viernes, 28 de marzo de 2008

Extraño accidente fatal en la ruta

1 de marzo del 2008
Dos Peugeot 404 verdes con la misma patente chocan de frente, ambos conductores fallecidos.
El misterioso incidente ocurrió cerca del zoológico Temaikén, las autoridades todavía no dieron explicaciones. Testigos aseguran que los cadáveres eran muy parecidos y estaban vestidos igual. Fuerte disputa por el destino de un manuscrito encontrado en los baúles de ambos vehículos.
BUENOS AIRES.- El siniestro ocurrió ayer a las 16 horas, cuando dos Peugeot 404 del año 56 sufrieron colisión frontal a altas velocidades. Llamó la atención de los testigos que los coches fueran tan parecidos, la sorpresa llegó cuando se advirtió que las patentes también eran iguales. Careciendo de los resultados de la autopsia sólo se puede especular. El vehículo figura en el registro de automóviles de la provincia de Buenos Aires, el dueño y conductor fallecido es Patricio Sodenberg, natural de Tigre. El misterio incrementó al descubrir que la fecha de cumpleaños del hombre es el 29 de febrero de 1960 y que el accidente tuvo lugar ese mismo día de este año bisiesto.
Las conjeturas crecen y todavía escasea la información oficial, uno de los dos conductores debiera ser un “falso” Patricio Sodenburg, conduciendo un “falso” Peugeot. Declaraciones recientes de la vecina del fallecido afirman que era un hombre “solitario” que nunca recibía visitas y que escuchaba música clásica muy fuerte. De exactamente 48 años, vivía solo en la casa de sus padres desde los 20, cuando toda su familia naufragó y desapareció en una embarcación de la empresa Cacciola, con destino a Carmelo. Pudo mantenerse buscándose la vida con diferentes empleos que nunca duraban demasiado. “Vivía con fuertes dificultades económicas”, declaró la misma vecina. Entre los testigos del accidente, los que lo presenciaron con mayor cercanía cayeron desmayados al instante y permanecen vigilados en el hospital. “Yo no sé que vieron, pero debió ser impactante. Cuando yo me acerqué estaban sacando a los cuerpos y eran exactamente iguales. No me puedo olvidar del pulóver celeste y rojo que los dos conductores tenían puesto.” Se esperan ansiosos los resultados de la prueba de ADN ya que sólo entonces se dará con la identidad del falso conductor. Algunos periodistas de menor seriedad han intentado hallar la explicación dialogando con expertos en sucesos paranormales. Las conjeturas han llegado al límite cuando se sugirió que todo el accidente podría no ser más que una proyección mental materializada físicamente, producida por una psiquis fuertemente trabajada y/o un ingrediente milagroso. Esto es imposible de verificar aunque la biografía del fallecido daría pruebas de una vida enajenada, fácilmente clasificable como tendenciosamente suicida.
El hombre tiene una antecedente penal, hace 12 años la policía le tuvo que llamar la atención por los altos decibelios en los que escuchaba a Beethoven y terminaron deteniéndolo por rehusarse a bajar el volumen y a ponerse pantalones.
Según fuentes locales, ambos vehículos resultaron llevar los mismos contenidos tanto en la guantera como en el baúl. En las dos guanteras se encontraron cintas de Beethoven, los papeles del coche –rigurosamente iguales-, y dos riñoneras “hippies” con 12 gramos de marihuana, papelillos de fumar de la misma marca e incluso con la misma cantidad de “sedas” restantes. En el baúl se encontraron dos manuscritos idénticos que permanecen bajo custodia de la policía, aunque diversos grupos ya han comenzado a luchar judicialmente por hacerse con el texto. Si no se logra dilucidar una identidad diferente para uno de los dos conductores, las proporciones del caso aumentarán de manera rampante. El manuscrito podría tener altos valores científicos, religiosos, literarios, psicológicos, antropológicos, y los estudiosos de todos los campos no cesarán hasta conseguir acceso a él.
Se baraja la posibilidad de que sea una suerte de “performance” artística llevada a cabo por dos personas de consentimiento mutuo, y la escena de los blogs de Internet ya está llevando estas ideas hasta sus últimas consecuencias.
Las autoridades darán una rueda de prensa esta tarde donde se esperan aclararse algunas de las tensas dudas acerca del espectáculo borgeano sufrido ayer. Todos los interesados tienen grandes esperanzas de que el susodicho manuscrito, aparte de la prueba de ADN, pueda contestar algunas de las intrigantes preguntas que el suceso obliga plantearnos.

