lunes, 3 de agosto de 2009

Viaje de verano: Los kilómetros del tren

En primavera

PERSONAJE.- Vamos a llegar cerca de las tres.

NARRADOR.- El tren ya había arrancado. El ruido de los vagones sobre las vías no era demasiado fuerte pero, de una manera como histórica, seguía llegando al alma.
Cuando iban pasando unos alambrados con un fondo de praderas, PERSONAJE comenzó a recordar algo, una fuerza del pasado que se le venía encima como si la estuviera sintonizando en la radio. Los altos pinos le sugerían recuerdos específicos, nada era al azar. Lo sé porque me lo iba diciendo, me iba diciendo cosas como: “Cuando yo era joven vivía con una mujer. Esto te lo voy contando como lo veo en los pinos. Esto me sucedió a mí. Cuando yo era joven mi mujer era también joven. Vivíamos en un bosque de cedros y te digo que veo cada cedro, veo cada arbusto y las piedras. Corría el río lo bastante cerca como para sentirlo todo relativamente perfecto, más cerca hubiera ahogado el ruido del agua el canto de los pájaros. Yo no te puedo decir que esto me pasó a mí o esta ventana del tren con los tejados de color rojo y las sombras de las siete de la mañana estival. Pero sí te digo que el recuerdo me pertenece y que ahora sólo tengo ese recuerdo. Que me viene en forma de cuento al ver pasar ese puente de autopista y esos coches de colores. Te digo que el recuerdo es exacto. Puedo ver nuestra cabaña, que la construí no me acuerdo con la ayuda de quién. Me es imposible recordar la construcción de la cabaña porque ya está construida en este recuerdo y este recuerdo es lo único que me pertenece.”

PERSONAJE.- Todo ese maíz que va pasando es parte del recuerdo, o el recuerdo parte de esos campos, de esas hileras verdes deshilachadas con las regaderas automáticas en su horario matutino. Yo le iba a construir a mi mujer un mirador. Le iba a construir un mirador más alto que los árboles para que ella pudiera subir ahí y mirar por encima de los árboles; mirar hasta los horizontes donde sucedían los amaneceres y atardeceres que apenas percibíamos bajo las copas de frondosa arboleda. Y te digo que hacer este viaje es como ir a comprar la madera, es como hablar con el hombre de la ferretería y como tomar las diferentes medidas con el metro amarillo.
Ahora mismo estamos tomando el té en la cocina y escucho el cuchillo raspando contra las tostadas un poco quemadas, es un sonido que me lo sugiere el que tenemos acá bajo los pies, del tren, que también me sugiere el canto vespertino de los pájaros y la suave voz de mi mujer. Y aquella luz de primavera, rigurosamente filtrada casi al azar por los árboles de la tarde está acá y como tiñe los cipreses que vemos allá lejos como si no fuera temprano en la mañana de un día de verano. Nunca había tenido un recuerdo así.
Cuando yo empecé a construir el mirador ella me contó que estaba desarrollando las ideas para otra novela. Te digo que ahora mismo no te puedo decir ni los títulos de las novelas anteriores, pero me viene el recuerdo con la configuración de una concubina que ya escribió unas novelas etc. Viene todo junto. Me dijo que se iba a llamar Ojos de gato, patas de dragón, el título al principio me causaba un tipo de impresión, que es el que siento ahora mientras ella me da las primeras ideas de la novela, lo imaginaba como una olla grande de bruja hechicera y cómo los leños quemaban y dejaban grandes brasas sobre las cuales se apoyaba la olla. Y esa impresión me viene con el fuerte color de los jacintos que crecían libremente rodeados del olor de la nueva primavera, y no te puedo explicar cómo este verano y este aire acondicionado se van llenando de polen primaveral. Ella me hablaba de la novela mientras yo cortaba unas vigas de madera con una radial. Que es lo mismo que decirte que ella me hablaba de la novela mientras el tren para en este pueblo y el mundo se detiene y se sube esa mujer rubia con el pelo atado y la blusa color salmón.
Veo las vías quietas y veo sus labios moviéndose mientras estoy comiendo una manzana roja en un descanso y ella me dice:

ELLA.- Hay dos personajes, uno es un gato y el otro

PERSONAJE.- Un dragón.

