un clásico, sí, pero eso no implica que no podamos mirarnos a los ojos en esta esfera artística que es de todos por igual, y que yo no te pueda decir lo miserable que es encontrar esta reproducción de tu David acá en el lobby del hotel. A este David no lo puedo mirar a los ojos en la esfera artística, y me da mucha pena de que exista, de que tu David tenga estos imitadores dando vueltas por el mundo, y que sentamos una frialdad tan lejana a lo que pudiste haber querido decir, a lo que significó para vos la creación artística.

Florencia, febrero del 2007

Continúo esta carta tras una larga interrupción. Luego de escribir esas últimas dos palabras, creación y artística, dejé la lapicera sobre el cuaderno y guardé las cosas. Te diré que no pensaba enviarla, me notaba fallando en la intención primera, y la verdad que dejé de pensar en el tema bastante rápido. Pero ahora, como bien verás en la fecha, tres años más tarde, me encuentro continuando el escrito que no sé por qué razón estaba entre mis cosas cuando me vine a Florencia. En una segunda lectura (con toda certeza, es la primera vez que releo esta carta, y ni siquiera escribiéndola volvía a leer lo que ya estaba escrito) no me parece tan mala como recordaba. Quizá sea exagerado el descuido del tono y registro, y esa última parte de tocar los dioses es indudablemente una cursilería grotesca y barata. Pero entiendo que las ideas que intentaba transmitir caben dentro de lo más o menos interesante. Ahora decido continuarla y te diré por qué. Todavía juzgaría que la carta no merece ser enviada de no ser por algo que me está pasando ahora. Estoy actualmente frente al David real, el tuyo. Estoy sentado en uno de los bancos de la esquina, en un día con pocos visitantes en el museo. Pero mirando a David, he notado un cambio repentino en su mirada, en su postura. Es muy sutil, no voy hiperbolizar esa mínima transformación en un movimiento del pie o un rascarse la espalda, hasta un guiñar de ojo sería excesivo. Un minúsculo movimiento, apenas perceptible, y seguramente no para todos. Pero yo lo he visto. David se ha movido. No podría centralizar todo el movimiento en un solo lugar del cuerpo, siquiera una zona. De pies a cabeza, cada centímetro de cutis empedrado se ha desplazado quizá microscópicamente, un sutilísimo escalofrío de cuerpo entero.
Sin embargo, estoy cerca de creer que éste ha sido un cambio trágico. Lo miro a los ojos a David pero ya no lo reconozco, la gente lo mira lo más normal pero yo lo estoy mirando a los ojos y él tampoco me reconoce a mí. Y no sé, Miguel Ángel, no sé si me estoy volviendo loco pero tu David es otro. Niego ahora el uso anterior del verbo desplazar porque no creo que se hayan desplazado las partículas sino que se han transformado. David ha sufrido una metamorfosis algo inexplicable que sólo puede indicar que algo muy extraño ha pasado. Intercambio miradas con David pero no es David, nuestra mirada no pasa por la esfera artística, no hay tal intercambio. Y he sufrido un morboso deja vú, porque siento exactamente lo mismo que he sentido cuando estaba frente a la reproducción de tu David en el lobby del hotel. Lo miro a David y no está el mundo artístico entre medio porque algo ha pasado. Ha habido alguna especie de metamorfosis conceptual porque David ya no es. Es una imitación. Estoy ahora muy seguro de esto, Miguel Ángel, David finalmente ha decido moverse, ha saltado al abismo de lo no artístico, se ha ido de esa zona, quizá para no volver. Y ahora estoy mirando con mucho cuidado la mano que sostiene la piedra y creo que puedo distinguir unas marcas como de un molde, cada vez lo distingo más. Es casi grotesco, y dándole la vuelta veo que la piedra sostenida en aquella mano ha desvanecido, como que no se distingue realmente si está empuñando o no algún objeto, y la reminiscencia al garbanzo nefasto del David anterior es espeluznante y la verdad que sólo puedo discernir un hecho claro de todo esto. Y es que David mismo se ha mezclado entre los impostores de sí mismo, ya no queda un original del David, por lo menos no aquí en la Galería de la Academia. Quizá en el lobby de aquel hotel se encuentra la pieza real, o en algún otro lugar igual de hiriente. Es muy triste lo que ha pasado porque entiendo que el cambio fue real. El equilibrio ya no es exacto, los bíceps no denotan lo que deberían y ni hablar de la expresión facial que ya no dice nada, es una expresión en blanco y sólo es cuestión de tiempo hasta que vuelva a ser un burdo bloque de mármol exhibido en este museo, conectado a un sistema de alarmas de seguridad. Se han conseguido infiltrar, Miguel Ángel, han conseguido burlar al sistema entero porque ahí está la reproducción, la farsa, y la gente lo mira lo más contento mientras ojean la guía de Florence para ver si dice de algún lugar en donde sirvan rica pasta porque esto de ver museos todo el día drena el cuerpo y qué linda escultura que hizo Michaelangelow. Pero eso no es tuyo, no están tus marcas, tus huellas, no está la firma de tu estaca y al final es tan simple. Es tan simple como una victoria de lo no artístico sobre lo artístico que es lo que se ve por todos lados y espero que leas esta carta porque quizá puedas hacer algo al respecto o al menos enterarte de este episodio tan triste.

Mis saludos más cordiales,
P.

12 comentarios:

Mateo dijo...

Mi frase favorita:
"La mano que sostiene la piedra es una mano hecha de piedra que sostiene una piedra hecha de piedra y no hay que saber nada más"

Mateo dijo...

!Una piedra hecha de piedra!!!!!!

quelindalluvia dijo...

que lindura esto que pasó.

cientoveintemilquinientos puntos, que equivale a un muy bien diez felicidades con carita sonriente, moño y tupét.
a la vez un diploma en lenguas muertas con túnicas, porque acá se habla del arte, y hay que respetar un poco.

jaqueca comunal dijo...

claro, ante todo la seriedad

Mateo dijo...

Le puse una banderita a tu blog. Me salió un cartelito que decía. Has marcado este blog, indicando que contiene contenido de dudosa reputación.

Está mal eso de "contiene contenido".

Si te lo cierran todo a la mierda es por culpa mia, OK?

jaqueca comunal dijo...

no entiendo nada, ¿de qué hablás?

chiara dijo...

ey, muy bueno.
me gustó mucho.

estaba hablando con vos por msn recién, pero no se que carajo pasó y de repente todos los msgs que te mandaba volvian como si estuvieras desconectado, pero no lo estabas!
en fin, no más pa que sepas.

beso grande.
felicidades pa tu hermana

chiara

Mateo dijo...

Fijate que en la barra de arriba podes "Flag" un blog que ofende tu moral. En la barrita de arriba. la que está arriba.

Me copié de vos y puse una carta en mi blog

Virginia dijo...

i have flagged your blog because it offends me with posts that are too long and far in between.


ponete algo nuevo y diver, mik.

XOXO
lapeti (engripada y aburrida...)

jaqueca comunal dijo...

tomó un camino diferente, que sé yo... ensima estoy sin interné en casa

Chiquilín de Bachín dijo...

Excelente. Concuerdo fervientemente con mateo acerca de su frase favorita. Me gusta la primera carta más que la segunda, bien borgiana y cortazariana a la vez.

«No hay siglos. Sólo ese espacio tan levemente ocupado y tan hondamente. El blanco —el silencio—es su marco».

Rosa Navarro, Cómo leer un poema.

Virginia dijo...

para cuando, chambon?