lunes, 24 de marzo de 2008

Su cabecita si dirige hacia adelante y hacia atrás como si las cosas tuvieran sentido. Repite ese movimiento, lo repite. Es un pájaro. Uno de los genéricos que están en tu jardín a esta hora, si tenés jardín, no vamos a decir palomas, a qué mentir. Uno podría decir todo lo que no soy yo es de plástico. Cómo serán las cosas adentro de una bolsa de tierra comprada, es oscura; casi negra. La fertilizaron o se fertilizó, excusa suficiente para entrar en el mercado. En la pileta una paleta. De esas chatas, de colores, básicamente azúcar. En algún momento hubo un principio, a la marca le pusieron Chupetoncito y ahora se intercambia por dinero. A veces el aire decide que una pileta va a consumir una de esas paletas y qué decisión tengo yo sobre eso. Se cayó al fondo de la pileta y al día siguiente sólo quedó el palito de plástico blanco, vacío como una caña de bambú. Plástico. Los colores se fueron deshaciendo, después era todo blanco, después nada. Hay un intento de escribir cosas adentro de una bolsa de tierra comprada, son bolsas de diez kilos, veinte kilos. ¿Cuántas cosas se encuentran ahí adentro? Las flores que van a crecer de ella, ¿están envueltas en ese plástico transparente, embotellado?
¿Hasta dónde puede uno irse, y hablo físicamente, escuchando pájaros cantar en diferentes planos, pasa un coche, pasan los años?

martes, 26 de febrero de 2008

Revista Lapsus

Éstos son unos carteles que hice para una revista que estamos intentando materializar en las proximidades del tiempo, el equipo y la difusión más inmediata corresponde a mi facultad pero aceptamos textos de todos lados.

Nota: La insistencia con lo de "cualquier lengua" es por el tema del catalán, en realidad éstos son los carteles antes de que María los traduzca a dicha lengua autóctona.

viernes, 22 de febrero de 2008

lunes, 11 de febrero de 2008

Carta cerrada para Héctor

A mí lo que me gustaría que pase es que yo escriba una carta para alguien del futuro, diciendo por ejemplo que si por casualidad la encuentra en una zanja cerca de su casa, en el año 2077, saliendo a pasear al perro y un poco preocupado por asuntos matrimoniales, eso sería una gran casualidad. Un chico es secuestrado por piratas en algún recoveco de las Antillas y luego abandonado en una isla desierta. Como sabemos, escribe un mensaje en una botella, la lanza al mar y reza a la piedad de un Dios en el que cree realmente. La botella recorre mares repetitivamente y en un momento se choca con otra botella de características rigurosamente iguales; momento poco visto, el mar brindando en el medio del mar, lejos. Y después una botella va a parar a las manos del otro náufrago y viceversa. Para ese momento ya son viejos y sólo vagamente recuerdan esos símbolos y su supuesto significado. Por eso digo, si hay alguien ahí fuera, leyendo esto por allá por el altiplano boliviano, mirando en la distancia y en esa situación una carta, entregado al viento, le cae a los pies; justo mientras pensaba sobre los pájaros y el viento. Entonces ¿quién escribe? O imaginate, Héctor, que vos te llamás Héctor y aparecés caminando por ahí, por la calle, con tus hijos y te encontrás esta carta cerrada en una plaza. Te llama la atención, la agarrás y te la llevás a tu casa. Te sentás en una mesa de madera un poco vieja y abrís la carta, leés hasta este punto.

Por ahora es todo bastante raro, ¿no? Justo dije lo de la mesa de madera, eso puede ser casualidad, pero, justo dije el nombre Héctor y vos te llamás Héctor. Es raro. Tenés ganas de avanzar, que te diga más cosas, ¿no? Para comprobar, a ver qué pasa. Entonces digo, así sin pensarlo, que es el año 2048, ¿sí? Me siento omnipotente, omnipresente, omnisciente, ¿vos cómo te sentís? Dejame adivinar… no, bueno, no hace falta que entre en eso. Pero así con los datos íbamos bien, tu pared es verde clarito. Tres hijos. Se murió un perro tuyo hace poco… ¡¿En serio?! Hace dos meses… ¡ja! Es que claro, estas cosas pasan, es muy raro pero pasan. Es como la historia esa de Marco Polo que en realidad no viajó nada, sólo se puso a escribir en su casa y se lo inventaba todo, pensaba cómo será China, nombres graciosos como Cathay o el Gran Khan y lo escribía y al final era todo verdad. Te digo, estas cosas pasan.