ELLA.- Claro, hay un gato y un dragón. El texto va narrando la historia de uno y mientras tanto, en unas notas al pie, va narrando también la historia del otro, que constantemente ofrece la contracara del episodio narrado. El juego de dualismos se basa en los opósitos guerrero/poeta y nómade/ermitaño. Así, los escenarios de la novela son una cueva y el mundo. Cada animal sufre los procesos de convertirse en guerrero y en poeta, en cada uno de los escenarios. Por ejemplo, el texto va narrando cómo el dragón llega a la cueva y se va aislando del mundo y va profundizando el sentimiento bélico y la defensa de su cueva; mientras que las notas van desarrollando el camino del gato que, recorriendo el mundo, se transforma en un sensible poeta. Pero no voy a dar todas las combinaciones posibles, porque quiero que el texto se divida en dos partes. En la primera el texto principal es sobre el gato, y las notas al pie sobre el dragón, en la segunda el texto principal es sobre el dragón y las notas al pie sobre el gato. Creo que voy a hacer que en la primera mitad de la novela, el gato es un poeta ambulante y el dragón poeta ermitaño, y después en la segunda mitad, el dragón es guerrero conquistador y el gato es guerrero defensivo.


En verano

PERSONAJE.- Iba modificando la organización y corrigiendo las ideas y la novela iba tomando forma. Los girasoles apuntan hacia el tren y yo estoy empezando a terminar la estructura base sobre la cual voy a construir el mirador. Se abre un descampado lleno de árboles talados y yo veo los anillos de agua que deja el vaso con hielo donde sea que lo apoye, cada gota de condensación y el verano que esconde es una parte inamovible de este recuerdo y está todo escrito en las violetas que decoran el pórtico de esa finca. Cada tornillo y todos los clavos que voy poniendo están aclarados en el tren que pasa en la otra dirección mientras el ruido trabado del encuentro se repite en cada ventana hasta que se va y nos vamos.

NARRADOR.- Todo esto le sucedía a PERSONAJE, días como ese entraban y salían por su memoria completando el proceso y decía todo en voz alta, lo que ambos veíamos por la ventana y lo que él veía en lo que veía por la ventana. Él trabajaba en el mirador, para ella, y ella le hablaba sobre la novela que escribía. De hecho la iba escribiendo mientras se la contaba. Y él a su vez me lo contaba a mí que, en el asiento de enfrente y mirando por la misma ventana y consintiendo los mismos movimientos del tren (yo de espaldas y él de frente a nuestro destino), me maravillaba por la historia que no terminaba de creer verdadera.


En otoño

PERSONAJE.- Ella estaba trabajando mucho en el estilo de las narraciones. Porque acompañando los procesos de poetización y militarización, había una transición gradual del estilo que se iba poetizando y como resecando, respectivamente. Al éxtasis poético le correspondía un estilo barroco y sobrecargado; al militar uno clásico y austero.
Yo estaba haciendo una escalera caracol bastante curiosa, y no me faltaba mucho para terminarla. Esos troncos apilados tan prolijamente al costado de las vías tienen el mismo signo que un atardecer de otoño, cuando el trabajo no estaba tan importunado por el calor pero que cada día tenía menos horas de luz para llevarlo a cabo. Yo quería poner algunas maderas más antes de cerrar el día y ella me hablaba del momento en que se cruzan el gato y el dragón, en la mitad de la novela.

ELLA.- Cuando el gato llega a la cueva del dragón, ya ha sufrido un proceso completo de poetización, ya ha tenido su clímax romántico de absorción del mundo y necesita un lugar para aislarse. El dragón, en las notas al pie, ha estado viviendo en la cueva como guardián y protector, pero con el pasar de la narración, se va interesando por conceptos poéticos como el honor y la venganza, y también se va poetizando, culminando en el mismo episodio en el que culmina el sentimiento poético del gato. En el momento en que se encuentran, el gato se aísla en la cueva del dragón y el dragón sale a descubrir el mundo. Acá viene la transición a la guerra por parte de ambos, que también tiene su momento cumbre, en la visión de sus mundos respectivos y en el estilo de escritura, que luego desciende hasta que se vuelven a encontrar y termina la novela.
En otoño la luz cambiaba, los cedros se mantenían iguales pero los álamos que poblaban el litoral perdían las hojas que luego se desperdigaban por toda la zona, el viento las llevaba hasta la entrada de la cabaña y traían consigo un poco de luz que venía del lado del río como si fuera el final de un túnel, de una cueva.