Bueno entonces ya que estamos puedo contar tu historia, a ver en cuánto acierto. ¿Leíste Hamlet? Ay, no sé por qué pregunto, claro que leíste Hamlet. Porque yo quiero que hayas leído Hamlet. Hay una parte genial, ultra-barroca, como bien sabés, en la que Hamlet prepara una obra de teatro que mimetice las acciones de su repugnante tío para ver la reacción y así tener una prueba mundanal, fehaciente, de los crímenes cometidos. Hamlet les explica la obra a los actores y les da consejos teatrales sobre el arte de la imitación. Es divino, ¿no? Podría habar pasado que un día Shakespeare no podía actuar, porque se había lastimado el tobillo, y miraba su obra desde el público y claro, se estaba viendo a sí mismo imitado por un sustituto, alguien lo imitaba a él que imitaba una situación que etc., se multiplican las relaciones y William Shakespeare puede tranquilamente ser la imitación de alguien viendo la imitación de algo que imita a alguien que imita una cosa que pasó para imitar a otra para un fin determinado. Vos amás los fines determinados Héctor, estás ahí leyendo algo que forzosamente tiene un fin determinado y todo va encajando, ¿no? O el contrario: nada va encajando y lo único determinado es el principio. Y todo eso lo escribió Shakespeare en su casa, la realidad es escribible. Y cuando Shakespeare lo ve en el escenario, les da consejos a sus actores sobre el arte de la imitación, y ahí lo ve, tiene pruebas fehacientes de que es un genio, mirale la cara. Ay, Héctor, vos ahora sos más viejo que yo, ¿es gracioso no? Es como uno de los paréntesis anecdóticos de Smoke, la película de Paul Auster, que cuenta del hombre que sale a esquiar, se pierde y muere congelado. No encuentran el cadáver, después sale su hijo, muchos años más tarde, a esquiar y se encuentra con el cadáver de su padre, intacto en un bloque de hielo, y más joven que su propio hijo. Estas cosas pasan, Héctor. Vos ahora sos más viejo que yo, no pasa nada. Sería ridículo pretender que sólo porque yo llegué antes al mundo en orden cronológico, ahora debo ser más viejo que vos. Yo tengo veinte años. Sí, ya sé que vos todavía ni naciste, que naciste el año que viene. Pero vos ahora tenés treinta y nueve y yo sólo tengo veinte.

¿No es gracioso que ahora te estés preguntando qué hubiera pasado si no te hubieras ido a Lisboa? Te fuiste a los viente, ¿no? Claro, vos te acabás de encontrar una carta cerrada y todo indica que está escrita para vos, y está escrita por un chico que ni siquiera escribe muy bien y te está diciendo todas estas cosas, antes de que ni se conozcan tus padres. Pero yo digo precisamente estas cosas, digo tres hijos, digo el color de la pared es verde clarito. No digo ninguna otra cosa, entonces ¿qué si no te hubieras ido a Lisboa? Hagamos un paréntesis liviano, una pequeña demostración, digamos: cuando veas el símbolo del número pi, vas a escuchar el canto de un pájaro, agudo y sostenido, y acto seguido va a entrar tu hijo por la puerta, hablando sobre un examen de matemáticas. Todavía no. Ahora vos tenés una elección, podés dejar de leer, tirar la carta, o esperar para abrirla en algún momento en el que tu hijo esté durmiendo o muy lejos de casa. O podés seguir leyendo pero en cualquier caso va a pasar, cuando llegues al momento en el que la tinta desplegada dibuje aquel atractivo simbolillo, van a pasar esas dos cosas. Y eso va a pasar ahora, mirá: π

Yo te dije.

Es raro, ¿no?

Ahora que nos vamos conociendo, Héctor, cada vez estoy más seguro de que estás ahí, al principio era medio en chiste pero ahora es distinto, siento que puedo definirte, siento que puedo decirte que no dejes a tu mujer, que no es buena idea, o que no te subas al auto el día de tu quincuagésimo cumpleaños, que vas a tener un accidente. Pero es precisamente éste el momento en el que detengo, en el que me quedo sin tinta o sin ideas. El azar de las experiencias es tal. O sin ganas de seguir, u obligado a hacerlo por la aparición repentina de unos guerrilleros o unos piratas. No tengo más papel Héctor, es eso. Soy tan malo con los finales y, por ahora, este es el fin. Emily Dickinson dijo, en el siglo XIX y siempre: “Parting is all we know of heaven, And all we need of hell”. En nosotros, además del cielo y el infierno, se solapan la bienvenida y la despedida, son uno y lo mismo. Nada va encajando y lo único determinado es el principio. Pero no hace falta nada más; en la Capella Sistina no se lo ve a Dios abrazando a Adán, con el dedito basta.

Cuando yo era niño hicimos un juego divertido en mi colegio: escribimos cartas para meter dentro de globos e inflarlos con helio para soltarlos luego y ver si alguien los encontraba. Lo gracioso fue que a uno de mis compañeros le llegó una respuesta por correo. Estas cosas pasan. El mío todavía no lo encontraste pero estoy seguro que ya te estará por llegar. Yo voy a seguir acá. Somos náufragos, Héctor, náufragos.

Espero tu respuesta.


lunes, 4 de febrero de 2008

Algunos haiku


Por más que digo
‹‹¡Ven, ven! ››
la luciérnaga
pasa volando.

Onitsura (1660-1738)

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

Jor
ge Luis Borges (1899-1986)




Para las flores
el olor de la primavera
es el mío.


Bajo la lluvia,
los árboles comienzan
a murmurar.


Circularmente,
el tiempo y los años
los mide el árbol.


El tiempo,
si a alguien, le pertenece
a un ombú.


Cuando la piedra
cae al agua ―círculos.
La edad del árbol.


En los árboles
como en las lagunas,
mi reflejo.


Las nubes,
la lluvia sobre el lago,
los fantasmas.


El agua
como lo demás también
es circular.


Las nubes aman
su reflejo en el agua
y se ahogan.

jueves, 24 de enero de 2008

Volando con el interné (tercera entrega +1)

colonia1.

(Del lat. colonĭa, de colōnus, labrador).

1. f. Conjunto de personas procedentes de un territorio que van a otro para establecerse en él.

2. f. Territorio o lugar donde se establecen estas personas.

3. f. Territorio fuera de la nación que lo hizo suyo, y ordinariamente regido por leyes especiales.

4. f. Territorio dominado y administrado por una potencia extranjera.

etc.



¿No es raro que Colón haya ido a América a hacer lo que le dictaba su apellido?

Una de los tantos momentos en los que se solapa la historia, el tiempo se pliega y despliega como un acordeón y cosas que pasaron antes en realidad pasan después y al revés. Porque es mentira que colonia viene de colonus, labrador; colonia viene de Colón pero antes no lo sabían.

1+4+9+2 es igual a muchas cosas extrañas: ¿Qué vino antes, la "Reconquista" o la toma de Granada? ¿La Gramática de Nebrija o la lengua que usamos hoy? ¿El planeta en que vivimos o el globo terráqueo que lo mimetiza? ¿La expulsión de los judíos o el nazismo? ¿Los dinosaurios o el Renacimiento español?


¿qué vino antes?
1+1+1
2-0
-1+2

¿La Santísima Trinidad, los 33 días que estuvo Colón navegando o la obsesión con el número tres?

jueves, 17 de enero de 2008

Siete más uno (Los ojos rojos)

1.