En invierno

PERSONAJE.- Los campos de maíz son ahora mucho más extensos y las estructuras de las regaderas mucho más grandes y elaboradas. Al costado de las vías siempre acompañan los cables de electricidad que, entre poste y poste, descienden un poquito. Es uno de esos vientos fríos de invierno que se calan en los vagones del tren como si fueran huesos. Ese vallado de madera, más lejos que las vacas, desprende el olor del café con leche que ella me trae después del mediodía, en una bandeja que también tiene un cigarrillo y un encendedor.

ELLA.- Haciendo referencia a situaciones cronológicas e históricas específicas, la novela va trazando una disposición temporal. Mientras narra una historia va mostrando el paso del tiempo, pero en las notas al pie va mostrando otro distinto, de modo que al final se hace claro que uno va hacia adelante y el otro hacia atrás y que cuando termina la novela, empieza en marcha atrás de vuelta hasta el principio; y que toda la historia del dragón, primero en las notas al pie, y en la segunda mitad como narración principal, en realidad está contada al revés.

NARRADOR.- PERSONAJE dibujaba un ocho con el dedo en la ventana que veía pasar cosas verdes a mucha velocidad; un ocho horizontal, como un infinito. Me decía: “Imaginate la historia del gato como una onda que sube por acá y llega arriba, a la cresta de la onda, cuando culmina el proceso de poetización, después empieza a bajar, acá en el medio se cruza con el dragón y toma su cueva, la onda sigue bajando mientras el gato (que en la segunda mitad de la novela está acá abajo, en las notas al pie) se va oscureciendo como ermitaño y en vez de una visión poética de su retiro empieza a concebir una realidad mucho más violenta y la necesidad de cuidar su cueva de los peligros inminentes. Esto también llega a un punto máximo que es esta parte de abajo de la onda, que después empieza a subir de vuelta hasta llegar al final de la novela.” Con el dedo había dibujado una onda periódica completa, y ahora estaba dibujando otra igual pero inversa, como completando un ocho. “La otra mitad del ocho es la historia del dragón, que en las notas al pie también se va poetizando y llega al punto máximo en el valle de la onda, después empieza a subir, acá se encuentra con el gato,” marcaba como una cruz en el punto medio en el que se cruzaban las dos ondas, “y después sigue subiendo, ahora estamos en la segunda mitad de la novela cuya narración principal es la del dragón, mientras deambulando por el mundo se va enturbiando y una fuerza guerrera y violenta va creciendo en él. El punto máximo es la cresta de esta onda, después se va relajando hasta que llega al final.” Yo no entendía nada, pero lo había visto trazar en la ventana dos ondas completas, cada una la simetría exacta de la otra, sobre el fondo cambiante de parches de árboles de diferentes texturas y campos con diversa siembra. “El tiempo de narración, en el sentido cronológico, es correcto en el caso del gato, que es esta onda de acá, pero está invertido en el caso del dragón. El primer episodio del dragón es en realidad el último, el segundo es el penúltimo, etc. Entonces la línea de tiempo de la novela es así.” Recorría con el dedo la onda del gato y cuando llegaba al final empezaba de vuelta hacia atrás por la onda del dragón, trazando un ocho. Esto lo hizo varias veces. A veces el tren pasaba por pequeños valles donde la línea de los árboles se acercaba y sólo se veían manchas verdes en movimiento, en toda la ventana.