Terminó la última propaganda, lo sabía porque ahora estaba el anuncio del canal 8, y eso significaba que ya iba a empezar el Chavo del ocho otra vez. El Chavo era uno de los grandes pero parecía como uno de los chicos, el canal se llamaba Ocho y Carlitos se preguntaba si era primero el Chavo y después el canal o al revés. Antes pensaba que era el Chavo del canal Ocho pero después vio una vez que el Chavo vivía en un barril y tenía pintado un ocho en el barril. Se conocía ese número porque Mamá le decía el nombre del canal y le decía el Chavo del ocho, Carlitos, poné el canal ocho y veía el número 8. El ocho era como dos círculos que iban juntos, como dos ceros. Se sabía el cero y el uno, y el dos, y algunos más, como el ocho. Empezó el Chavo y lo miró. Carlitos siempre sabía lo que iba a pasar. Le gustaba adivinar los chistes, no perdían el sentido, era gracioso. Pero entonces el Chavo tenía petardos. Carlitos nunca había visto al Chavo con petardos, nunca había visto petardos, sólo en los dibujos. El Chavo tirándolos por todos lados y se enojaba la vecindad, ruidos muy grandes como de truenos. A Carlitos le gustaban los truenos, los miraba por la ventana y los relámpagos también los miraba y los escuchaba. Y le daban miedo pero era un miedo bueno. Le daban miedo pero estaba adentro y a veces estaba en la cama y los veía en la ventana y los escuchaba y pensaba en Dios tirando petardos. Después Carlitos quería tirar petardos pero dónde conseguir petardos. En el Chavo y por lo que había visto en los dibujos eran como palos de papel rojo y entonces agarró unas cartulinas rojas y las hizo como palitos y sólo necesitaba los fósforos de la cocina. Mamá nunca le dejaba agarrar los fósforos, tenía que hacerlo a escondidas. A veces Mamá dormía la siesta y él puso la tele bien alto y se subió al banquito de la cocina y pudo alcanzar los fósforos. Vio el barco en los fósforos pero él no sabía qué decía en la bandera pero pensó en piratas y que quizá decía Pirata o algo relacionado con los piratas. Cuando ya tenía los fósforos se puso en su cuarto con los petardos. Primero gastó muchos fósforos porque no los podía prender bien y después los prendió bien y empezó a prender los petardos. Justo cuando el primero estaba por explotar se terminó el fósforo y le quemó un poco el dedo. Entonces se dio cuenta que todos los fósforos que quedaban estaban ya negros y no quedaba ninguno rojo. Tuvo que bajar a la cocina a buscar más pero no encontraba y entonces vio el metal que usaba Papá para prender los cigarrillos. Lo sabía usar porque era divertido y un domingo que Papá se estaba duchando lo usó. Lo llevó a su cuarto y abrió la tapa y empezó a mover la ruedita y una vez que lo hizo bien fuerte salió el fuego. Era mejor que los fósforos porque no se terminaba pero justo escuchó unos ruidos en el pasillo que eran Mamá y ya no podía esconderlo todo porque también estaban todos los fósforos tirados y Mamá entró y lo vio. Le gritó y le sacó los petardos y el metal y él lloraba y la odiaba porque le había sacado los petardos y no los había podido explotar.

2.

Estaba en el dibujo de Escher subiendo una escalera y había dibujos en la pared de cosas que iban cambiando y también había símbolos del infinito y de repente la escalera no iba para arriba sino que para abajo y se despertó con un trueno sudando. No sabía si el trueno había sido de verdad. Carlos dormía y le daba la espalda como siempre y el corazón le hacía temblar en todo el cuerpo. Miró el reloj pero se había apagado, algo había pasado mientras dormía que había apagado y vuelto a prender el reloj, estaban ahí los cuatro ochos cuadrados, de color rojo luz. Ponderó medio despierta la posibilidad de que el trueno haya caído en su electricidad. Los ochos cuadrados parpadeaban en la oscuridad. Cuatro ochos que eran ocho cuadrados puestos juntos de esa manera. Y parpadeaban como mirándola, como ojos rojos que la miraban y ella temblaba los residuos del sueño de Escher. Caminó hacia las puertas que una daba al pasillo y la otra al baño y mientras hacía eso pensó en cómo el cuarto tenía esa manera de adaptarse a sus sueños y sus rutinas. En la noche se levantaba de la cama por sus sueños, si soñaba el sueño del jugador de fútbol que se acostaba con ella era la puerta del baño y se masturbaba en silencio; Carlos ya no la tocaba. Si era el sueño del dibujo de Escher era el pasillo y la cocina. Fumaba en la cocina y pensaba en Carlitos y en Carlos, siempre mirando fijo el zippo de Carlos con el que jugueteaban sus manos. La bola negra de pool grabada en el encendedor, con unas llamas en naranja y amarillo, le traían días lejanos con olor a bencina que seguramente ya no existían más, la bola 8 era testigo o evidencia de esos días. La bola 8 era un ojo negro con dos ojos pequeños en la pupila blanca. No se quería ir por Carlitos, no era su hijo y lo tendría que dejar. Lo quería como suyo, lo había criado desde los cuatro meses. Pero entonces consideró, bajo la única luz de la lámpara que colgaba sobre ella y la mesa de madera, que ese día era diferente a los demás, o anterior, como si pudiera hacer que los días anteriores se cancelasen entre sí y ese era un único día. Se abrigó y salió a la calle.

En el bar de la pensión tomó una ginebra en un trance, encendía cigarrillos con el encendedor de Carlos y lo miraba abrirse y cerrarse en sus manos como hacía en casa. Lo usó para su último cigarrillo y después le regaló el encendedor al de la barra. Al dormirse supo que estaba en una cama extraña, en la habitación de una pensión, totalmente sola.

3.

En el tren casi nunca dormía. El sentimiento de trabajar por la noche se chorreaba mucho para afuera de las ocho horas de trabajo y en el tren miraba a la gente recién despierta, con el otro tipo de sueño que es el de la mañana. Dos mundos se unían en el tren, y los demás no eran conscientes de aquello, que ellos dormían mientras él trabajaba, que ellos quizá cuando dormían soñaban lo que él hacía en el trabajo, sirviendo algunos tragos y viendo a la gente entrar o salir, a veces traían putas y las subían a sus habitaciones y eran pequeñas parejas descartables que usaban ese tiempo de la otra persona y durante ese rato la pensión era su reino, eran dueños del mundo y del tiempo. A veces se acordaba de la gente que dormía en la pensión, a veces se olvidaba; a veces veía alguno en el tren y eso seguramente era lo que alguien estaba soñando en algún lado. Millones de personas dormían de doce a ocho y él trabajaba a esa hora y dormía mientras los otros trabajaban y dormía mientras en el otro lado del mundo alguien trabajaba el turno de noche en un hotel y no dormía como los demás de ese lado del mundo. En su casa agarró el zippo que le había regalado esa mujer y lo dejó en su escritorio, Santiago nunca había fumado y era un objeto extraño para él, no simpatizaba la bola ocho con las llamas pero era capaz de encontrar un encanto kitsch en el objeto y lo dejaba en su escritorio para mirar y pensar en otras cosas.

Mientras Raúl veía Superman en la habitación contigua, soñó con un video casero de su niñez, lo miraba a su papá que estaba del otro lado de la cámara y él desde la silla alta la imaginaba como una pistola, su mamá prendía las velas de cumpleaños con un encendedor zippo y el sentimiento era que había una pantalla con esa proyección de por medio, o que todo sucedía sobre la pantalla blanca, proyectado desde el aparato en la oscuridad. El tono ocre del Super8 cubría la escena como una manta que sugería la nostalgia, el pasado remoto y quizá hasta la ficción.

4.

Entró al cuarto de Santi haciendo puntitas de pie para no hacer ruido, quería mirar las cosas. Siempre había muchas cosas en su cuarto y él se metía a mirarlas mientras dormía. Siempre estaba durmiendo. Cuando él volvía del cole estaba dormido y después más tarde estaba despierto pero en su cuarto con los libros que era como si estuviera durmiendo pero sentado. Después Raúl se iba a dormir y cuando se despertaba estaba durmiendo otra vez, siempre durmiendo. Se subió a donde estaban los libros y encontró un metal con un fuego y se lo llevó a su cuarto con cuidado. Lo guardó con sus tesoros en el lugar que nadie conocía, y volvió a la tele. Estaba en propagandas y ya se las conocía todas y le aburría. Cuando había propagandas siempre miraba el aparato de video y veía los ochos parpadeando en la pantalla y pensaba en que en los números cuadrados del video se podían hacer todos los números sólo con un 8. Los iba imaginando mirando los ochos. 1, 2, 3. Sabía contar hasta diez como sus dedos pero los demás números todavía no los sabía. Miraba el video y a veces pensaba que si la tele fuera como el video podría hacer Fast Forward a las propagandas que eran aburridas. Después vino Santi y le empezó a preguntar sobre el metal y le decía que era un encendedor y que era suyo y que se lo devuelva pero Raúl se lo negaba y se lo negaba. Sabía que Santi no lo iba a encontrar porque estaba guardado en el lugar que nadie conocía. Santi no le dijo nada más y se fue. Nadie podía tocar sus tesoros.

5.