En primavera

PERSONAJE.- Cuando estaba terminando el invierno me empecé a apurar porque lo quería tener todo listo para el día de la primavera. No me faltaba mucho, algunos últimos detalles y aplicar el barniz. Ella también se acercaba al final de su trabajo; estaba básicamente corrigiendo el manuscrito. Ese tren de mercancía, con manchas de óxido, frenado dos vías más allá, pronto empieza a desprender olor a barniz, el mismo barniz que se me pegotea en las manos y en el puño del pincel, en tanto que ella me dice lo poco que le falta. Mientras se seca el barniz leemos la novela juntos, aunque yo ya me la sé de memoria y la podría recitar ahora mismo si hiciera un examen minucioso de esas nubes y de ese gallinero cercado en donde parecen flotar las plumas blancas.
Un día nos despertamos y ya no olía a barniz, y ese día era exactamente el equinoccio de primavera, esas cosas se sabían, incluso sin calendario, y yo, descalzo, la levanté descalza del piso y la llevé caminando por el pasto que ya empezaba a tener jacintos otra vez y no le dije nada pero tenía los ojos cerrados, el manuscrito en sus manos, y la subí ahí arriba y cada escalón era un grado menos de sombra proyectada en su cuello hasta que ya estábamos arriba mirando para todos lados entre besos entre caricias.
Muchos días nos quedamos arriba, descender no parecía tener sentido, las necesidades corporales como el sueño y el hambre habían en cierto sentido desaparecido y cada día tenía un amanecer y un atardecer y veíamos cada sombra cambiar en cada hoja de cada árbol; durante la noche sentíamos cómo el sol recorría el otro lado del mundo, lo sentíamos en los pies en las manos. A veces, como ahora mismo, el cielo se iba llenando de nubes que concluían en lluvias que nos mojaban, el ruido de las gotas por todo el bosque y por nuestros cuerpos lo escucho en la acequia aquella bordeada de piedras, esa, a la izquierda de esos campos, creo que son de soja.

OTRO NARRADOR DISTINTO.- Después estuvieron un rato sin hablar, cada uno mirando su propio paisaje en la ventana. De un momento a otro PERSONAJE miró a NARRADOR y era la cara de hablar y le dijo “Después descendimos juntos, casi flotando, y nos metimos en la cama a dormir, como este momento en el que los campos se convierten en arrabales en calles en autopistas en mercados en oficinas en túneles en la estación.” Miró su reloj y dijo: “las tres y cuarto, más o menos lo que predije.” Se levantó un poco más tarde que los demás, ahí NARRADOR se dio cuenta que no llevaba equipaje. Su mirada se le fue antes de que se dejaran de mirar, después se fue él, entre los otros pasajeros. NARRADOR se quería bajar también, era el final del recorrido, por algo había cubierto el trayecto, pero en lugar de hacerlo se quedó sentado en su lugar que ya no miraba hacia atrás sino que miraba hacia adelante; y a los minutos el tren comenzó en ruidos que culminaron en un pitido fuerte y consistente que emprendió la vuelta a casa. Cada uno de los pasajeros había sido sustituido por todo lo que había en el mundo que no fuera sí mismo. NARRADOR apreció el fenómeno con especial claridad mirando al hombre que ocupaba el asiento de PERSONAJE, ahora de espaldas al otro extremo de la historia que estaba, de alguna manera, empezando.

5 comentarios:

quelindalluvia dijo...

quiero decir que lo leí, y que no quería dejar de leerlo.
sabía que me esperaba algo fabulantástico. y qué bien sabía.
es buenísimo, es como si escribieras siempre el mismo cuento pero cada vez mejor.

Mateo dijo...

Sí, es buena la lectura de Agus, siempre el mismo y cada vez mejor.
Es muy bueno.

Me queda la intriga de qué pasa en el último encuentro entre el gato y el dragón (gran novela).

El título no es mi cup of tea. Le pondría "Ojos de gato, patas de dragón"

jaqueca comunal dijo...

a mí tampoco me gusta mucho. me obsesioné con que tenía que estar la palabra verano en el título y al final quedó así.

la verdad que ponerle Ojos de gato, patas de dragón, no lo había pensado. No me parece mala idea. Quizá podría ser "Ojos de gato y patas de dragón, en verano" o algo así.

quelindalluvia dijo...

o... "Verano de gato y verano de verano"

jaqueca comunal dijo...

jaja, me gusta tu estilo ¿me oyes?