Prendió la luz y lo empezó a anotar en su cuaderno. Ana le dijo que estaba tardando mucho, que quería dormir, que ya le había dicho que si era muy largo que lo vaya a escribir en el estudio. Se puso un pulóver y se sentó en su escritorio para seguir escribiéndolo. Estaba en un laboratorio científico y trabajaba en división de células, agarraba las células que eran como pelotas de pool y ponía las manos de ambos lados e iba sacando las células de una especie de espejo, y al final era una sola célula, no lo podía expresar bien en palabras, era como si estuviera en Rewind porque en vez de sacar dos células de una, se unían dos células para formar una sola célula. En la pared del laboratorio habían imágenes de cintas de Moebius, y Raúl intentaba explicar lo que sentía al mirar esas imágenes, como si fueran una especie de opresión, como si lo acechaban en el trabajo y le decían que era mal científico, que nunca iba a poder conseguir que se dividan bien las células. Después había un ayudante que era Carlos Zanetti, uno de sus pacientes más perturbados, y el ayudante le pedía fuego para encender un mechero de Bunsen y él le daba el encendedor zippo que le había robado a su hermano de niño y había guardado por tantos años. Ese maldito encendedor que aparecía en todos sus sueños y siempre con el mismo peso y carácter, era quizá el objeto más simbólico que había tenido en su vida pero no entendía qué significaba ni por qué. Entonces él se sacaba la bata blanca de científico y se sentaba en un diván y comenzaba a contarle un sueño a su analista, que no era su analista sino que era su paciente Carlos Zanetti nuevamente, y Carlos Zanetti le interrumpía para decirle “Los murciélagos tienen alas de cisne y se cuelgan hacia arriba, viendo tu panza al revés. Yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos.” Se acordaba de esas frases y las anotó. Mientras miraba distraído las hojas escritas, tenía pensamientos abstractos sobre Carlos Zanetti y las cosas que le contaba en las sesiones de terapia.

6.

Lo encontró en una caja con muchas cosas, en el garage de su padre que había fallecido poco antes. Lo reconoció al instante, el olor eran muchísimos olores, muchísimos recuerdos. Quizá lo recordaba más grande aunque había visto millones de zippos en su vida y sabía que eran todos del mismo tamaño. Pero éste era más grande y el olor a bencina era diferente a los otros olores a bencina. La bola de pool le abría una dimensión de recuerdos y de pensamientos nítidos. Su padre mirando y mirando el zippo, abriéndolo y cerrándolo en sus manos, perdido y alejado en su enojo y su decepción. Los ruidos click, click, particulares, únicos. No había otra cosa como ésa y era de su padre. Cuando podía lo usaba pero lo tenía prohibido. Después cuando se fue su mamá lo dejó de ver y era como si lo hubiera olvidado. Ahora lo tenía en sus manos y se maravillaba por el poder del objeto, el objeto de metal proyectaba toda una visión de las cosas, enumeraba una serie de recuerdos; insinuaba que el pasado no había terminado, o sólo que había existido alguna vez. Lo llevó a su casa y se lo mostró a Camila, que trataba de entender el zippo pero no podía. Como si fuera un libro en un idioma que no sabía, con letras jamás antes vistas. Y de algún modo le molestaba no poder leer el zippo y el dibujo y los colores, el amor que tenía por Carlitos le obligaba a leerlo pero cómo. Era una forma de celos, Carlitos siempre metido en su mundo de oscuridades y símbolos. Carlitos era incapaz de abrirle eso y ahora iba al sicólogo que le quería dar unas pastillas para que no esté tan solo todo el tiempo. Cuando Carlitos volvía de ver al sicólogo le contaba a Camila que otra vez no le había podido contar lo del zippo, que otra vez no había podido. Y ella no podía entender las vueltas que daba y trazaba el zippo, por qué se inflaba tanto de importancia y cómo podía ser un problema tan serio. Carlitos empezó a ir todo el tiempo a la casa de su padre a buscar objetos y a pensarlos. Encontró unas cintas de Super8 y se obsesionó con verlas, las mandó a un lugar que las pasó a DVD para poder verlas en su casa. Una era del cumpleaños de su padre. Su padre está en la mesa y hay algunos regalos. Están sus abuelos y detrás de la cámara por las cosas que van diciendo Carlitos asume que está su madre. Después de soplar las velas empieza a abrir los regalos. Abre el de su madre, es el zippo con la bola 8 y el fuego. Su padre se alegra mucho, obviamente hay alguna interna imposible de rescatar. Mira a la cámara y dice gracias, se acerca y se esconde en la cámara para darle un beso, después se agacha y la cámara lo sigue, su madre se filma su propia panza de embarazada y su padre besa la panza. Dice gracias Carlitos, gracias Nora.

Gracias, Nora. ¿Quién es Nora? Su madre no se llamaba Nora. Se había ido de la casa cuando él era chico; tenía recuerdos muy borrosos, pero se llamaba Sandra, siempre había oído Sandra. Después vino su abuela y le sacó la cámara que se giró y ahí estaba la mujer, totalmente desconocida, besándose con su padre, veía la panza y adentro estaba él.

7.

Se quedó sentado en la mesa de la cocina, miraba los dibujos de Escher en la pared que se identificaban y se entrelazaban con sus pensamientos. Prendió un cigarrillo y se detuvo en su encendedor. Vio el número, vio la forma, pensó en Escher; Nora se había ido y él sentía que esto ya había sucedido, que iba a suceder un millón de veces y seguramente sería por su culpa. El bebé lloraba y Nora se había ido. Era curioso cómo hasta ese momento Nora y el bebé eran una sola persona, Nora ya no estaba pero estaba esa parte de ella. El bebé lloraba y Carlos prendió otro cigarrillo.

8.

Se lo sacaba para copiar el dibujo. Ahora que era más grande era más fácil sacarle el encendedor a Papá. Copiaba el dibujo y ya se sabía el número. El ocho se dibujaba con una sola línea y después hacía dos círculos más y ya tenía la pelota negra y el fuego era más difícil pero a veces le salía bien. Le gustaba el olor a fuego del encendedor y una vez soñó que el fuego de sus dibujos era de verdad y se quemaban los papeles y después se iba quemando todo hasta que se despertó con miedo y llorando y fue a dormir a la cama de Mamá y Papá pero estaba sólo Papá y estaba sentado en la cama mirando para abajo y no le contestaba, como si estuviera dormido, tenía los ojos abiertos pero no le contestaba y él le rogaba llorando que le hable porque tenía miedo y se quería despertar porque era como una pesadilla y no se podía despertar.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Volando con el interné (tercera entrega) o A quién no le gustaría ser un indio en tanga que se lo morfó a Magallanes

Bueno, las cosas andan de a tres, no hace falta venir a decirlo. Pero lo hacemos igual.

Aprovechemos que estamos acá en este lado del mundo para ver las estrellas que son diferentes, algunas, no tanto las Tres Marías que siguen ahí porque sino rompemo todo. Y para usar internet, y para decir cosas a través de internet. Y para usar la palabra: internet.

Algunas observaciones, para reirnos un poco de nuestro diccionario:
La segunda entrega de este vuelo habría sido imposible en el año 2001. No sólo porque la Real Academia Española no tenía un diccionario virtual ese año, sino también porque la palabra misma no tenía una entrada en el diccionario. How´s that for una lengua conservadora?

Y tres que sí que estaban en el 2001, y en el 1901, y en el 1801 y no sé cuantó más atrás podés ir. No me soprendería que hayan estado igualitas en la primera edición de 1715 (formación profesional a saco).

reconquista.
1. f. Acción y efecto de reconquistar.
2. f. por antonom. Recuperación del territorio español invadido por los musulmanes y cuya culminación fue la toma de Granada en 1492.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.

someone didn´t go to his clase de historia... or had a hard time entendiendo

una que le gusta a Fabri:

mundo.
(Del lat. mundus, y este calco del gr. κόσμος).
1. m. Conjunto de todas las cosas creadas. (¿por quién?)

por dios!
(Del lat. deus).
1. m. Ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo.
ORTOGR. Escr. con may. inicial.

Esa última no está mal supongo, aunque de repente pasó de crear el mundo a crear el universo. Esta quizá sí la cambiaron con el tiempo, seguro que antes decía Ser supremo que te va a mandar al infierno si no hacés lo que te decimos.

Estéticamente, es muy divertido el punto de vista de nuestro amigo que Cortaba al azar; dijo lo que ahora todos repiten, que el diccionario es un cementerio de palabras. Me lo imagino como la página de avisos fúnebres.

Requiescat In Pace mis amores, feliz natividad y un fósforo baño nuevo.

martes, 18 de diciembre de 2007